Miro una fotografía y me sale una sonrisa. Me siento como un centinela cuya misión vital es custodiar esa foto para que no se desgaste, para que siga existiendo. Ser un guardián de los recuerdos que salen de ella. A veces querría ser una caja donde pudieran guardarse voces. Las voces de una fotografía, de las personas que están en ella. Por alguna extraña razón el recuerdo visual me perdura, pero el sonoro tiende a degradarse con el paso del tiempo. Y me duele. Porque personalmente soy muy sensible a los sonidos. Me conmueven más que lo visual. Me hacen viajar. Me acercan a personas, a lugares, a momentos de mi vida. Y si se degradan, o desaparecen, son viajes que comienzo a dejar de tener. Para siempre. La voz de una persona siempre es única, preciosa, concreta, precisa. Tiendo a olvidarlas y me duele, me hace sufrir. Se me suelen olvidar muchas cosas, soy un pequeño caos en medio de una vida absolutamente medida y programada. Soy una contradicción que me define de los pies a la cabeza.

Hace un año que nos dejaste. Entró el 2020 y solo te convenció unas horas. No sabemos por qué, pero solo te permitiste estar unas horas en él. En ese momento a muchos nos cambió la vida, se paró algo. Más adelante fue el mundo entero el que se paró. Pero a nosotros el mundo nos quiso decir algo mucho antes. Se nos paró antes. Ha pasado un año y ha sido un tiempo de contrastes, de extremos. De todo o nada. De estar en casa sin poder salir o de estar a 10000 km de mi casa. De comenzar en esas primeras horas de 2020 un año con ilusión, a pasar los últimos meses del mismo con un vacío inexplicable, infinito. Un año donde me he sentido más querido que nunca pero también más solo que nunca. Donde he experimentado la intemperie más pura y el hogar más cálido. También he descubierto que tener conversaciones es el gran objetivo de la vida adulta. Sin duda. Al menos para mí. Pero en este año he estado más tiempo en silencio que nunca. Siempre los contrastes.

Me encanta ver cómo las personas que te han tenido en su vida tienen luz. Formas parte de todas ellas. Yo soy un poco tú. Como yo soy un poco mi madre. Porque somos un poco las personas que nos han querido, que nos han dado su tiempo. A veces nos reunimos y somos un poco tú.

Si pudiera elegir, de las infinitas horas que ha tenido este año, me quedaría a vivir en las primeras. Las que tú estabas. Fueron pocas.

Diez horas.