11 de octubre de 2020
11.10.2020
La Opinión de Málaga
Crónicas de Málaga

La movilidad y el Astoria, a examen

La posibilidad de reducir aún más el coche en el Centro Histórico y la polémica en torno al Astoria han centrado los debates en esta semana que ahora concluye

11.10.2020 | 05:00
Patinetes por la ciudad.

Málaga quiere poner al peatón en el centro de todas sus políticas de movilidad. Es curioso que eso lo haya venido a decir el edil del ramo, José del Ríoen una leída entrevista en este periódico publicada el pasado lunes. Y es que la Movilidad, ahora, es una de las asignaturas principales para los equipos de gobierno, sobre todo si queremos mejorar los flujos circulatorios urbanos y hacer más amable nuestras capitales para los viandantes. Pero hubo un aserto de José del Río que sí me llamó la atención y que anuncia, de hecho, el camino que va a tomar la capital costasoleña en los próximos años en est materia: una vez que el metro llegue al Centro Histórico, lo que ocurrirá en algún momento del próximo año 2021, habrá que replantearse proyectos para una drástica reducción de coches en el corazón de la ciudad, en línea con las iniciativas urbanísticas recientemente puestas en marcha o las más antiguas, que cuentan ya con décadas: hablamos de la inversión del porcentaje de superficie dedicado en la Alameda Principal al coche y el usado por los viandantes, de forma que de un 70% destinado al tráfico privado y un 30% para el peatón esos valores relativos se han invertido. Algo parecido quiere hacerse, de hecho, en las calles Carretería y Álamos, donde habrá una plataforma única para peatones y automóviles y se restringe el tráfico privado, de forma que sólo podrán pasar los coches de emergencias, los taxis y los de carga y descarga. Curiosamente, esta es una innovación clara en relación a los grandes proyectos de peatonalización urbana que ha vivido la ciudad desde principios de la primera década del siglo XXI, cuando comenzó convirtiéndose en peatonal la gran área de Larios, Constitución y Granada y, en sucesivas fases, se llegó al Soho o al entorno de la Catedral, bien es cierto que con mucha ayuda de los fondos europeos.

Cabe recordar aquí que, en la última campaña de las elecciones municipales, el alcalde, Francisco de la Torre, ya mostró su deseo de extender las zonas peatonalizadas hasta las inmediaciones del Paseo Marítimo Pablo Ruiz Picasso y el Gran Hotel Miramar. Lo cierto es que, con el metro amaneciendo en Torregorda en algún momento del año próximo, prácticamente todos los desplazamientos que se hagan desde los distritos de Teatinos, Carretera de Cádiz y Cruz de Humilladero quedan enjugados con el suburbano y, si no, con las líneas de la EMT, que bien es claro deberán adecuarse, posiblemente reorganizándose de otra forma, a la realidad de la movilidad en la ciudad. Además, recuerden que se ha reducido el tráfico debido al aumento del porcentaje de población que teletrabaja. La pandemia ha empujado, sin duda, el cambio de paradigma socioeconómico que se anunciaba en las facultades tecnológicas o de comunicación a finales del siglo XX.

«En nuestra mentalidad está el ir sacando el vehículo privado de la ciudad, dentro de lo posible. Lo mismo que decimos que hay que mejorar el transporte público y tendremos que hacer aparcamientos disuasorios, carriles bus rápido, bus-taxi. El transporte público hay que potenciarlo, y dentro de la potenciación del transporte público para el peatón, pues a medio o corto plazo cuando el metro llegue al Centro, nos replantearemos el uso de los vehículos privados en el Centro», dijo. Habrá que ver la agenda política del alcalde, cómo se concretan estas intenciones ciertas y cómo evoluciona la sociedad en este sentido.

Hemos de añadir, claro, que se ha aprobado una ambiciosa ordenanza de Movilidad que saca a ciclistas y conductores de patinetes eléctricos de la acera (menos mal, la verdad), y los obliga a ir por la calzada siempre que no haya carril bici cerca. Esta última es una infraestructura con franco margen de mejora en la ciudad, la verdad, pero lo cierto es que se han habilitado los carriles derechos en vías con dos carriles por sentido para que puedan ir bicis y patinetes. La velocidad se limita a 30 kilómetros por hora y estos tendrán preferencia, aunque ante las advertencias de la oposición sobre la posible falta de seguridad que tendrán que soportar quienes usan ese tipo de medios de transporte, se va a reforzar la marca vial horizontal y vertical en este tipo de carriles, con la esperanza de que ciclistas y patinetes sean respetados. Además, estos carriles van a ser unidos a los carriles bici de siempre y la ciudad, por cierto, se plantea, en conversaciones con la Junta de Andalucía, ejecutar uno que llegue al PTA desde el Centro, y otro que una la zona Este con Rincón de la Victoria y que se haría por fases, además de plantearse otros dos en la ciudad.


Imagen de los nuevos elementos hallados en el Astoria. Foto: Álex Zea


La semana, por cierto, nos ha dejado otra estampa interesante no por el fondo de la polémica, que también, sino porque Cs y PP, partidos que soportan al equipo de gobierno, y cuya relación no pasaba por el mejor momento tras la espantada de Juan Cassá al grupo de no adscritos y su cercanía y epifanía popular, andan de nuevo a la gresca sobre el proyecto que irá en la manzana del Astoria. Recuerden que esta semana la oposición y el alcalde han visitado las excavaciones arqueológicas, ya en fase final. La cara de póquer de los ediles de la oposición era de aúpa, porque se han quejado de que fueron invitados el pasado lunes a primera hora de la mañana, tres horas antes del evento. El caso, decía, es que las labores arqueológicas han concluido y ahora las arqueólogas tienen que elevar un informe a la Junta y esta decidir si se permite levantar un edificio, si no deja hacer nada o impone que la infraestructura integre los restos, según su valor patrimonial e histórico. Allí, de momento, hay restos de una necrópolis romana que anuncia una vía de entrada a la ciudad de la que no se tenía constancia, una zona industrial de la misma civilización, el hospital castellano de Santa Ana, un mesón, primera construcción cristiana en Málaga (lo que no deja de ser curioso), parte del arrabal nazarí, construcciones industriales islámicas y trescientos enterramientos de soldados que participaron en la toma y cerco de la ciudad en 1487, lo más valorado de todo para «el ADN malagueño», dijeron Ana Arancibia y Cristina Chacón, arqueólogas. El tema es que se ha excavado hasta los 5,5 metros de profundidad y el proyecto de edificio traslúcido, declarado de interés general por la ciudad e impulsado por capital cordobés, tiene previsto hacer un auditorio que se va a los diez metros de profundidad. Es decir, no se ha excavado toda la profundidad potencialmente posible. Esto lo han explicado esta semana con argumentos relativos a la seguridad (hay que llegar al freático), al mayor presupuesto que se requerirá y a la intuición de que abajo no habrá nada, o eso indican algunos arqueólogos. Además, estos han advertido de que para bajar hay que destruir. El caso es que el alcalde dice que lo que hay ahí no pone en peligro el edificio traslúcido con usos culturales y comerciales–gastronómicos; y Cs, Noelia Losada, en definitiva, quiere seguir excavando y que se tarde lo que se deba tardar para que lo que se encuentre sea bien valorado. La oposición quiere la plaza diáfana (y parece intuirse que Losada también) y la conservación de los restos, al fin y al cabo esa herida en el corazón de la ciudad es la memoria de Málaga. Y, para rizar el rizo, hay una plataforma de gente muy notable que quiere dejarlo todo como está. Pero la clave de bóveda es aquí naranja: ¿mantendrá Losada su postura hasta el final o verá primero las conclusiones y luego se plegará a lo que quieren los populares? Habrá que verlo, pero desde luego es muy destacable el pulso claro, con apoyo de Javier Pareja de Vega en el Parlamento andaluz, de Losada al alcalde. Ya propuso hace años Eduardo Zorrilla, portavoz de Podemos e IU, una consulta popular para esta asunto. Igual no es mala idea porque cada malagueño, ya saben, tiene su ciudad ideal en la cabeza. O tal vez, llámenme loco, es buena idea escuchar a los técnicos, que algo de esto saben.

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