Hace unos días hablábamos de la calle Werther, en la barriada 26 de febrero del distrito de La Palma-Palmilla, como paradigma del ´cuajo institucional´, que evita que se le ponga remedio a una situación que dura años, con la excusa de que el problema no entra dentro del chiringuito competencial.

Como saben, en esta calle convive la limpieza de las aceras por parte de Limposam con un rastro alarmante de porquerías que la convierten en un vertedero al aire libre en forma de plásticos, latas, sanitarios y hasta colchones. Como los metros y metros de basura lineal están en terrenos cedidos a la Junta y zonas libres, explicaba una fuente municipal, el Ayuntamiento no tenía competencia para limpiar.

Para lo que sí tiene competencia es para sentar a la Junta y acordar la limpieza periódica de ese basurero perpetuo. No puede ser que la situación permanezca igual que cuando la dos administraciones estaban dirigidas por partidos rivales y la coordinación brillaba por su ausencia.

Por otro lado, hemos dejado para hoy otro basurero ilegal junto a la calle Werther que, da la impresión, esta vez sí es de competencia municipal. Hablamos de una explanada que los bípedos con menos escrúpulos han destinado al depósito de escombros. Y parece de competencia municipal porque se encuentra nada más traspasar dos de los monolitos de piedra que marcan el inicio del parque forestal de La Virreina, un espacio de más de 400.000 metros cuadrados que consta dentro del servicio municipal de Parques y Jardines.

Hablamos de la entrada más próxima a la calle Massenet, junto a los bloques nuevos de Las Virreinas. Cierto que durante un tiempo esta explanada se empleó como acopio de materiales de obra, pero ahora mismo se utiliza para lo contrario: el desecho de los materiales que estorban.

Aunque la foto fue tomada hace unos días, la asociación de vecinos Palma-Palmilla 'Un nuevo futuro' comprobó este domingo que el vertedero seguía en buena forma y había aumentado algo su tamaño.

Lo preocupante es que queda mucho espacio por rellenar, así que pueden seguir aumentado los sacos de escombros, las puertas, las mesas, los sanitarios y hasta los restos -como si fuera una ballena metálica varada- de un jacuzzi. Contrasta el cuidado del cuerpo, digno de los antiguos romanos, que ofreció el jacuzzi a su dueño con el destino bárbaro en que ha terminado el cacharro.

O nuestros políticos se ponen serios con la limpieza de esta parte de Málaga o habrá que llevar mascarilla por otra razón.