28 de septiembre de 2020
28.09.2020
La Opinión de Málaga
La Bodeguilla

La aritmética de cada pleno

Juan Cassá se ha tatuado en la lengua el discurso del Partido Popular. A él le salen las cuentas desde que Ciudadanos lo mandó al rincón de votar

28.09.2020 | 05:00
Juan Cassá, durante un pleno de la Diputación de Málaga.

Tras un verano fantasma y pandémico, ahora cae con timidez el otoño y septiembre vuelve a pisar el acelerador de esa actividad política que, prácticamente, dormita en agosto. Este retorno a la rutina pura y dura nos ha devuelto al autor de la canción del verano con su coleta y su llave maestra. Basta con verlo intervenir en el pleno de la Diputación Provincial para corroborarlo: Juan Cassá se ha tatuado en la lengua el discurso del PP.

Su previsible y pactada oratoria envía sin pudor al acta una antología del perogrullo. Mide las palabras con el mismo pulso infalible con el que una calculadora Casio sumaría cada céntimo de su generosa nómina. Tiene entre sus manos el mango de la sartén de la política malagueña. Tiene controlada la aritmética de cada pleno en el ente provincial de la marítima calle Pacífico y en el Ayuntamiento 'malaguita' del tropical Paseo del Parque. Y, como rezaría en un meme bajo el rostro negruzco de Julio Iglesias, él lo sabe. 

Al político asturiano –no adscrito a todo menos a su salario– le salen las cuentas desde que Ciudadanos lo mandó al rincón de votar. Su venganza también es un plato que se sirve frío.

Se suele decir que el error de base de la formación naranja estuvo en el hecho de presentarlo de nuevo como candidato a la alcaldía de la capital malagueña. Y eso puede ser desde indiscutible hasta lo fácil para escurrir otros bultos. En verdad, Ciudadanos se cavó su propia tumba cuando tuvo la feliz idea de 'desactivarlo' manteniéndolo como representante sin competencias en las dos instituciones en las que iba a gobernar con el PP. En las que, además, los 'naranjitos' no iban sobrados de sillones. Dos en el grupo municipal y otros dos en el grupo provincial. En definitiva, cuatro de los que dos eran para Cassá. Empate. El mismo que ahora mismo reduce al monoteísmo a unos y a otros. Ciudadanos tiene tanto con Juan Carlos Maldonado como con Noelia Losada el mismo peso a la hora de votar que Juan Cassá.

Todo está tan cogido con papel de fumar, que más allá de la vicepresidencia y las concejalías de rigor, no se sabe quién es no adscrito y quién un partido político. Es más, en esas veces en las que Ciudadanos parece de la oposición, Cassá justifica el alto precio que se puso en aquella llamada que le hizo Elías Bendodo suplicando estabilidad. Y es que este asturiano de Málaga supo disparar su cotización a medida que, antes incluso de su marcha en mayo de Ciudadanos, iba ganando peso la posibilidad de una moción de censura con el PSOE para desbancar al Benjamin Button de los consistorios españoles: Don Francisco de la Torre Prados. 

Inquietud matemática

El pleno ordinario de septiembre comenzó en la Diputación, el martes pasado, con una polémica telemática. A la oposición no le hizo gracia que la institución provincial no repitiese las convocatorias presenciales de las sesiones extraordinarias de las anteriores semanas y regresase al 'formato pandemia', que permite a los diputados votar e intervenir por videoconferencia. El PSOE, por ejemplo, criticó en boca de su portavoz, José Bernal, que «este gobierno del PP, de Ciudadanos y de un tránsfuga se esconde detrás de la pantalla de un ordenador pero está obligando a los trabajadores de la Diputación a tener que venir aquí y obligando a los usuarios del Centro Guadalmedina a que se trasladen».

Detrás de este ataque y del deseo de una sesión presencial quizás latía una situación que hubiese apretado el resultado de las votaciones o, cuando menos, situado al equipo de gobierno justo por debajo de la mayoría absoluta de los 16 apoyos, sin margen de error y sumando a priori solo un voto más que los 14 miembros de la oposición. De hecho, el presidente del ente provincial, Francisco Salado, explicó al inicio del pleno que dos diputados del PP –Manuel López y Cristóbal Ortega– se encontraban en sus respectivos domicilios haciendo la cuarentena porque personas cercanas a ellos habían dado positivo en la prueba del coronavirus. Sin ir más lejos, la situación de Manuel López estaba vinculada al positivo contra el que lucha el alcalde de Alhaurín de la Torre, Joaquín Villanova, lo que obligó a sus concejales a aislarse. Es más, la semana anterior, ya se habían registrado ausencias de este tipo en la bancada popular cuando se celebró el pleno extraordinario que aprobó la ampliación del contrato que presta en la provincia el servicio de ayuda a domicilio. 

Esta inquietud matemática es una de las constantes que le irá tomando el pulso al vigente curso político, que en su actual arranque no permanece ajeno al panorama de rastreos y confinamientos individuales que implica el incierto escenario del acechante Covid 19. 

Corren tiempos en los que el PP –tanto en la Diputación Provincial como en el Ayuntamiento de Málaga– tendrá que armarse de un plan B, o incluso de un plan C, por si al único representante de Ciudadanos se le ocurre salirse del tiesto en el fragor de la sesión plenaria. Ahora mismo, Juan Cassá ya no es un problema. Habrá en las filas populares quien se entregue a una mezcla del estilo directo con el estilo indirecto –mejor dicho, del estilo adscrito con el estilo no adscrito- y diga aquello de que «el asturiano es uno de los nuestros».

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