26 de marzo de 2020
26.03.2020
La Opinión de Málaga
Políticos confinados

Cuando la política no pisa la calle

La vicepresidenta de la Diputación de Málaga Margarita del Cid (PP), el parlamentario andaluz Javier Carnero (PSOE) y la diputada provincial Maribel González (Adelante) explican cómo viven enclaustrados

26.03.2020 | 05:00

­La extraña sensación de no pasar numerosas horas fuera de casa, como de costumbre, se apodera estos días de políticos malagueños cuyas rutinas transcurren con especial énfasis, desde hace bastantes años, más allá de las ventanas del hogar. La vicepresidenta de la Diputación de Málaga Margarita del Cid (PP), el parlamentario andaluz Javier Carnero (PSOE) y la diputada provincial Maribel González Badía (Adelante) explican cómo viven este confinamiento que los obliga a estar enclaustrados.

Margarita del Cid (PP)

«Los días son bastante caóticos y anárquicos. Es verdad que antes yo tenía muchas conversaciones telefónicas en mi casa, sobre todo por la noche y por motivos de la Diputación, el Ayuntamiento de Torremolinos o mi partido. Pero ahora eso se ha multiplicado por mil. Y atender eso con una niña de 13 años y otra de 7, más la rutina del día a día, hace que lo esté viviendo como una situación absolutamente extraña y distinta. No solo estoy en permanente contacto con mis compañeros de la Diputación y el grupo municipal, también lo vivo con una preocupación lógica y constante por mis padres, mis hijas y toda mi familia. Además, uno de mis compañeros concejales del PP en Torremolinos está enfermo en el hospital con coronavirus. Eso hace que en el grupo estemos en un estado de alerta y dando ánimos constantemente. Lo estoy viviendo de forma muy intensa todo. Que en la Diputación hayamos puesto tantas cosas en marcha ha hecho que haya días que algunos de mis compañeros y yo hayamos estado durante más de 14 horas conectados a la teleasistencia, con el presidente Francisco Salado a la cabeza. Es una nueva forma de trabajar. Después ya de prácticamente 15 días, porque me aislé voluntariamente por mi contacto con Ana Pastor, más o menos me he acostumbrado, pero al principio fue chocante. Es un cambio de vida al 100%. Por mis obligaciones institucionales y del partido, paso muy pocas horas en mi casa. Aunque tiene ventajas como la de estar en contacto con las personas que más quiero, es una situación totalmente anómala después de muchos años de responsabilidades públicas. Aunque puedo decir que lo estoy llevando bien. Además, a las diez y media u once de la noche solo atiendo las emergencias e intento tener una hora para la lectura o para hacer un poco de deporte. Es curioso que soy aficionada al cine y a las series y, desde que estoy en casa, no he visto ni un minuto de entretenimiento en la tele. Se ve que en estos días solo estoy asociando la televisión con las noticias y con la pandemia. Intentaré ver algo y que eso cambie».

 

Javier Carnero (PSOE)

«Ahora mismo estamos los tres en casa-yo, mi pareja y una niña de 12 años- encerrados. Procuramos todos llevar una vida muy racional. Nos levantamos temprano como si tuviéramos que salir. Vamos haciendo nuestras cosas. Tanto yo como Patricia -su mujer es Patricia Alba, diputada provincial del PSOE- de manera muy telemática. Muchas reuniones grupales, a través de plataformas. Las familiares vía WhatsApp mayormente y las más formales por Skype o Zoom. Y en mi tarea parlamentaria reviso la información que va sacando el Gobierno andaluz y hago un seguimiento lógico de oposición a las medidas que plantean. Nunca he sido muy amigo de redes sociales y en esta vorágine de bulos en la que estamos entrando estoy un poco al margen. Mi mujer me regaña por estar tanto al margen, pero creo que es muy sano. Este no es el mundo de las redes. La sensatez está en otros lugares. Estoy releyendo libros que me gustaron como La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, porque todo esto me pilló sin un libro nuevo en cartera. También leo artículos de economía. Eso me preocupa más que las redes sociales. Me preocupa ver cómo vamos a salir de esta cuando salgamos de esta. El Estado está asumiendo muchas cosas y los de la cizaña privatizadora sí dejan ahora que se gaste y luego nos vuelven a poner el cinturón. No entiendo mucho esa filosofía económica. Y cocinar me encanta. Yo antes era un 'cocinillas' muy caótico. Iba inventando al momento, pero ahora estamos intentando ser muy cuadriculados en la casa. Tenemos nuestro menú previsto y hacemos una compra grande para no salir. Vivo en una zona con poca cobertura y jamás había echado tanto de menos la cobertura del teléfono. Además, me gustaba mucho salir a andar. Raro era el día que no lo hacía. O por la mañana antes de irme a trabajar o por la noche a última hora. Lo echo mucho de menos. De todas formas, me siento un privilegiado. Vivo en un piso, pero al ser en un bajo la terraza da a los jardines de la urbanización y por lo menos tengo la sensación de amplitud cuando salgo a ella, que ya es importante. No sentimos claustrofobia. La niña lo lleva muy bien. Aunque hace muchos deberes y, como esto nos ha puesto al día a todos con la tecnología, por las tardes hace su clase de violín por Skype con la profesora, prácticamente igual que si estuviera en el conservatorio».

Maribel González (Adelante)

«En mi vida de confinamiento, teletrabajo en el ordenador tanto con Podemos como con los grupos de Diputación y el Ayuntamiento de Alhaurín el Grande. Hacemos propuestas y estoy continuamente informada de todas las medidas que se llevan a cabo. En mi vida cotidiana, mi madre se ha caído y he tenido que llevarla al hospital. Tendremos que coordinarnos a nivel familiar para sus cuidados. En mi actividad, me miro mucha normativa, estudio y leo mucho para el trabajo. No es lectura de ocio. Ahora tienes más tiempo para revisar cierta documentación, en la vida diaria habitual todo era mucho más rápido. Por las tardes, a las ocho, salimos al balcón a aplaudir a los sanitarios, a los auxiliares de ayuda a domicilio, a los dependientes y dependientas que están de cara al público... Conversamos con vecinos en los balcones. El otro día le cantamos cumpleaños feliz a uno. A las ocho y media, quedo con más amigas que son trabajadoras sociales como yo. Nos preguntamos cómo estamos por Skype y también comentamos cosas profesionales. Sobre todo, mucha conexión con la familia y trabajo. Y preocupada porque cuando ves las cifras o tienes que ir a un centro sanitario, ves que esto es muy gordo. Ojalá pase pronto».
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