20 de octubre de 2019
20.10.2019
Crónicas de Málaga

Llega la hora de ponerle coto al ruido

La declaración como Zonas Acústicamente Saturadas de 103 calles de la ciudad resurgirá a partir de mañana, una polémica avivada por la insistencia de la oposición

20.10.2019 | 05:00
Bares y terrazas hosteleras en la zona de Teatinos.

En la agenda municipal hay temas que resurgen como el ave fénix y trazan una parábola espectacular en el cielo de la ciudad, alcanzan su cénit y vuelven a quedar ocultos mientras el siguiente asunto describe su particular arco de atención. Eso pasa casi con todo y, en muchas ocasiones, las polémicas generadas en torno a diversos asuntos ayudan a sepultar lo importante y nos obligan a mirar a lo urgente, dos aspectos que suelen coincidir poco, si es que lo hacen. Eso ocurrió, por ejemplo, con el popularmente llamado plan contra el ruido de Málaga, que en realidad se denomina declaración de Zonas Acústicamente Saturadas (ZAS), lo que significa cerrar la mano con las medidas contra el ruido en determinados barrios. En este caso, ese plan, que ya ha sido aprobado inicialmente por el Pleno hace un año y debatido hasta la saciedad en diversas comisiones y sesiones plenarias, además de ocupar durante meses la primera plana de los medios de comunicación locales, ha dormido durante el verano el sueño de los justos, después de que su lugar en las portadas lo ocuparan la zona azul de Cruz de Humilladero o la situación que atraviesa el Málaga CF. El ZAS se aplicaría en 98 calles del Centro Histórico y en cinco del Romeral.

Pero a partir de este lunes, el tema volverá a estar en boga, porque Adelante Málaga ha pedido la comparecencia de la titular de Sostenibilidad Medioambiental, Gemma del Corral, para que informe, literalmente, de los informes existentes al respecto en la tramitación del expediente, así como de las decisiones que piensa adoptar el equipo de gobierno respecto a la resolución de las alegaciones y los plazos de entrada en vigor que baraja el Ejecutivo local. La oposición activa otro marrón para el alcalde, Francisco de la Torre. Cabe recordar que el tema tiene alcance, porque una vez que se aplique supondrá, entre otras cosas, una moratoria de un año en la apertura de nuevos bares y restaurantes en las partes afectadas (con lo que es la hostelería aquí) y el recorte de una hora en el horario de recogida de las terrazas, fundamentalmente de domingo a jueves, en otoño e invierno, cerrando a la una de la madrugada en lugar de a las dos. Además, tampoco es baladí el hecho de que los vecinos del Centro Histórico y los de la avenida Plutarco, en Teatinos, llevan años pidiendo su puesta en marcha efectiva con el fin de poder descansar, articulando, la mayor parte de las veces, sus reivindicaciones a través de Adelante Málaga, que ha presentado más de una decena de mociones en los últimos dos años animando al alcalde a tomar una decisión.

En el fondo, se trata de un debate sobre el modelo de ciudad, una reflexión profunda sobre el lugar al que camina la urbe y los desarrollos actualmente en marcha que la harán ganar el futuro, porque el problema del ruido se une para los sufridos residentes al de la proliferación de viviendas turísticas no regladas o el turismo low cost que, aunque no queramos verlo, existe y da mala imagen a la capital de la Costa del Sol, además de molestar a los vecinos de zonas como el Centro Histórico. A ello, hay que sumar el tema de las terrazas hosteleras (algunas, una parte de ellas, están descontroladas). Pero, claro, también está la cara B, la realidad de los empresarios, que aseguran que la reducción en el horario de apertura de terrazas y la moratoria a la apertura de nuevos bares y establecimientos hosteleros en ambas zonas (miren el dinamismo del Romeral en este sentido, donde no da tiempo a que cierre un establecimiento sin que ya haya abierto otro en el mismo local) provocará la pérdida de cientos de empleos, porque, lo creamos o no, aquí la mayor parte de la ciudadanía vive del turismo. No en vano, los hosteleros ya apretaron de lo lindo en noviembre de 2018 y llegaron a amenazar al Ayuntamiento con aplicar un cierre patronal de sus negocios el día de la inauguración del alumbrado de Navidad, aunque luego dieron marcha atrás mientras el Consistorio estudiaba la viabilidad de una zonificación, es decir, ver cuáles de las vías afectadas son residenciales y cuáles turísticas, lo que implica una diferencia importante en el número de decibelios que puede alcanzarse en las diferentes calles, según su naturaleza. Cs, incluso, ha defendido en toda esta polémica que el casco antiguo ya no es residencial, sino que tiene un uso turístico.

Un año después de la aprobación inicial del ZAS aún no se ha puesto en marcha, aunque en julio el PP apoyó, junto al resto de partidos, una iniciativa de Adelante Málaga por la que el equipo de gobierno se comprometía a aprobar en tres meses el plan contra el ruido en el Pleno, tras la resolución oportuna de las alegaciones. También hubo compromisos en relación a establecer un control más riguroso de los niveles de ruido de los barrios afectados y que se hagan mediciones y controles en las horas punta en ambas zonas, así como tomar medidas contra la acumulación de personas haciendo ruido en la calle por la noche. Ese compromiso hubiera debido de llevarse a cabo en septiembre, pero no ha sido así, y Adelante Málaga, después de esperar un mes lo mete otra vez en agenda, reactivando un marrón importante para el equipo de gobierno, que tendrá que hacer, de nuevo, equilibrios entre la postura de los vecinos de ambos barrios (algunos han llegado a decir en las comisiones que toman ansiolíticos para dormir) y la de los hosteleros. Por cierto, no ha trascendido la contestación del regidor, que en este caso también tomó las riendas directas de la negociación, a las reivindicaciones de la patronal (Mahos).

Un pleno del Consistorio.

Este tema es, cómo no, otro avispero para el equipo de gobierno, que ya lidia estos días con la situación agónica del Málaga Club de Fútbol o que, próximamente, tendrá que hacer frente a la presentación de las cuentas municipales de 2020 y las ordenanzas fiscales y a sus correspondientes debates, con el desgaste que supone hablar de impuestos como la plusvalía o el IBI.

Por cierto, en relación con el equipo albiazul, esta semana se ha vivido una situación kafkiana, porque el alcalde dejó su agenda institucional en blanco desde el sábado por la mañana, cuando acudió a los actos del Pilar y el Día de la Hispanidad en Madrid, y el martes por la noche. De hecho, ni siquiera sus concejales sabían dónde estaba el regidor. ¿Pudo haber ido a Catar para abordar allí, con quien correspondiera, incluido el propio Al-Thani, propietario del conjunto, la agonía blanquiazul? El caso es que no queda claro siquiera si De la Torre ha estado por aquellos lares. El Ayuntamiento se apresuró a desmentir el pasado miércoles que el alcalde se hubiera reunido con el emir del país, primo de nuestro jeque. Y, de paso, el regidor reiteró su preocupación por la situación del club y por que se cumpla el plan de viabilidad acordado por la Liga, aunque nadie sabe si eso está ocurriendo o no. Eso sí, el primer edil tiró de audacia, abandonando su prudencia habitual, exigiendo soluciones rápidas, sólidas y solventes que permitan cumplir lo acordado y presentándose, él mismo, como casco azul, gran componedor o, usando la terminología del Derecho Internacional, relator para vehicular el diálogo entre los Al-Thani y Bluebay, que tiene casi la mitad del paquete accionarial del Málaga tras ganarle un pleito al jeque. De la Torre, aseveró, no toma partido por nadie.

La situación sigue estando difícil, no sólo porque el Málaga coquetee con la Segunda B, sino porque los dueños se están peleando entre ellos y parece que nadie quiere ponerle el cascabel al gato. Cuando toque, a la Liga no le va a temblar el pulso. Nosotros hemos contribuido a ello, pero está claro que con el Málaga es más fácil que con el Atlético de Madrid, por ejemplo.

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