La caída de temperaturas que ha precedido a la destructora borrasca «Filomena» está evidenciando la coexistencia de dos tipos de ola que deben combatir los centros escolares: la Covid-19 y el frío de un invierno característico por las bajas temperaturas.

Con una ratio media de 25 alumnos por aula, los centros educativos andaluces han elaborado sus protocolos anticovid en los que se prioriza la ventilación de las clases con el fin de evitar los contagios manteniendo ventanas y puertas abiertas para facilitar las corrientes de aire.

Con la llegada del invierno, esta medida supuso que los alumnos acudieran a clase con abrigos de más, guantes, gorros e incluso mantas y alguna estufa, una situación que la ola de frío se ha encargado de recrudecer, especialmente en las zonas más desfavorecidas, en las que los estudiantes carecen de recursos en sus hogares para luchar contra el helor.

«Muchos de nuestros alumnos viven en infraviviendas, que tampoco tienen unas características apropiadas. El problema es el coste de la electricidad y los precios de los radiadores y de la ropa y el calzado adecuado para el frío. Hay gente que no puede afrontarlo», explica Virginia Arjona, directora del colegio Gálvez Moll, ubicado en La Palma, donde usan pequeños estufas para calentar algo las clases. «Pese a que nuestro colegio no está acondicionado ni para el frío ni para el calor entendemos que ahora es prioritario cumplir con las recomendaciones sanitarias. El ambiente es de colaboración», añade.

Para esta docente, volver a la enseñanza telemática mientras pasan los días de frío -una petición de algunos sindicatos- no es una salida viable. «A no ser que haya un brote en el colegio, mientras la situación esté controlada, consideramos que la escuela debe ser presencial. Para nosotros la brecha supone todavía más la pérdida de contacto con nuestros alumnos y, cuanto menos, la pérdida del curso escolar».

Sin previsión

No obstante, la ola de frío ha activado las alarmas en el plano sindical, que ha vuelto a criticar una «falta de previsión» por parte del Ejecutivo andaluz, para asegurar una correcta climatización de las aulas andaluzas durante el invierno y en plena pandemia. «Lo que estamos demandando a la Junta de Andalucía es que haga algo para combatirlo. Hasta ahora lo que se dijo es tener los espacios bien ventilados, pero con esta ola de frío es que es imposible», insta Félix Martín, secretario general de Enseñanza de CCOO, que defiende la vía telemática si los centros no están bien equipados para el frío.

Por su parte, el sindicato mayoritario de la enseñanza concertada y privada, FSIE, reitera su petición a las administraciones públicas para que instalen en los centros educativos andaluces, «independientemente de su titularidad», sistemas de filtración y purificación del aire mediante filtros HEPA. «Nos encontramos a los profesionales y a los alumnos de los centros educativos desarrollando la labor educativa en unas condiciones extremas, que atentan contra su salud y seguridad», lamentan en un comunicado, donde afean la «imprevisión» de las administraciones.

Para Encarna de la Chica, portavoz de Educación en UGT, los equipamientos técnicos -como los purificadores o los sensores de CO2- serían una buena opción, pero su instalación no es inmediata, por lo que solicitan una reducción de la ratio en las aulas que evite las aglomeraciones.

«Esto es un problema para hoy no para dentro de cinco años», apremia De la Chica. « Los centros son el polo norte cuando se supone que un ambiente de hábitat normal debería estar en los 24 grados que es lo que establece la prevención de riesgos laborales para las oficinas. Esto es un problema que se veía venir y no se ha hecho absolutamente nada», insiste la sindicalista de UGT.

En esta idea también abunda Rinske, una holandesa residente en el barrio malagueño de El Torcal, con dos hijos de 12 y 15 años. «Mi hijo, con los labios morados, tiritando, sin ser capaz de coger su mochila... es increíble lo que está pasando», denuncia. En su caso, sí considera que la vía telemática sería una solución lógica mientras acompañe la ola de frío para que sus hijos no pasen toda una mañana con las ventanas abiertas en clase. «No podemos ir a cenar, no podemos hacer nada, pero los niños pueden ir al colegio. Si yo digo que mi hijo no va al cole me dicen que es que tiene derecho a la educación».

Educación

El consejero de Educación y Deporte, Javier Imbroda, defendió ayer que en las directrices de Salud a los centros escolares para el reinicio de las clases tras las vacaciones navideñas «no dice que las ventanas de las clases deben estar abiertas la hora de clase, no dice eso» y añadió que «en aquellos lugares donde hace mucho frío se haga en diez minutos durante los cambios de clases».

Imbroda sostuvo que «las ventilaciones se tienen que gestionar», por lo que sugirió acudir a los centros educativos «un poco más abrigados» y situó la competencia en manos de los docentes al trasladar su «confianza» en que serán quienes «van a saber gestionar, cuando ventilar, si hace mucho frío, para que se renueve el aire».

Tras trasladar su escepticismo por la instalación de aparatos purificadores del aire, esgrimió que «los expertos nos dicen que no son sustitutivos de la ventilación natural», aunque reconoció que «estamos viviendo una tercera ola de Covid, que hace mucho frío». No obstante, el titular de Educación apeló a su convencimiento de que «la responsabilidad, la colaboración, y las medidas de seguridad van a seguir obteniendo estos resultados», en referencia al primer trimestre de clases.

Por último, Javier Imbroda se refirió a la Consejería de Salud argumentando que el departamento que él dirige, Educación, se «ciñe» a sus directrices, por lo que, además, afirmó que la situación de la climatización de las aulas «no es una cuestión educativa, es de salud pública».