17 de mayo de 2020
17.05.2020
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Actualizado: 18-5-20 17:13h
Crónicas de Málaga

La política espectáculo en la Casona del Parque

El equipo de gobierno critica el silencio del Ejecutivo central sobre las peticiones de la ciudad. La semana será decisiva una vez que se incorpore el alcalde al día a día

17.05.2020 | 05:00
El alcalde se incorporará la semana que viene.

La realidad líquida de estos tiempos, que diría el filósofo, nos obliga a todos a hacer un ejercicio para llegar a establecer la verdad de lo que sucede. Los discursos políticos están hoy trufados de medias verdades y sesgados según la ideología, de forma que nada es verdad y nada es mentira, como diría Ramón de Campoamor, ya que «todo es según el color del cristal con que se mira», continuando con su famoso poemita. Ha habido ensayistas que nos han advertido de la importancia de la comunicación política en las sociedades postmodernas, regidos por esa práctica que se ha dado en llamar storytelling, es decir, hacer accesibles los relatos a la masa común llenándolos de historias para que los integrantes del vulgo nos podamos reconocer en ellas. Es, claro, una técnica heredada del marketing y la publicidad que hoy viaja de partido en partido y de institución en institución y que forma parte de un movimiento sociológico mucho más complejo que ha consistido en la metamorfosis del ágora pública, la plaza de discusión ática en la que los filósofos y políticos atenienses discutían de las cosas de todos, en una suerte de plató convirtiendo la otrora noble actividad política en un espectáculo cuyos protagonistas han de seducir a las audiencias, redefiniendo, de paso, el contrato social y cambiando el terreno de juego, o el campo de batalla sería más apropiado decir, por un terreno plagado de trincheras desde las que unos y otros disparan a la verdad. Ya lo han visto esta semana: el PP de Pablo Casado, espoleado por las encuestas, que le auguran una recuperación importante en el número de diputados, atizó con saña a Pedro Sánchez y se niega a tenderle un puente de plata al líder socialista: ni habrá, según parece, una reedición de los Pactos de la Moncloa, ni existirán pequeñas concesiones en cuanto a la gestión de la desescalada. Casado ya ha anunciado su no. El presidente del PP, por cierto, estuvo hace dos semanas inusualmente duro con Sánchez, al que reprochó desde la tribuna de oradores que consultase continuamente sus notas, no como él. «Ese es el nivel», llegó a decirle al presidente del Gobierno.

En la acera ideológica contraria, Pedro Sánchez se ha empeñado en liderar una estrategia errática de la salida de la crisis en la que un día se presentan ayudas para impulsar a las empresas turísticas y en otro se anuncia una cuarentena para los turistas (¿quién va a viajar así?), por no hablar de que, según los cronistas de la corte, el PSOE ha impuesto el rodillo ideológico en marcha y sólo exige lealtades, aun cuando muchos presidentes autonómicos han criticado que Sánchez no consensúa los planes ni les informa antes de los detalles, y lo que quiere es un seguidismo fanático por parte de todos en un estado de alarma seriamente cuestionado por destacados juristas. Del resto, casi es preferible no hablar porque el sainete es de proporciones épocas (ese vicepresidente ideologizado, esa ministra de Igualdad pidiendo un plan contra el fascismo, esa estrategia naif y ultra de la extrema derecha, más hecha para destruir que para construir, esos nacionalistas pidiendo mesas de diálogo con los muertos aún encima de la mesa).

Y ese espectáculo se ha trasladado a la comunidad, con la Junta dudando sobre los criterios por los que Málaga y Granada no pasaron a la Fase 1 cuando otras regiones, con peores números al parecer, sí lo hicieron y Susana Díaz afeando la confección de informes autonómicos; y al Ayuntamiento, donde la lealtad y la ausencia relativa de críticas por parte de la oposición municipal empieza a resquebrajarse, en un momento en el que el equipo de gobierno, descabezado sin el alcalde y molesto aún por la jugada de Juan Cassá de pasarse al grupo de no adscritos, ha comenzado a mirar a Madrid para desviar los males o, tal vez, porque es cierto que el Ejecutivo central tiene parte de culpa en la descoordinación que parece haberse apoderado de todo el territorio nacional.

Susana Carillo, alcaldesa accidental que presidió el martes la comisión informativa municipal sobre el coronavirus (órgano de nueva creación que sirve, básicamente, para que los concejales repitan lo que ya han dicho en ruedas de prensa anteriores), dijo que el Gobierno central, Madrid, Pedro Sánchez y su equipo no se habían puesto en contacto con Málaga, con la capital costasoleña, para explicar por qué no estamos en fase 1, algo vital económicamente que puede, por otra parte, tener serias implicaciones sanitarias si la responsabilidad individual no termina de asentarse. «Seguimos sin saber exactamente por qué no ha pasado Málaga», dijo Carillo. La alcaldesa accidental aseguró que el Gobierno no está dando información al Ayuntamiento y destacó que ha habido reuniones ya con el Ministerio de Fomento y el de Turismo, junto a la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM), para pedir ayudas necesarias para la reconstrucción social y económica de la urbe.

También se le ha pedido al Ejecutivo central poder usar el superávit en estos menesteres, y se reclaman ayudas para el transporte público, para el turismo y la prolongación de los ERTE, igual que en Canarias, pero el Ejecutivo no ha contestado a nada de ello, insistió.

Carlos Conde, edil de Economía y Hacienda, desveló, por su parte, que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ya ha contestado a la carta enviada por el alcalde, Francisco de la Torre, el pasado 29 de marzo, en la que este le pedía poder usar el remanente de 2019 en temas sociales y de reactivación económica. La ministra, según Conde, no ha contestado a esta petición, aunque la misiva sí estaba muy bien escrita, vino a ironizar Conde al leer la carta adoptando una dicción grandilocuente.

Adelante Málaga, por su parte, pidió el miércoles que vuelvan los plenos para que se adopten los acuerdos que necesita la ciudad y puso en negro sobre blanco que la comisión del Covid-19 sirvió, según su portavoz, Eduardo Zorrilla, para atacar al Gobierno central, que ahora le toca de cerca, claro. La confluencia de Podemos e Izquierda Unida reclamó que «se reactive la actividad institucional municipal y vuelvan las convocatorias de comisiones y plenos, ya sea en formato telemático o presencial, siempre con las debidas medidas de prevención, con el objetivo de que se posibilite a los grupos municipales la presentación de iniciativas, se retome el debate político sobre temas de interés general y se tomen acuerdos beneficiosos para la ciudad que permitan dar respuesta a las necesidades de la gente y encarar mejor los retos que tiene que afrontar Málaga para superar los efectos de la pandemia, sobre todo en el terreno social y en lo relativo al reflote de la economía y el empleo». En su defecto, quieren que en esas comisiones sobre el coronavirus los grupos, más allá de preguntar y pedir comparecencias, puedan presentar acuerdos, iniciativas con el fin de que la ciudad no se pare, pero parece que en el ámbito municipal también se está reproduciendo, entre los diversos partidos, el debate sobre si esta situación excepcional no está sirviendo de coartada para exigir lealtades ciegas y soslayar las críticas naturales. Aquí también hay resistencia a un pacto que implique a todas las fuerzas vivas de la ciudad, desde los grupos políticos pasando por los sindicatos, los vecinos y los empresarios, así como otros colectivos culturales o solidarios, porque en el fondo, un gran acuerdo, aquí y en Madrid, significa homogeneizar líneas de gestión y cuando las marcas se acercan se mutualizan las pérdidas, pero también las ganancias.

El alcalde, según parece, se va a reincorporar esta semana. Será la ocasión ideal para que hable de lo importante: la crisis del coronavirus y cómo van a hacer los malagueños para seguir trabajando y comiendo tres veces al día, aunque mucho me temo que, sobre lo primero que querremos saber los periodistas es sobre la danza en el abismo de Juan Cassá. Ya saben, la política espectáculo y los bailes de trincheras, ahora esenciales para ver quién será un cadáver político en apenas unas semanas. Sería entretenido si no fuese algo tan serio.

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