Durante estos meses la mayoría de las noticias han sido duras, tristes e incluso dolorosas. Un año donde posiblemente las palabras más sonadas han sido coronavirus, cuarentena o vacuna. Pero en esta lista podríamos incluir también la palabra solidaridad o voluntarios.

A pesar de todo, la pandemia también nos ha dejado momentos de esperanza y solidaridad, que se han visto reflejados en esas imágenes, donde cientos de personas han estado ayudando a los que más lo necesitan o del aplauso que recibían día a día los sanitarios.

Los que han estado en primera línea de esta dura batalla, han recibido también el apoyo de compañeros, que ya jubilados, se ofrecieron de manera desinteresada a ayudar. Y entre miles de nombres, están los de Álvaro Pérez y Blanca Ramos, ambos médicos malagueños ya jubilados y actualmente rastreadores voluntarios.

En esta segunda ola, la atención primaria y el seguimiento de los contagiados ha sido y es vital. Por ello la labor de los rastreadores es pieza clave para controlar el virus.

Debido a la presión hospitalaria, el personal de rastreo escaseaba y por ello, médicos retirados como el doctor Pérez o la doctora Ramos no dudaron en ningún momento ofrecerse como voluntarios.

Durante la primera ola, la doctora Blanca Ramos se ofreció a ser rastreadora: «Debido a mi insistencia me mandaron en la segunda ola como rastreadora al centro de salud Jesús Cautivo».

Ramos se jubiló hace cuatro años, pero a pesar de ello tenía claro que su labor no acaba ahí: «Como médico aunque esté jubilada no dejó de serlo», reitera.

Durante años, su especialidad era la de Nefrología y de ahí su estrecho lazo con los enfermos: «Tengo mucho contacto con los enfermos crónicos, en mi trabajo estaba constantemente tratando con ellos y sus familias», afirma.

La doctora Blanca, forma parte del grupo de rastreadores que está a nivel presencial en nuestro Distrito Sanitario. Ahora su jornada laboral es de 08.00 a 15.00 horas, aunque admite que «a veces me llevo trabajo a casa».

Pero Ramos no olvida los difíciles momentos que ha vivido durante estos meses: «Aunque yo termino de completar datos que faltan o hago seguimientos, hubo momentos muy duros, mi labor también es acompañar, dar ánimos a parte de la información».

«Veía que mis compañeros estaban saturados, por eso me ofrecí a hacer esta labor», dice el doctor Álvaro Pérez.

Durante años fue médico de Familia en el Centro de Salud de Carlinda, y aunque se jubiló este pasado mes de mayo, no dudo en seguir de manera voluntaria como rastreador: «Me incorporé en septiembre, tras hacer un pequeño curso y ya llevo unos cuantos meses ayudando a nuestros compañeros», asegura.

Su labor, se centra en el rastreamiento de personas contagiadas o posibles contagios.

Pero su trabajo no se detiene ahí, Pérez ayuda a muchas de las personas a las que llama: «He visto que podemos ayudar mucho, como tenemos, relativamente tiempo, puedo atender a una familia, explicarles si tienen dudas, angustias o que me cuenten qué problemas o miedos tienen», asegura.

Durante estos meses, el doctor Álvaro ha atendido a cientos de personas angustiadas por la situación de la pandemia y cómo les iba a afectar el hecho de estar contagiados. Por ello, él mismo en muchos casos se compromete a seguir realizándo les un seguimiento: «Mi gran satisfacción es quitarle carga de trabajo a mis otros compañeros, o cuando les digo que las personas que han dado negativo. También recibí una carta de agradecimiento, para mí esa es la mejor paga», declara.

Tanto Ramos como Pérez tienen claro que «aunque estemos jubilados no dejamos de ser médicos y estaremos aquí hasta que podamos y hagamos falta»

Álvaro Pérez o Blanca Ramos son la representación y voz de cientos de médicos solidarios, que de manera desinteresada ofrecen su experiencia y sabiduría con el único objetivo de ayudar y volver cuanto antes a esa ansiada normalidad.

Aunque tienen una petición: «que colaboren más personas, porque es una labor muy complicada y necesaria».