08 de diciembre de 2019
08.12.2019
Reconocimiento

Eduardo de Teresa: Una vida de entrega a la cardiología

De Teresa llegó en el año 92 a la casi inexistente unidad de cardio del Clínico con un objetivo claro: elevarla en cinco años a un nivel de vanguardia. Le sobró uno. Después de 27 años, se jubila

08.12.2019 | 05:00
El doctor Eduardo de Teresa, en la sede de La Opinión.

A Eduardo de Teresa ya no se le ve caminar de un lado para otro por los pasillos del Clínico desde hace un mes escaso. Ha colgado la bata a sus 70 años de cara a los pacientes, pero continúa pendiente del servicio que ha liderado en los últimos años. Ahora entre bambalinas. Habla en plural. «Somos... estamos esperando». Quien ha sido jefe Cardiología del Hospital Clínico y piedra angular del mismo culmina su carrera profesional tras 27 años al frente del servicio.

La trayectoria del doctor Eduardo de Teresa es una carrera constante por la superación. La modestia le hace rebajar el tono y asegura que ha sido «de lo más normal» todo lo acontecido, pero su currículum no dice lo mismo. Natural de Granada, abandonó el Hospital Puerta de Hierro de Madrid, tras 18 años de profesión y haber formado parte del equipo que realizó el primer trasplante de corazón de España en un hospital público. Dejó un puesto con proyección para venir a Málaga y comenzar prácticamente de cero en el Hospital Clínico. Solo habían pasado tres años desde su apertura y la Unidad de Cardiología apenas existía. «Aún recuerdo ese primer trasplante. Fue a una niña de siete años de Granada. Ha sido madre y aún sigue viva», detalla. Años llenos de hitos y buenos momentos en Madrid, lugar en el que crecieron sus dos hijos, y donde pasó desde el 74 al 92 ejerciendo. Llegó a Málaga para levantar el Servicio de Cardiología del Clínico, una unidad que apenas contaba con seis cardiólogos, seis fonendos, una eco en blanco y negro y una prueba de esfuerzo. «Es menos de lo que tiene un hospital comarcal hoy día», matiza.

No quiere olvidarse a nadie. Eran pocos a su llegada, pero muy buenos, y ellos, sumado a los que apostaron como él por levantar el servicio, han hecho de esta unidad una referencia internacional. El entonces jefe del servicio, Antonio Moncada, a quien sustituiría poco después; el actual jefe de la Unidad de Arritmia del Clínico, Javier Alzueta, que dejó atrás su puesto en el Puerta de Hierro; la entonces jefa de Laboratorio de Ecocardiografía del Virgen de las Nieves de Granada, Isabel Rodríguez; el ya cirujano cardiovascular en un Clínico que aún no hacía estas prácticas, Eduardo Olalla; y otros que llegaron algunos años después como Juan Alonso, José María Hernández o Juan José Gómez Doblas, este último, actual jefe de la Unidad; junto con Ángel Montiel o Eloy Rueda, son algunos de los que arrimaron el hombro para levantar esta unidad.


La unidad pelea ahora por conseguir el certificado que acredite que el Clínico es centro de referencia en cuestiones varias como la reparación de cardiopatías estructurales –válvulas sin necesidad de cirugía–. Una técnica pionera en la que ya sumaban 500 casos hace un par de años y que enseñan a especialistas de medio mundo. O cirugía de reparación de la válvula aórtica, otra de sus prácticas vanguardistas. Un nivel de excelencia que poco tiene que ver con los objetivos que se marcaban hace menos de 30 años, cuando aún no contaban con una unidad de hemodinámica, arritmia o la posibilidad de operar. «Me propuse que en cinco años la Unidad de Cardiología del Clínico estaría al nivel del Hospital Puerta de Hierro de Madrid. Lo conseguimos y sobró hasta un año», explica De Teresa.

El principio, algo complejo

Los inicios fueron irregulares en algunos puntos; prácticas que hoy día serían impensables, les han hecho posible llegar al lugar en el que están. Una de ellas fue solicitar médicos internos residentes (MIR) cuando la unidad no cumplía ni «por asomo» con los estándares necesarios para tenerlos.

De esas primeras horneadas de médicos residentes se creó parte del equipo actual. Unos inicios en los que aquella unidad aún imberbe quiso dar un paso más y logró que sus MIR pudieran salir tres meses fuera de España para complementar su formación en centros de prestigio. Convenios de colaboración que se consiguieron con un centro de Londres y otro de Miami con un doble fin: hacer que el alumno conociera la forma de trabajar en otros hospitales para comparar y traerse de allí lo mejor y, practicar inglés, algo fundamental para ejercer la profesión, según De Teresa. Su interés porque los futuros médicos conozcan la lengua de Shakespeare sigue vigente y actualmente da en inglés una asignatura de Cardiología en la Universidad de Málaga como profesor emérito a un grupo reducido de tan solo 12 alumnos.

Entonces, cuando iniciaba la apuesta del equipo por incluir los MIR, también potenciaron la investigación e hicieron de los ensayos clínicos una pata más de su servicio. Unas líneas de actuación posibles a la gerencia hospitalaria, que siempre apoyó todo aquello que propusieron. Y es que, las ganas por trabajar y disposición por colaborar con aquellos que demandaban su ayuda, además de sumar unidades y consultas con pacientes fueron las cartas que jugó el equipo de entonces. Una estrategia que equipara a la llegada de Queipo de Llano a Sevilla. «¿Sabes qué fue lo que hizo? Llegó con 200 legionarios y los puso a dar vueltas todo el rato, así parecía que eran muchos».


Málaga ya contaba con una unidad de Cardiología estructurada y acorde a los tiempos en el entonces Hospital Carlos Haya, sin embargo, la demanda asistencial dio pie a que el Clínico fuera cogiendo peso en esta rama. En cuestión de unos años abrió la unidad de arritmias y otra de hemodinámica que en la actualidad se mueve en los 3.000 procedimientos al año. Los quirófanos también comenzaron a funcionar y aunque los trasplantes de corazón no se realizan en dicho centro, ni en el Hospital Regional, De Teresa asegura que no es necesario y que el servicio «estaba completo».

El doctor De Teresa no da una respuesta sin argumentar y explica que en España no se realizan más de 300 trasplantes de corazón al año; el hospital que más realiza no supera los 25. Con esas cifras sobre la mesa expone que «no tendría sentido» incorporar ese servicio en Málaga; a su modo de ver, incluso podrían sobrar algunos de los centros que los llevan a cabo.

«Una de las cosas que sí echo ya de menos es pasar consulta. Estar con los pacientes me gustaba. Por lo demás, aún no me ha dado tiempo a aburrirme», explica en una conversación de más de dos horas en la que recibe dos llamadas para cerrar almuerzos y citas con personalidades del sector para hacer colaboraciones conjuntas. Él sigue participando con el hospital y asegura que continuará en aquello que su equipo crea conveniente. Mientras da clases como profesor emérito de la universidad y tiene otros proyectos personales como la creación del «Capítulo Hipocrático» con la Sociedad Española de Cardiología. Un trabajo que ahonda en una de sus inquietudes como profesional de la salud; cómo avanza la relación entre facultativo y paciente.

Cuando recupere ese tiempo del que aún no dispone y comience a sentir que se ha jubilado le gustaría coquetear con la pintura e iniciarse en la cocina. «Me gustaría ir al mercado, aprender a hacer potajes, tener la comida lista a su hora... Esas cosas que ahora podría hacer», responde. No es un hombre de mirar al pasado con nostalgia, asegura que siempre hay cosas que hacer, pero sí guarda con anhelo algunas de las historias a las que se ha enfrentado en sus años profesionales. Una de ellas fue el ingreso de Jesús Gil. Le pilló en Noruega, mientras perseguía auroras boreales, pero al volver se topó con la realidad. Un hombre seguido por los medios de comunicación y la justicia que deseaba quedarse ingresado para evitar entrar en prisión y al que en el último momento, cuando el equipo había decidido darle el alta, se aquejó de un dolor en el pecho que resultó ser un problema coronario que dio pie a su ingreso. «Guardamos esos electros porque sabíamos que muchos dirían que estábamos comprados pero era verdad, hubo que hacerle un cateterismo y eso que el juez no solicitó al final que ingresara en prisión», expone. De Teresa, acostumbrado a abrir en canal a los pacientes y exponerse a situaciones ante las que el resto de los mortales no sabrían cómo actuar, recuerda ese episodio como «una situación de verdadera presión».

En su trayectoria hay cientos de anécdotas y también premios. Uno de los tantos que ha recogido es una estatuilla de un hombre subiendo unas escaleras que mira hacia atrás. No le representa, dice. El cardiólogo De Teresa todavía tiene mucho que caminar.

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