15 de diciembre de 2019
15.12.2019
La Opinión de Málaga
Entrevista

«Hay pueblos de Málaga con un 64% de censo extranjero, y muchísimos con un 44%»

Carmen Enciso, licenciada en Derecho y escritora, debuta en el ensayo con un profundo trabajo en el que analiza la Málaga vaciada, recorre los pueblos más afectados y ofrece soluciones

15.12.2019 | 05:00
Carmen Enciso posa para esta entrevista en la sede de La Opinión

La escritora Carmen Enciso publica en la editorial Algorfa el ensayo técnico-literario 'La Málaga despoblada. Un lugar para vivir', un ambicioso trabajo que analiza, en positivo, el paisaje que queda tras los pueblos vaciados del interior de la provincia y que aboga por crear una nueva ruralidad y una sinergia público-privada que ayude a los pueblos a anclar población y sonreír al futuro.

¿De dónde surge la idea del libro?
Surge por mi interés por todo lo rural de un tiempo a esta parte. Me interesa lo rural como otra forma de vivir diferente en relación a la ciudad. Eso nos ocurre a algunos urbanitas en alguna etapa de nuestra vida. Comencé a interesarme por la despoblación de Teruel y hace cuatro años hice un viaje para conocerla y los pueblos de alrededor, también estuve en Cuenca. Me entusiasmó y comencé a hurgar en la provincia y algo que empezó como un cuaderno de viaje se convirtió en un ensayo técnico-literario. Es un libro de consulta, pero también selecciono 21 pueblos con un trabajo más literario.

¿Por qué selecciona esos 21 pueblos?
El libro tiene un enfoque positivo, la Málaga despoblada, un lugar para vivir. He seleccionado los pueblos de más de 1.000 habitantes y menos de 10.000 que pierden población desde dos puntos de visto. O bien la pierden desde 2010 de forma ininterrumpida, es decir, que nunca han ganado entre 2010 y 2018, el último censo oficial, ni un habitante; y otros pueblos, que son los que han perdido dos dígitos en ese tiempo.

¿Cuál es el pueblo paradigmático por perder población?
Canillas de Aceituno. Ha pedido un 29,10% de población en esos años (2010/2018).

¿Cuáles son las consecuencias de la despoblación?
Hay una pérdida total del patrimonio de la provincia. Llega un momento en que el patrimonio arquitectónico, el histórico, las tradiciones, la cultura se pierden. Y se da una concentración en las ciudades que se convierten en insostenibles. Ahora que se habla tanto del medio ambiente. La provincia tiene unos pueblos maravillosos para vivir. Curiosamente, lo descubren los extranjeros, sobre todo los británicos. Analizo la población extranjera en los 103 pueblos, no sólo en 21. Igual que antes hubo mucha influencia árabe, ahora hay mucha influencia extranjera, europea sobre todo y básicamente británica.

¿Por qué se da?
Básicamente por motivos económicos. Lo rural tiene aún una connotación negativa que no entiendo, hay muchos urbanitas que valoran cada vez más lo rural, la vuelta al campo, a las raíces, a la tierra. Los médicos escoceses, ahora, están recentando naturaleza. Es fundamental volver a la tierra. Se da porque no hay tejido empresarial, no se ha creado igual que en las ciudades, donde se creo en el siglo XIX. Las grandes emigraciones fueron en los cincuenta, en general, y en Málaga en el 81. Por ejemplo, Comares en el 81 da un bajón tremendo. Anteriormente, la emigración se dio por la filoxera. La política no ha potenciado esos pueblos, se ha concentrado la industria en las ciudades. Además, esa falta de identidad y de complejo rural y los estereotipos, tenían connotaciones negativas. Recuerde aquello de que las niñas del pueblo se casan con los forasteros. Eso es lamentable. Hace poco, en unas jornadas, alguien decía es que en mi pueblo no hay nada, lo tienen como asumido, pero sí hay cosas.

¿Vivir en un pueblo afectado por la despoblación tiene consecuencias en la disminución de servicios?
Los que yo he visto tienen consultorio médico. Algunos tienen, por ejemplo Alozaina, hasta un helipuerto sanitario. La Diputación se ha ocupado de que tengan polideportivos, piscinas, colegios. Hay un problema cuando comienzan a no tener oferta educativa. Y algunos no tienen entidades bancarias. Tolox tiene un agente bancario y en Arenas no hay oficina, deben ir a Vélez. En las demás sí hay. Eso se soluciona, por ejemplo, con una furgoneta que vaya una vez a la semana. El problema es el trabajo. Los servicios no anclan población, está demostrado. Lo que ancla población es el trabajo y trabajo no hay, está concentrado en las ciudades. Ahora hay muchos jóvenes volviendo en el campo, con una agricultura ecológica, valoran las posibilidades del pueblo, la forestales, por ejemplo, pero faltan pequeñas empresas que transformen dentro del territorio para que den trabajo básicamente a las mujeres, porque otro problema es el envejecimiento y la falta de natalidad. Las mujeres jóvenes se van para estudiar y ya no regresan.

¿Qué pueden hacer las administraciones?
Primero habría que hacer un pacto a nivel nacional. No debe depender de siglas. Que esté el Gobierno que esté se siga la misma ruta. Hay que trabajar mucho la identidad de los pueblos, sus habitantes son los mejores embajadores, tienen que saber que lo suyo tiene valor, hagas lo que hagas no vas a conseguir nada sin implicar al pueblo.

¿La iniciativa privada lucha contra la despoblación?
Mucha extranjera. Hay pueblos con un 64% de censo extranjero. Y muchísimos con un 44% o más de un 30%. Sobre todo ingleses. En Marbella y Málaga, donde hay más trabajo, son los marroquíes el grupo más numeroso. En otros pueblos, son los rumanos. Se ve perfectamente en los cuadros si hay turismo residencial o no o qué nacionalidad. Si hay rumanos o marroquíes, en ese pueblo hay trabajo. A veces, esos pueblos tienen una tasa de paro muy alta. Hay contradicciones que, si se analizan bien, te hacen sacar muchas conclusiones.

¿En qué consisten estas iniciativas extranjeras?
Muchos montan casas rurales, turismo ecológico, cuidados del medio ambiente; una pareja suiza, por ejemplo, tiene cientos de hectáreas y ha abogado por el turismo de calidad, de caballos, de naturaleza, de sosiego. Si queremos especializarnos en turismo, incluido el rural, hay que ser los mejores.

¿El turismo rural es una alternativa?
Sí, pero lo primero que hay que hacer es ver qué oportunidades o potencialidades tiene el territorio, si hablamos de bosque, de huerta, de campo, de patrimonio cultural o histórico y luego ponerlo en valor. Implicar a los agentes públicos y privados y los habitantes del pueblo, y ver qué industria puede desarrollarse. Se me ocurre, por ejemplo, que hay pocos cementerios de animales y los extranjeros adoran a las mascotas, quizás podría ser un negocio. O, por ejemplo, rutas por los pantanos o hitos rurales, la cultura como elemento transformador del territorio es fundamental. Mire lo que ha ocurrido con el Caminito del Rey. Trabajar la identidad, cambiar la fiscalidad de las empresas para que se instalen en los pueblos, hay que mejorar, por ejemplo, la conexión de internet, porque se puede trabajar desde casa, crear pequeñas empresas, por ejemplo, de artesanía, pero hay que diferenciarse, eso es fundamental. Hay que diferenciar a cada pueblo potenciando lo propio. Otro ejemplo, ahora hay gran demanda de pistachos. Hay que analizar y, si es necesario, cambiar el tipo de cultivo. ¿Y qué le digo del aguacate?

¿Los extranjeros redefinen la identidad de los pueblos?
Sí. Hay pueblos con tantos extranjeros que cuando paseas por las calles los letreros están en alemán o en inglés. En Gaucín hay letreros en alemán y en Alcaucín, también. Sólo escuchas hablar en inglés, por ejemplo. Esa identidad que busco que es volver a la tierra, a mis raíces, al pueblo de mi abuelo o de mi madre, es raro que alguno no provengamos de ahí, cuando escucho la radio en inglés no encuentro esa identidad. Colonizar no es conservar.

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