01 de diciembre de 2019
01.12.2019
Memorias de Málaga

Los Amigos de la Capa

Esta curiosa asociación, que se reunía tres veces o cuatro veces al año en el Real Club Mediterráneo, fue fundada en los años sesenta por Sebastián Souvirón. No se trataba de un colectivo de hombres pues había una mujer

01.12.2019 | 05:00
Los Amigos de la Capa, en una foto de los años 70, con el fundador, Sebastián Souviron, primero por la derecha.

En Málaga -y fuera de Málaga lo desconozco- existió un simpático grupo que respondía a la denominación Amigos de la Capa. La capa es una antigua prenda de vestir que ya no se utiliza. Hoy, los hombres recurren a otras prendas como el abrigo, la pelliza, la zamarra, el gabán... y otras muchas que salen a relucir en Málaga los días de mucho frío y que suelen oler a naftalina porque se sacan del armario muy pocos días al año pues el frío no forma parte del Sabor a Málaga.

Los caperos malagueños, que no son los que se acercan al altar mayor de una iglesia con capa pluvial, sino los que se reunían a charlar y comer ataviados con lujosas capas negras con vistosos alamares y escudos, eran malagueños de pura cepa y malagueños de adopción porque en nuestra ciudad el uso de la capa debió de perderse una centuria atrás. Los de adopción, procedentes de zonas del interior de país (más frías), sí eran usuarios del atavío. Pero la idea no partió de un malagueño de adopción, sino de un malagueño que en la década de los 60 del siglo pasado, que fue cuando se fundó Los Amigos de la Capa, ocupaba un importante puesto en la administración: Sebastián Souvirón Utrera, delegado provincial de Información y Turismo.

La idea de Souvirón tuvo muy buena acogida, y en poco tiempo una veintena de malagueños o residentes en Málaga se sumaron al proyecto sin necesidad de redactar un acuerdo de constitución ni de fijar una sede o domicilio. La comunicación telefónica bastaba para acudir a la cita o reunión. Se reunían tres o cuatro veces al año en el mismo lugar: el Real Club Mediterráneo. Muchos de ellos eran socios de la veterana entidad.

Para acudir a la cita –normalmente a la hora de la comida- solo existía un requisito: lucir la famosa capa española. Para los desconocedores del atavío, la llegada al club de una veintena de personas con capa constituía casi un espectáculo.

Hoy, medio siglo después, de los Amigos de la Capa queda un solo superviviente porque el tiempo pasa para todos. Debo a este superviviente, Antonio García del Valle (¡qué viva muchos años!), madrileño de nacimiento y malagueño de adopción, la fotografía que ilustra el reportaje de hoy, y algunos datos del nacimiento del grupo que el tiempo se encargó de disolver porque la afición a la capa no tuvo seguidores. Miembros de aquel grupo formado por profesionales de ramas muy variadas, que están o no están en la ilustración, fueron, entre otros Ángel Caffarena, José María Cortezo (que era el que se encargaba de organizar los encuentros), Cristóbal Velasco, José Miguel Vadillo, Salvador Buendía, Juan Moreno de Luna, Antonio Espinosa, Jorge Delgado, José Manuel Úbeda, López Peña, y Juan Manuel€ cuyo apellido no recuerdo porque era conocido por un curioso apodo: Rirri. Ocupaba un puesto importante en la delegación de Iberia en nuestra ciudad.

La capa, por lo menos en la Málaga del siglo XXI, es algo que pertenece al pasado. Precisamente por pertenecer al pasado justifica su presencia en las Memorias de Málaga. Por lo menos que no se olvide del todo.


Una mujer


En la fotografía que ilustra está página de la Málaga de hace años aparece en el centro una mujer, una señora. Se trata de doña Amelia Echevarría Berasain, cariñosamente conocida por Mely, un miembro más de Los Amigos de la Capa.

Se incorporó al grupo en unos tiempos en que, según las feministas de hoy que no habían nacido en los años 60 del siglo pasado y que sostienen que hasta su llegada al poder la mujer era esclava del hombre, la señora Echevarría fue acogida, lo que echan por tierra las afirmaciones de esas iluminadas individuas que se creen en posesión de la verdad. Un grupo de señores con capa no tuvo el menor reparo en admitir como un socio más a una mujer, por cierto viuda de un ex presidente del Real Club Mediterráneo, don José Fernández Canivell. Curiosamente, en abril de 1984 y meses inmediatos y para la revista que lleva el nombre del club, entrevisté a los socios más antiguos de la entidad, iniciando la serie con el entonces socio número uno, don José Soler Barranco. En esa serie de entrevistas incluí a doña Amelia Echevarría, que fue una magnífica colaboradora de su marido en el trienio 1941-1943. En esa entrevista, en la que Mely me contaba su vida y relación con el club, a una de mis preguntas contestó: «Soy la única mujer del simpático grupo de Los Amigos de la Capa. Yo tenía una capa que me había comprado en Seseña, en Madrid, la usaba con los trajes de noche. El caso es que me vi dentro del grupo, y para corresponder a esa atención de admitirme, a la primera comida que asistí llevé puros para todos. Esto se ha hecho una tradición. A las comidas que no he asistido por estar de viaje o por fuerza mayor, Los Amigos de la Capa tuvieron sus puros porque me encargué que no faltaran».

Si la asociación permaneciera todo seguiría igual€menos el obsequio del puro porque los hombres cada día fuman menos€ y las mujeres más, aparte de que en los comedores de restaurantes y entidades públicas están prohibidos los humos.

El arca de Noé


Cuando redacto estas líneas desconozco si en Málaga llegó a existir una asociación bajo el título bíblico de El Arca de Noé.

Donde sí existió fue en Barcelona. Se fundó en Barcelona a mediados del siglo pasado, en la década de los cincuenta o sesenta. El promotor de la idea, o uno de los artífices de la curiosa asociación, fue Federico Gallo, un famoso presentador de Televisión Española.

Uno de sus programas más celebrados fue el titulado 'Esta es su vida', que estuvo en antena cinco o seis años y que muchos recordaran porque cada programa estuvo dedicado a un personaje de la vida española. Federico Gallo, periodista y licenciado en Derecho, pasó después a la política y fue gobernador civil de Albacete, después de Murcia y finalmente de su ciudad natal, Barcelona.

Pero no es la trayectoria profesional de Federico Gallo (murió en 1997) la que me inspira la colaboración de este domingo, sino la iniciativa de fundar (quizás con algunos amigos) la Asociación El Arca de Noé.

Para pertenecer al grupo del arca, los aspirantes tenían que tener como primer apellido el nombre de un animal. Federico Gallo era uno de ellos. Durante meses o tal vez años, barceloneses o residentes en aquella ciudad o provincia que tuvieran como apellido el nombre de un animal se incorporaron a la original asociación.

Con exactitud no recuerdo todos los asociados que tuvo El Arca de Noé, como tampoco sé si se crearon asociaciones similares en otras ciudades y provincias porque los apellidados con nombre de animal hay muchos, y lo seguirá habiendo por razones obvias.

¿Quiénes formaron parte de El Arca de Noé? Pues ahí van apellidos de personas de uno y otro sexo con derecho a figurar como socios de pleno derecho: Gallo, Cordero, Carnero, Borrego, Cabra, Mula, Oso, Ternero, Conejo, Palomo, Palomas, Lobo, Gavilán, Vicuña, Vaca (solo con la V porque con B no es un animal sino un portaequipaje), Toro, Palomino, Ternera, Caballos€ y Guarro, que es apellido del fabricante de un tipo de papel muy apreciado.

Yo, como en la retahíla de veinte o treinta apellidos no tengo ninguno de animal, ni pertenecí al Arca de Noé no podré aspirar a serlo si alguien tiene en Málaga la iniciativa de acordarse de Noé, su arca y sus parejas de animales que se salvaron del Diluvio Universal. En Málaga hay muchos que llevan como primer apellido algunos de los que he citado.

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