12 de agosto de 2019
12.08.2019
Informe

Las fiestas de verano de Málaga repuntan el consumo de alcohol entre menores

Celebraciones como la Feria de Málaga, se convierten en un momento crítico en el que estos jóvenes se inician en el mundo de la ingesta de alcohol y otras sustancias

12.08.2019 | 05:00
Imagen de un botellón en plena Feria de Málaga.

Actuaciones para prevenir un consumo excesivo

  • El Área de Derechos Sociales del consistorio malagueño ha desarrollado una serie de actuaciones encaminadas a reducir los efectos del consumo de alcohol intensivo ante el «desconocimiento que tienen los jóvenes sobre las consecuencias en su salud física y psíquica». La idea es disminuir ese consumo y con ello, contribuir a la reducción de ingresos en los servicios de urgencias por intoxicación aguda de alcohol y otros problemas derivados como peleas, agresiones o accidentes. Para conseguirlo, ponen en conocimiento el hecho de que una sobredosis de alcohol necesita una «atención médica para evitar un posible riesgo de fallecimiento». Algunos jóvenes han adquirido la costumbre de reunirse para consumir bebidas alcohólicas con la intención de emborracharse con un atracón de alcohol en un corto período de tiempo, una intoxicación a la que le acompañan complicaciones frecuentes y graves como son «la aspiración del vómito que suele ser la causa de la mayoría de las muertes, las crisis convulsivas y la hipotermia», todas ellas bajo los síntomas iniciales de confusión, mareo, palpitaciones rápidas, estupor o pérdida de conciencia. El Ayuntamiento llama a la necesidad de que se «controle lo que se consume» y establece una serie de consejos para que estos jóvenes los tomen de guía si deciden beber. Algunas de las recomendaciones son el no beber si todavía se es menor de edad, decantarse por bebidas de baja graduación y fermentadas como puedan ser la cerveza, el vino o la sidra; planificar cuánto se va a beber, asegurarse de comer antes de hacerlo o no mezclar con el consumo de medicación u otras drogas. También hace referencia a los riesgos para la salud que presenta el consumo continuado o abusivo del alcohol, situando entre los más comunes los daños y alteraciones en numerosas partes del organismo, el deterioro de las relaciones, el bajo rendimiento escolar o las conductas de alto riesgo.

Los menores malagueños comienzan a consumir alcohol a los 13 años

Solo durante los meses de julio y agosto, en la provincia de Málaga tienen lugar cerca de cien ferias y fiestas populares en las que los diferentes municipios están de celebración. Con ello, el verano no sólo se convierte en un periodo de vacaciones, diversión y relajación, sino en la época del año en la que los menores de edad se inician en el consumo de alcohol, elevan su ingesta o exploran otras sustancias.

La próxima semana, la capital de Málaga se enfrenta a once días de feria en la que estos jóvenes inundan tanto la celebración del centro como la fiestas que se llevan a cabo en el Real. Ante ello, organizaciones como Proyecto Hombre llaman a la «prevención y la precaución» durante estas jornadas. «Cada vez que hablamos de las festividades, culturalmente están muy relacionadas con el alcohol a todas las edades, aún más entre menores. Concretamente, son más propensos a asociar la diversión y el pasárselo bien con el consumo y eso es un error», explica Virginia Pérez, responsable del programa de prevención de Proyecto Hombre en la provincia de Málaga.

La organización no sólo destaca el aumento del consumo estas fechas, sino que además hace especial hincapié en el hecho de que «cada vez es más frecuente que el inicio de este se realice en edades tempranas». Este hecho lo confirma el último estudio realizado por la Agrupación de Desarrollo de Prevención de Adicciones (Adepa) y el Ayuntamiento de Málaga, en el que también ha colaborado Proyecto Hombre. Este informe, establece los 13 años como la edad en la que se comienza a ingerir esta sustancia y además, afirma que entre los 15 y 17 años, «el consumo de alcohol no ha dejado de crecer en los últimos años, iniciándose de forma muy temprana».

En sus páginas se hace referencia a la relación fiesta-alcohol como una realidad latente en el entorno de los menores de edad. Se confirma, por lo tanto, que se convive en un modelo de ocio que convierte al alcohol y otras sustancias en los elementos «claves y estrellas de la fiesta», principalmente durante los fines de semana, siendo «una situación que se ha visto favorecida por la asociación que se realiza entre consumo de drogas y diversión».

Paralelamente, «este va acompañado de otras sustancias como la marihuana, la cachimba y entre los más jóvenes, las bebidas energéticas. Aunque este dato pueda sorprender porque en los mayores no pueda suponer un problema, entre los menores si pueden tener consecuencias negativas», asegura Pérez.

Los datos reflejados en el informe sitúan la edad media de inicio en estas sustancias a los 11,5 años respecto a las bebidas energéticas, tanto para hombres como para mujeres. Le sigue el uso de la cachimba a una media de 12,8 años, estando muy cerca el consumo del tabaco con un promedio de 13 años. La marihuana o el hachís pasan a los últimos puestos comenzando en una edad más tardía, situándose de media en los 13,65 años. Los periodos posteriores a fechas señaladas como puedan ser la Navidad, Feria o las semanas siguientes a la finalización del verano, «son los tramos en los que se produce un repunte de las personas que descuelgan el teléfono para pedirnos ayuda», destaca.

Junto al alcohol, hay otra sustancia que estas fiestas tiende a convertirse en protagonista, el cannabis. Un consumo que en la provincia de Málaga suele iniciarse entre los 15 y los 17 años y que provoca que el 64 por ciento de los jóvenes atendidos por Proyecto Hombre bajo su plan de prevención, sean adictos a ella. El umbral de referencia en el que suele producirse un mayor contacto con algún tipo de sustancia, es el que corresponde al curso de 4º de la ESO, concretamente un 85,2% del alumnado malagueño las ha consumido.

Proyecto Hombre llama a la «prevención y a la responsabilidad» entre los jóvenes, para evitar problemas posteriores y hacer posible la «erradicación definitiva de las adicciones» que en menores suponen más del 30 por ciento de los casos que atienden.

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