A media mañana el entorno del mercado de Atarazanas es un hervidero, todo lo que los controles de aforo le permiten serlo. Se ha generado una cola para acceder a la zona de pescadería y mariscos y, una vez dentro, por sus calles discurre una clientela que se prepara para unas fiestas navideñas descafeinadas.

La estampa es ilusionante, si se consigue obviar la mascarillas, las pegatinas en el suelo y las mamparas, casi parece un instante cotidiano de la «vieja normalidad». Sin embargo, los tenderos de Atarazanas pronto señalan que ese cierto bullicio ofrece una fotografía distorsionada de lo que ocurre.

Desde luego, el ambiente no es desolador, pero tampoco es bueno. Las ventas han caído durante todo el año; este mercado ni siquiera sufrió las avalanchas paranoicas por hacer acopio de víveres ya que está encajonado en un centro histórico con más oficinas y alojamientos turísticos que residentes y, ahora la Navidad lleva aparejada una situación epidemiológica que ha cancelado las grandes reuniones familiares y, por ende, las grandes compras.

«Las ventas han bajado mucho, no tienen nada que ver con las del año pasado. Esto, un día como el año pasado, estaría abarrotado, lleno, lleno», recuerda apesadumbrado Daniel, dueño de la frutería Mónica. «Está la cosa muy tranquila. A simple vista puedes ver que hay mucha gente, pero no hay ni la mitad. No sé si este año la gente va a comer».

Debido a que las comidas y cenas reunirán a una decena de personas como máximo en sus hogares, la sensación de los tenderos es que muchos clientes ni siquiera saldrán de casa, ya que están haciendo una compra mucho más individual. En algunos casos, cae algún capricho, eso sí, en cantidades mínimas.

«No es lo mismo juntarse 20 personas que juntarse seis. Si antiguamente se llevaban cuatro kilos pues ahora se llevan uno. Eso lo estamos notando bastante», cuenta David, de Pescados y Mariscos Soto. «Vienen con más capricho, compran menos pero cositas que les gustan a ellos. Si le ha apetecido una langosta, se la compra. A lo mejor, en vez de cuatro kilos de conchas, compran uno y compran lo que ellos quieren, una langosta o un buey de mar, un centollo... algo que a lo mejor no se pueden permitir durante el año».

La crisis económica que se cierne sobre los hogares malagueños tampoco pasa desapercibido en los puestos de Atarazanas. Hay clientes que descartan los antojos e incluso se limitan en los productos de primera necesidad. «La gente entre que no tiene trabajo... se ha juntado todo, no hay mucha alegría», añade Salvador, de la frutería Salvador. Aún siendo un puesto de productos básicos en la alimentación, las ventas se han reducido considerablemente.

Precisamente por esa penuria económica, la pescadería Ruina subraya que se han bajado los precios de muchos productos estrella de la Navidad. «¿Los precios? Más baratos que ningún año. Estas navidades los tigres a 28 euros y el año pasado a 45. Las navidades están más flojas. La gente se lleva menos comida», afirma Silvia.

El mercado de Atarazanas, además de cumplir su función de abastecimiento, es un gran atractivo turístico en la capital. No solo lo es por la carga histórica que soportan sus muros y ser un Bien de Interés Cultural sino por sus productos autóctonos, de calidad, frescos y genuinos de la idiosincrasia malagueña.

« Los alrededores son prácticamente oficinas y tiendas... grandes cantidades de personas viviendo no hay, entonces esto se alimenta muy mucho del turismo, los cruceros...», cuentan Rocío y José, de la carnicería Delgado, un establecimiento que está vendiendo productos muy demandados en Navidad en pequeñas cantidades, con pequeños encargos, aunque eso sí, como dato curioso, se venden más jamones. «En este puesto tenemos muchas cosas autóctonas, muchas cosas de la tierra que es lo que nosotros defendemos y era lo que más se vendía, el queso de aquí, el jamón ibérico... ahora no es el caso».

Lo mismo le ocurre a Mireia con su puesto Waka Waka, en el que se dispensan frutos secos, golosinas, vinos, especias... un antojo para el malagueño pero también un estupendo souvenir para los extranjeros que visitan Málaga. «Las ventas están bajas. El año ha ido mal, muy bajo. No es lo mismo y ahora menos con el turismo porque date cuenta que lo que nosotros vendemos no es algo que sea necesario precisamente, es de antojo, un caprichito. ¿Quién va a querer esto pudiendo coger algo que es necesario?».

Por tanto, la Navidad supone un impulso en las ventas, después de un año «muy tranquilo» pero no tanto como deseaban los tenderos del mercado de Atarazanas. Algunos esperan que el 2021 normalice la situación gracias a la vacuna, se reestablezca el volumen de compras y vuelvan los turistas.

«Tenemos la esperanza de que con la vacuna, las fronteras se abran y la gente tenga menos miedo a viajar. Yo soy optimista», confiesa Rocío. Otros como Daniel, esperan que sea pronto: «No podemos aguantar mucho más».