24 de septiembre de 2020
24.09.2020
La Opinión de Málaga
Crónica de la ciudad

La plaza de San Pablo se libra de las vetas de roña

El Ayuntamiento aplica agua a presión y jabón en esta plaza de la Trinidad rodeada de solares que suele exhibir una suciedad de Récord Guinness

24.09.2020 | 05:00
Un trabajador municipal daba un lavado de cara a la plaza el pasado lunes a la plaza de San Pablo.

Los antiguos romanos, si querían aspirar a ser senadores o incluso a cónsules o emperadores debían pasar antes por una larga carrera honorífica que en sus pasos iniciales les podía conducir, siendo todavía unos jovenzuelos, a encargarse de la limpieza de Roma, bajo la coordinación de los ediles.

En nuestros días, los políticos españoles que comienzan fogueándose como concejales en un Ayuntamiento antes de saltar al Congreso o al ministerio no hacen sino seguir esta vieja costumbre romana.

Hay que precisar que la tradición de ponerse «a disposición del partido» cuando tiene lugar una debacle electoral y te mandan al paro es ya una costumbre española relativamente moderna aunque muy extendida.

En cualquier caso, la antigua Roma era sucia hasta decir basta, por eso, los cuatro jóvenes magistrados encargados de ponerla como una patena seguro que habrían puesto los ojos como platos de haber podido contemplar la imagen del pasado lunes en el barrio malagueño de La Trinidad: un camión municipal a manguerazo limpio de agua y jabón para retirar la porquería de la plaza de San Pablo.

Como alguna vez hemos comentado en esta sección, la plaza es tristemente famosa por sus vetas de roña, que parecen incrustadas desde el nivel freático. Estos churretes de inmundicia, a los que había que sumar los goterones de cera de alguna procesión anterior a la pandemia, conferían a esta plaza un aspecto a años luz de la placita de un cantón suizo.

Hay por tanto que felicitar al Ayuntamiento por esta 'actuación sorpresa' contra los microbios.

De cualquier forma, y sin olvidar que la porquería no surge por combustión espontánea, sino que algunos usuarios de este espacio tienen mucho que ver, da la impresión de que la plaza de San Pablo fue diseñada la tarde antes de un puente festivo.

Y así, al piso de la plaza parece faltarle un hervor; los bancos evocan una apresurada adquisición en el Ikea y en cuanto a los árboles, se trata de palmeras para cubrir el expediente y que no sea todo un erial.

No obstante, en el aspecto de páramo poco aconsejable también tiene que ver la forzosa vecindad con tres solares mondos y lirondos que esperan ser construidos desde el año de la polka o si resulta exagerado, del foxtrot.

El único frente que da vida a la plaza es el de la iglesia de San Pablo, sobre todo estos días en los que el coronavirus ha obligado a abrir de par en par la puerta que da a este espacio, rampa incluida, y a establecer un circuito para que nadie se quede sin rezar al Cautivo.

El 'cursus honorum' romano tenía mandanga, sobre todo sin mangueras a presión. La plaza de San Pablo recibe una merecida limpieza pero su diseño dista mucho de ser acogedor. A ver si mejora cuando los solares dejen de ser pura tierra baldía.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook