La vida de José García Pérez es de las bien aprovechadas, de las exprimidas en todo su jugo. Como muchos malagueños nació en Melilla. Lo hizo en enero del 36. Su padre tenía la imprenta La Hispania y «como no había dinero para tener dos niños fuera» y el hermano de José ya estudiaba carrera en la Península, a él le tocó estudiar Magisterio en Melilla.

Su primer destino, una cabila en el Rif en pleno Protectorado Español. «Me tocó ir de maestro colonizador», ironiza. Allí le sorprendió la independencia de Marruecos, una circunstancia imprevista que le hizo andar 16 kilómetros hasta Melilla para consultar al comandante. ·«Me dijo que me volviera a mi sitio y me quiso dar una pistola, como medida de precaución. Yo me negué».

Estuvo un curso en ese ´interregno' hasta que aprobó una de las cuatro oposiciones que realizó en su carrera de maestro. Su primer destino en la Península, en 1958, Dos Hermanas. «Allí comprendí lo que era la España y la Guerra Civil porque en Melilla, plaza militar, no se hablaba de esas cosas: el alcalde me hizo jurar en un reclinatorio los Principios Fundamentales del Movimiento». En esa época, por cierto, contrae matrimonio con Rosa, una maestra vecina de Melilla y serán padres de Rosa Mari.

Tras otro paso por Melilla, su siguiente destino en 1966 fue Cártama. Como explica con una sonrisa: «En Dos Hermanas me hice un poquillo de izquierdas», así que consiguió que el grupo escolar al que fue destinado, el único de Cártama y que llevaba el nombre de un gobernador civil de Franco, cambiase su nombre por la patrona del pueblo, la Virgen de los Remedios. «Ganó la patrona y todavía sigue», bromea.

En esos años en el Valle del Guadalhorce, mientras por las tardes preparaba a los alumnos que acudían por libre al instituto de Málaga, por su compromiso cristiano puso en marcha con Ramón Buxarráis los primeros cursillos de cristiandad, de los que fue presidente. «Ya estaba en la Hermandad Obrera de Acción Católica y conocía a mucha gente, me moví mucho. El PCE estaba muy metido también», recuerda. Gracias a estos cursillos se iniciaron los primeros diálogos entre cristianos y comunistas. «Concluimos que eran caminos paralelos pero nunca convergentes», destaca.

De su cristianismo, en la actualidad, le queda «la palabra del gran judío, de Cristo, una palabra de paz y de compromiso».

La muerte de Franco en el 75 la vivió «con siete días de luto como todos los funcionarios», comenta con sorna. Dos años más tarde, cuando consigue por oposición la plaza de director del Colegio Público Bergamín de Málaga, la inminencia de las elecciones generales hace que le tanteen responsables del PSA, el PSOE y el PCE.

Hasta que, como cuenta, «un día me dice mi mujer que me ha llamado un tal Francisco de la Torre, a quien no conocía. Lo llamé a las 10 de la noche, me dijo que quería hablar conmigo y me citó en su casa una hora más tarde».

Francisco de la Torre le comentó que su incorporación a UCD le daría «un tinte progresista a la lista». De este modo, el actual alcalde de Málaga se convirtió en su valedor y José García Pérez, como independiente, entró en la lista de UCD por Málaga al Congreso en el número 3.

A este malagueño de Melilla no se le olvidará el primer día, cuando vio entrar cogidos del brazo a la Pasionaria y Rafael Alberti en el estreno de la Democracia. «Delante de mí estaba pasando la Historia que tanto había escuchado y leído», confiesa. Esa primera legislatura se centró sobre todo en la elaboración y discusión de la Constitución del 78, un proceso que en ocasiones encalló como cuando se levantó de la mesa el socialista Gregorio Peces Barba, por un desacuerdo con el artículo 27 sobre la Educación.

Por cierto que con quienes más conectó fue con Francisco Fernández Ordóñez y sobre todo con Fernando Abril Martorell.

En su libro '18 horas con Tejero' contó la larga noche del golpe de Estado de 1981. «El miedo te lo da la incomunicación, había un transistor por ahí pero no sabíamos lo que ocurría fuera del Congreso. Peor que la irrupción de Tejero fue cuando un coronel de la Guardia Civil leyó un bando de Milans del Bosch», admite.

Eso sí, como coincidió con Antonio Tejero y sus hermanos en el Colegio La Salle de Melilla, pensó que si la cosa se ponía mal y se lo llevaban para fusilarlo, cantaría el himno del colegio, para despertar algún tipo de conmiseración en el golpista, explica, al tiempo que suelta una carcajada.

Por discrepancias con su partido a raíz del desarrollo del proceso autonómico andaluz, dejó la UCD y pasó al Grupo Mixto. En el libro 'Así cayó Adolfo Suárez' (1981), el autor, Josep Meliá, pone en boca de Suárez que la postura crítica del diputado por Málaga fue la causa inmediata de la dimisión.

La política le condujo más tarde al PSA, del que fue secretario provincial y candidato a la Alcaldía de Málaga en las municipales del 83. «Era un partido muy cainita porque éramos pocos», recuerda de esos tiempos.

Alejado de la política, siguió con su labor educativa. En el Colegio Bergamín se cruzó por su vida Pablo Pineda, el malagueño con síndrome de Down, y su centro fue pionero en Andalucía en la integración de alumnado con discapacidad.

No cabe aquí toda la vertiente literaria y cultural de José García Pérez, que llegó a ser vicepresidente del Ateneo, tiene publicados una docena de libros, incluida una antología de su poesía, y en el desaparecido Diario Málaga dejó su impronta como columnista en la sección diaria El Copo, tarea que con unas 15.000 columnas a sus espaldas continúa en el digital 'El Faro de Málaga'.

En una ocasión, el Ayuntamiento de Málaga estuvo a punto de nombrarlo Hijo Predilecto. Persona afable y cercana, en el bar Gran Vía, cercano a su casa, el rincón 'Poeta José García Pérez' reúne a un grupo de amigos que cultivan la tertulia y la amistad.