El dicho de 'año nuevo, vida nueva' se ha apoderado de repente del espíritu reinante en la barra de La Bodeguilla. Los temas de su tertulia etílico-política han saltado de un extremo de la baraja de las siglas al otro. Desde Podemos hasta Vox. Y el desencadenante no ha sido otro que la tradicional visita que suele rendirle por estas fechas al establecimiento un hombre de bien apodado 'Paco el patriota'. Su amistad de décadas con 'El tabernero' ha resistido siempre a las antípodas ideológicas que separan a uno del otro. O, quizás, esta distancia insalvable sea la que alimente una lealtad que, antes de la pandemia, se plasmaba en la enésima ronda con un abrazo de ambos en el que siempre le gritaban al resto de parroquianos lo mismo: «Lo último en esta vida es ser sectario, no se debe juzgar a nadie porque sea de derechas o de izquierdas, del Barcelona o de Don Real Madrid».

Allí, a nadie se le escapa ya que Paco es un señor diestro y que es honrado hasta el punto de abonarse a la autocrítica para evitar la autocomplacencia. Sin ir más lejos, anda tan curtido en desengaños de todo tipo que suele presentarse como «Paco el patriota, licenciado en Ciencias Escépticas». Paco lo cuestiona todo. Fundamentalmente, lo que huele a fuego amigo. Y sus brillantes análisis son los únicos que mantienen al tabernero embobado. Los oye sin rechistar.

Esta vez, Paco resume con suma precisión lo acontecido en Vox Málaga en un último trimestre del año en el que la disputa por el poder provincial ha evidenciado, si se sigue su oratoria, «el peligroso concepto de la democracia interna que maneja la formación». A su juicio, el esperpento ha terminado de cuadrar en vísperas de la Nochevieja «cuando quien realmente manda aquí a los ojos de Santiago Abascal, la diputada Patricia Rueda, ha completado su misión como pacificadora escenificando El Gatopardo de Lampedusa». «Estos se creen que los afiliados son tontos, aparentan mucho cambio para que todo siga igual que antes y, encima, terminan poniendo en la cúpula de la Gestora a dos miembros de la candidatura del derrotado José Enrique Lara, como son Antonio Sevilla y Carmen Barrios», dice.

'El patriota' insiste en que «se ha recurrido a un tapiz lampedusiano para tapar lo que siempre ha sido tan violento como valleinclanesco. Ahora quizás se entiende algo más que Enrique de Vivero dijese aquello de que Vox iba a repetir las primarias hasta que ganara Lara y luego, pese a que las ganó él, solo durase un mes en la presidencia provincial; tampoco extraña tanto que el propio ganador del proceso u otros candidatos se hayan dado de baja como afiliados; o incluso cuadra que Lara encajase con desbordante deportividad la derrota», expone. A Paco le parece insultante que «el elegido para la presidencia sea Antonio Sevilla, cabeza de la lista torremolinense en la que se coló la ahora casi sociata Lucía Cuín». Y le duele, sobre todo, «el oscurantismo que la cúpula del partido prioriza como algo natural en un proceso que le da voz a las bases. Nunca sabremos a ciencia cierta por qué se repitieron las primarias o, ni siquiera, si De Vivero ha dimitido por voluntad propia o si lo han obligado», subraya con determinación pese al grosor de la mascarilla rojigualda por la que emite sus argumentos.