02 de noviembre de 2020
02.11.2020
La Opinión de Málaga
Asociación Dosta

La puerta a la formación que abrió la pandemia del Covid

Vanessa Jiménez dejó sus estudios a los doce años. Hoy, compagina su carrera universitaria con la agrupación que ella misma fundó para ayudar a mujeres gitanas a continuar con sus estudios. Su deseo, que Dosta desaparezca: "Significaría que ya no hace falta, que se puede hablar de mujeres formadas y no de gitanas que se superan"

02.11.2020 | 05:00
Imagen de la segunda edición de los premios realizados por Dosta.

Historias con nombre y apellido

  • La historia de Dosta se fundamenta en hechos, no en palabras. En vivencias de personas reales que se convertirán en referentes para las futuras generaciones. Es el caso de Manuela Santiago, que dejó los estudios en quinto de Primaria y este año se ha presentado a las pruebas de acceso a la Universidad. Como ella, las historias de estas mujeres gitanas copan los premios realizados por la asociación, que han celebrado su segunda edición este año: «En estos premios hablamos de sus historias, de nuestras necesidades, nos damos difusión. Además, sabemos que iniciativas como esta son un motor para las mujeres que vienen detrás», relata Vanessa Jiménez.

Las incógnitas derivadas de la crisis del coronavirus han hecho que muchos hombres y mujeres del pueblo gitano vean la necesidad de retomar sus estudios para mejorar su futuro sociolaboral.

En mitad de la vorágine de incertidumbres que golpean a la sociedad, un atisbo de esperanza hace presagiar que no todo lo derivado de la pandemia mundial de Covid-19 es negativo. Para las protagonistas de este reportaje, sus consecuencias hicieron que todos y cada uno de los cimientos sobre los que construían su vida, tal y como la conocían, se tambalearan. Paradójicamente, una gran oportunidad.

Apenas ha pasado un año y medio desde que Vanessa Jiménez fundase Dosta y los éxitos se cuentan solos. La asociación, que nació con el firme propósito de ayudar a mujeres gitanas a continuar con sus estudios, ha conseguido que más de diez mujeres hayan podido acceder a la ESO, a un grado formativo o a una carrera universitaria. En los últimos meses, y contra todo pronóstico, el número de demandas no ha dejado de aumentar.

«El Covid-19 ha hecho que muchos niños y niñas gitanas, que dependen de los mercadillos para vivir, vean el día de mañana muy incierto y con ello la necesidad de formarse para mejorar su futuro sociolaboral», explica la fundadora de esta asociación. Vanessa Jiménez relata cómo en mitad de la gran incógnita que se cierne ahora sobre el futuro laboral en el país, estas personas han tenido el valor de dar un golpe sobre la mesa y decidir retomar sus estudios para poder mejorar su porvenir.

«Ahora trabajamos con hombres y mujeres de todas las edades, desde los 18 hasta los 49 años», indica Vanessa. Dosta se fundó con la intención de ayudar a mujeres pero, a día de hoy, la demanda refleja una amplia variedad de perfiles: «Algunos dejaron sus estudios en quinto de Primaria, otros en tercero de la ESO... Les preguntamos qué es lo que quieren lograr, valoramos su nivel de formación y les explicamos las distintas opciones a las que puede llegar a optar».

La ambición de su fundadora se refleja en los datos que esta asociación está consiguiendo. Además de Málaga capital, Dosta trabaja con usuarios de Álora, Pizarra y, en breve, lo hará también en Alhaurín de la Torre. Medio centenar de gitanos han depositado su confianza en esta organización y sus voluntarios. Profesores de inglés, matemáticas, historia... Dosta cubre todas las necesidades formativas necesarias para conseguir los distintos retos formativos que se les plantea.

Un sinfín de dificultades

Si hay algo que identifica a Dosta es su capacidad de encarar los retos y trabas que encuentran. «Nuestra seña de identidad es la fuerza y el coraje, vamos a demostrar que podemos llegar donde queramos», asevera Vanessa. Y eso vienen haciendo desde su fundación, un constante ejemplo de superación que demuestran, no con palabras, sino con hechos.

Sin embargo, al sinfín de dificultades que han tenido que atravesar durante su andadura, se suma ahora el reto de adaptarse a continuar con su labor en mitad de una pandemia mundial. Renovarse o morir. Hasta el comienzo de la pandemia, Vanessa y su equipo desarrollaban su labor formativa en el colegio Ángel Gavinet. Durante los meses de confinamiento, tuvieron que ajustar su operativo y comenzaron a dar clases vía WhatsApp. La fecha de los exámenes de acceso a la Universidad marcó entonces el ritmo al que tuvieron que adaptarse. Los audios de tres o cuatro minutos explicando tiempos verbales y demás temario se convirtieron en la mejor de las alternativas.

A día de hoy, ante la imposibilidad de volver a enseñar en un centro escolar, Vanessa baraja todo tipo de alternativas. Sin embargo, no todas están al alcance de sus alumnos. «Nos planteamos dar clases online pero existe una brecha digital demasiado grande entre la mayoría de la sociedad y el pueblo gitano», relata esta malagueña, que asegura que muchos de sus usuarios no tienen acceso a internet.

Es por este motivo que, aún a día de hoy, las clases de Dosta no han comenzado a impartirse. «Estamos a la espera de que se nos escuche y nos faciliten un sitio en el que poder trabajar de forma grupal con ellos». La fundadora de Dosta asegura no contar con ningún tipo de respaldo económico para cubrir las necesidades de una asociación que crece por días.

Por el momento, la entidad desarrolla varios proyectos con la Diputación de Málaga –como Gitanas Apostando por un Sueño– y cuenta con el apoyo de la directora de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca) Mercedes Siles Molina, y del decano de la Universidad de Ciencias, Antonio Flores. Además cuentan con el apoyo de la concejala Gemma del Corral, que ha colaborado en más de una ocasión con esta asociación.

«Llevamos casi dos años demostrando los éxitos de Dosta, ¿qué más tengo que hacer para que se me mire?», se pregunta Vanessa, que hace un llamamiento a las instituciones para conseguir el apoyo que necesita para continuar con su labor: «Hay muchos programas que el Ayuntamiento podría llevar a cabo para apostar por el pueblo gitano».

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