La semana pasada este diario daba la noticia de la (exitosa) publicación de 'Málaga curiosa I', el libro de ediciones Jákara del periodista Antonio Márquez y el investigador Salvador Valverde.

La obra incluye la novedosa historia de la nao Victoria, la que completó la primera vuelta al mundo con Juan Sebastián Elcano (Fernando de Magallanes no la concluyó).

Como explican los autores, la nave tomó el nombre del convento sevillano de Santa María de la Victoria, de los frailes mínimos, donde Magallanes juró fidelidad al emperador Carlos V.

Lo que pocos saben y el libro detalla es que la advocación de la Victoria provenía de la Patrona de Málaga, pues en nuestra ciudad era donde los frailes mínimos tenían su casa matriz en España, dado que el primer convento que la orden fundó en nuestro país fue el de Málaga.

El pasado verano, la Real Hermandad de la Victoria, con Antonio Márquez de testigo, entregó un cuadro con la imagen de la Virgen de la Victoria a la Fundación Nao Victoria, aprovechando que la réplica de la embarcación estaba en nuestro puerto.

Este suceso entronca con una bonita investigación de Manuel Andrino, un notario salmantino de Marbella, fallecido en 2008, cuya familia publicó su obra póstuma, 'Victorianos', que desvela por qué a los boquerones se les llama así.

Según el investigador, no tiene nada que ver con el día de la Victoria ni con el Rincón de la Victoria Como explica, esta orden fundada por San Francisco de Paula, llamada la de los mínimos por ser su fundador «el Mínimo de los mínimos siervos» de Cristo, también era conocida como la de los frailes de la Victoria o victorianos.

Entre sus particularidades, un cuarto voto por el que hacían vida perpetua de Cuaresma, sin carne. Su alimentación se reducía a pan, agua, legumbres y pescado. Vivían sobre todo de la limosna, así que el tipo de pescado que recibían solía ser la morralla, incluidos los boquerones más pequeños.

Tan importante era ese sustento que los frailes trasladaron a Puerta del Mar la casa conventual para estar cerca de la pesca.

Andrino sugiere que los boquerones comenzaron a llamarse entonces victorianos, por sustentar a los frailes y por ser a su vez unos pescados 'mínimos'. No serían los primeros nombres 'jocosos' de pescados: a los antiguos seminaristas se les llamaba 'salmonetes', recuerda.

El notario sugiere además que la costumbre de unir los boquerones por la cola pudo venir de los mismos frailes, al tratarse de un antiguo símbolo cristiano, presente en las catacumbas.

¿Los boquerones victorianos eran los que alimentaron a los frailes de la Victoria?, para el notario salmantino, una hipótesis mucho más sólida que la relacionada con el día de la Virgen de la Victoria, cuando se pescan unos boquerones que en nada resaltan del resto y el Rincón de la Victoria, un nombre bastante moderno.