10 de diciembre de 2020
10.12.2020
La Opinión de Málaga
Crónicas de la ciudad

Charcos a traición en plena calle Santa María

En una calle tan concurrida son legión los paseantes que caen en la trampa del agua de lluvia o de baldeo almacenada gracias a un piso tan uniforme

09.12.2020 | 20:47
Como este tramo de la calle Santa María entre la plaza de la Constitución y Molina Lario tiene un piso tan uniforme, a diferencia de otras calles peatonalizadas con un espacio para el agua de lluvia bien marcado y de un color distinto, son muchas las personas que a lo largo del día se mojan los zapatos sin necesidad.

Es un clásico de los documentos municipales del siglo XVIII y anteriores las quejas de las autoridades por la frecuencia con la que el foso o canal al pie de las murallas de Málaga se atascaba por la parte de Carretería. El resultado, cuando caían las lluvias, era que el agua saltaba que daba gusto e inundaba la ciudad.

Todo se debía a que nuestros incívicos antepasados no tenían otra cosa que hacer que emplear este foso para depositar grácilmente la basura, un gesto que tenía sus consecuencias, además de sus olores.

Con la rehabilitación del Centro Histórico de los últimos 25 años, nuestras autoridades aprovecharon sabiamente para acondicionar algunas calles peatonalizadas y evitar que se convirtieran en torrenteras.

En rincones como calle Granada (originalmente un arroyo), Méndez Núñez, Denis Belgrano, Madre de Dios o Especerías se dejó una ´hendidura central´, bien diferenciada del resto por su color blanco, para encauzar las aguas pluviales.

Por desgracia para los peatones, entre ellos nuestros escasos visitantes (pandemia obliga), no ocurre lo mismo en la calle Santa María, en concreto en el estrecho tramo que va desde la plaza de la Constitución a la calle Molina Lario.

Las obras que se ejecutaron hace 20 años dejaron la parte central con un piso uniforme de mármol horadado pero sin prever el agua de lluvia o de limpieza. Da la impresión, eso sí, de que el agua ha ido acanalando un poco el tramo central en su camino al registro, pero no lo suficiente.

Y no es suficiente porque tras la lluvia o tras el baldeo, el agua, que no tiene demasiada pendiente, se queda a verlas venir, sigilosa y almacenada en una hilera en las que los peatones más incautos van cayendo uno a uno.

Ocurrió delante del firmante el pasado puente festivo. Por la estrecha calle, llena de gente, uno no puede ir mirando al suelo todo el rato. Es a lo que obliga esta vía, pero ante la imposibilidad, una visitante metió la pata literalmente y la sacó con el pie chorreando, algo poco recomendable en diciembre.

La foto que acompaña esta crónica, hecha ayer a primeras horas de la mañana, mostraba el reguero de agua listo para atrapar el calzado de cualquier incauto.

Si algún día el Ayuntamiento renueva el piso de este tramo de calle Santa María, por eso de que es una de las más concurridas y necesita mejorar, tendría una oportunidad estupenda para arreglar este fastidioso entuerto. Si encauza las aguas pluviales con claridad disminuirán los resfriados. Y los improperios.

 

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