09 de octubre de 2020
09.10.2020
La Opinión de Málaga
Crónicas de la ciudad

Premio para los defensores de la buena arquitectura

El Colegio de Arquitectos reconoce la lucha de un matrimonio por preservar un portal de La Malagueta del arquitecto Antonio Lamela, en un bloque construido entre 1967 y 1971

09.10.2020 | 05:00
La foto, tomada en 2019, muestra en primer plano a Marina Benavides, junto al arquitecto Carlos Lamela –hijo de Antonio Lamela–; el arquitecto y académico de San Telmo Ángel Asenjo y a Emilio Almagro, con la fotografía del bloque, diseñado por Antonio Lamela. Les acompañan entre otros el decano de los arquitectos malagueños, Francisco Sarabia.

Entre los premios Málaga de Arquitectura que el Colegio de Arquitectos ha otorgado este año hay una pequeña sorpresa, porque premia la determinación cívica y la sensibilidad de los vecinos de un inmueble de La Malagueta.

En concreto, el jurado ha otorgado el premio Fomento de la Arquitectura 'José Moreno Villa' a la catalogación del edificio que el arquitecto Antonio Lamela (1926-2015), el autor del actual estadio Santiago Bernabeu, las Torres de Colón y la urbanización Playamar de Torremolinos, diseñó en el Paseo Marítimo Ciudad de Melilla, 23.

El premio reconoce la labor contra viento y marea de estos vecinos, tarea que el jurado del premio describe como «la crónica de un rescate que parecía imposible», y que sin embargo, logró arribar a la costa con el edificio a salvo.

Este diario tuvo el privilegio de ir informando el año pasado de las gestiones y desvelos del matrimonio formado por Marina Benavides y Emilio Almagro, vecinos de este inmueble, para intentar salvar el portal del edificio, una pequeña joya de la arquitectura contemporánea con huecos amplios y forjado de hormigón abujardado.

Como algunos recordarán, la comunidad de propietarios, con un asentado desconocimiento de los valores arquitectónicos del edificio, había decidido echar abajo el portal y cambiarlo por otro, al considerar que estaba bastante deteriorado.

La pareja trató de convencer a los vecinos de la poco sensata intervención que iban a acometer, algo que, además, en el plano meramente material, aunque no supieran apreciar los valores del portal iba a perjudicarles porque el edificio se devaluaría.

Ante la cerrazón de la comunidad de propietarios empezaron a mover Roma con Santiago en una lucha contra el tiempo, pues la reforma estaba a las puertas. Y lo cierto es que el mundo cultural de Málaga respondió con rapidez, además de las administraciones y por supuesto los arquitectos.

Muy significativo fue además el desplazamiento a Málaga de Carlos Lamela, hijo del autor del inmueble y también arquitecto, para defender la permanencia del portal. Le acompañaron el decano de los arquitectos, Francisco Sarabia, y el también arquitecto Ángel Asenjo, en representación de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, institución que defendió la integridad del inmueble a brazo partido.

Se sucedieron los apoyos de instituciones y hace justo un año la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico inscribió el portal en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, protección que en enero de este año la Junta amplió a todo el inmueble.

Un matrimonio frente a una comunidad de propietarios. Al final no sólo ganó la buena arquitectura, ha sido un paso muy importante para que la arquitectura contemporánea comience a ser valorada; para que la protección arquitectónica en Málaga no se quede, cronológicamente hablando, en la primera mitad del siglo XX. Marina y Emilio, gracias y enhorabuena.

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