26 de abril de 2020
26.04.2020
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Actualizado: 26-04-20 11:17h
Crónicas de Málaga

Un gran pacto para reconstruir la ciudad

El alcalde debe liderar la convocatoria de una serie de reuniones en las que estén todos los partidos, empresarios, sindicatos y la sociedad civil para recuperar Málaga

26.04.2020 | 05:00
Un Pleno municipal.

Para que se dé un pacto, cualquiera, debe existir voluntad de acuerdo. Si no, es imposible. Estos días, hemos visto en el Congreso de los Diputados a tirios y a troyanos, a azules, rojos, verdes y naranjas parlotear sobre una reedición de los Pactos de la Moncloa para anclar, en una herramienta fuerte y en una base sólida, la reconstrucción de un país tras esta crisis sanitaria y los efectos potencialmente devastadores que va a tener la depresión económica que se nos viene encima si nos creemos a pies juntillas los escenarios dibujados por el Banco de España en su informe de esta semana. Si hace falta llegar a un acuerdo de país, que agrupe no sólo a los partidos de distinto signo, sino también a asociaciones empresariales, de autónomos y sindicatos, se llega, por el bien común y en pro de una reconstrucción más humana que no consista en recortarle derechos básicos y recursos públicos a los ya muy sufridos ciudadanos de clase media o de estratos económicos inferiores, ya muy castigados por la desigual y cruel salida de la anterior crisis de 2008, un periodo copado por titulares sobre cómo la clase política, siguiendo aquella teoría de las élites extractivas, se había convertido, prácticamente en su conjunto y salvo casos loables, en una enorme clase cleptómana que detraía rentas a los auténticos vectores de riqueza del país: las empresas y los ciudadanos. Ya recuerdan, supongo, aquellas portadas que hablaban de las tarjetas Black de Caja Madrid, el caso Malaya, las idas y venidas de Rodrigo Rato, los ERE en Andalucía o aquellas informaciones que hablaban del suicidio de propietarios incapaces de hacer frente a la letra de su hipoteca. Ahora, hasta Alemania (dejando de lado a los holandeses, que van a lo suyo) se ha subido al carro de las medidas keynesianas que permitirán, desde luego, una recuperación más humanizada, poniendo en el centro de las políticas económicas a los ciudadanos.

Igual que eso ha ocurrido u ocurre en Madrid, en paralelo al gran acuerdo en ciernes en la Unión Europea, no estaría de más que los partidos representados en el Parlamento andaluz se lo hicieran mirar y dieran forma a un gran acuerdo de reconstrucción autonómica y, por extensión, esa idea podría aplicarse también en la Casona del Parque. Sé que ahora el alcalde, Francisco de la Torre, se recupera tranquilo en casa de su accidente cerebrovascular, con éxito al parecer, y también sé que este mandato en el Ayuntamiento no estaba siendo precisamente tranquilo, con peticiones de comisiones de investigación por parte de la oposición y la historia de los expedientes urbanísticos sancionadores no tramitados dando vueltas sobre las cabezas de algunos concejales. De hecho, llegó a celebrarse un pleno extraordinario sobre la respuesta municipal tras las inundaciones de Campanillas, núcleo poblacional en el que cientos de familias quedaron arruinadas y decenas de comercios pasaron semanas difíciles.

Lo que digo es que la crispación también se había instalado en el Salón de Plenos, con tonos agrios por parte de diferentes portavoces a uno y otro lado del arco ideológico y mensajes discordantes en torno al modelo de ciudad (recuerden: terrazas o no, rascacielos en diferentes puntos de la ciudad para no consumir territorio o hasta política fiscal con posturas encontradas, por ejemplo, en cuanto a la pervivencia del impuesto de Plusvalía 'mortis causa' o el IBI).

Aunque el Ayuntamiento y el equipo de gobierno siguen trabajando para llevar a buen puerto las líneas maestras que se habían marcado, no estaría de más, desde luego, que el alcalde, cuyo perfil centrista es ampliamente valorado (no en vano militó en la UCD en los tiempos posteriores a la Transición), liderara una suerte de acuerdos municipales que implicaran no sólo a todos los grupos políticos con representación en el Consistorio, sino también a los agentes empresariales y sindicales y a la sociedad civil malagueña y que el espíritu de ese pacto se plasmara en un documento con diferentes vertientes: la económica y fiscal, por supuesto, la social, una referente al modelo de ciudad y una cuarta en relación al turismo, nos guste o no el sector que nos da de comer a la mayor parte de los malagueños (entendiendo el turismo también en su extensión hotelera).

Estos días, el equipo de gobierno ha sacado su potencia de fuego y si el alcalde anunció un paquete de medidas económicas sin precedentes con una doble vertiente: tratar de que el agujero en las cuentas del Consistorio sea el mínimo posible e impulsar con reducciones fiscales y exención de tasas la recuperación del tejido empresarial de la ciudad, y en el terreno social se ha habilitado un plan extraordinario de tres millones de euros para ayudar a 15.000 familias, lo cierto es que todas estas medidas tendrían un mayor alcance, e irían refrendadas por la práctica totalidad de los malagueños si pasaran por el filtro de un pacto de reconstrucción municipal que implicara, como digo, a todas las fuerzas vivas de la ciudad.

Málaga no es Twitter, pese a que muchos crean que sí. Y la tarea que tenemos por delante es ingente y equivalente a la que se hizo durante los duros años de la postguerra. Está por saber cómo afectará esta situación a los grandes proyectos estratégicos de la ciudad (Torre del Puerto, soterramiento del eje litoral, la tercera ronda, la llegada del metro soterrado al Hospital Civil o el sempiterno asunto pendiente de la integración del río Guadalmedina en la ciudad, su adecentamiento), pero lo que es seguro y hasta necesario es volcar todos los recursos de la maquinaria municipal en reconstruir social y económicamente la ciudad con un pacto que una a todos y los implique en el trabajo hacia una misma dirección.

Daniel Pérez, líder del PSOE, ya avanzó algo, al menos, en el espíritu de este pacto de concordia en una carta remitida al alcalde en la que solicitaba la elaboración de un plan de emergencia y recuperación social de la ciudad de Málaga en el que participaran los partidos, los colectivos y los agentes sociales. Y Nicolás Sguiglia, edil de Adelante Málaga, deseó, en el pleno extraordinario telemático celebrado el pasado lunes a las dos de la tarde (vaya horas), que pronto se celebre una sesión plenaria con el fin de hablar de los planes de reconstrucción de la ciudad, a lo que la alcaldesa accidental, Susana Carillo, respondió con un así será. Incluso el portavoz de Adelante, Eduardo Zorrilla, llegó a proponer la creación de un gabinete de crisis con presencia de todos los partidos políticos. Es decir, los líderes políticos han amagado sin que de momento se haya recogido el guante por parte del equipo de gobierno que, de cualquier forma, ha cambiado, como ha hecho la oposición, su tono y su discurso y lo ha adecuado a la necesaria unidad que requieren los días difíciles bajo el sol malagueño.

El alcalde, como digo, anda ahora recuperándose, y en su partido y en el seno del equipo de gobierno hay preocupación por sus próximos pasos futuros. Conociéndolo, el regidor malagueño querrá seguir y, si lo hace (desde aquí le deseamos que siga), su legado pondría un broche de oro a una gestión más que destacable de la ciudad durante dos décadas: acabar su carrera política liderando y generando consenso en torno al itinerario de salida de la crisis económica en la que ya está entrando la ciudad.

Ahora sobran los cortoplacismos de políticos, algunos, más preocupados por su situación personal que por el futuro de la ciudad; sobran los discursos grandilocuentes y los planes megalómanos que dibujan en un futuro cercano castillos en el aire. Incluso sobran las elucubraciones sobre qué pasará con el alcalde en los próximos meses. Ahora, lo que toca, es sentarse a hablar y sacar a la ciudad de este atolladero mayúsculo entre todos los que tienen alguna representatividad.

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