Hace casi un siglo, en 1924, la familia Mestanza comenzó a cultivar las tierras de esta fértil vega, en el término municipal de Málaga, en el distrito de Campanillas. Un paraíso de 73 hectáreas de naranjos, limoneros y mandarinos, desconocido para muchos malagueños porque el cauce del río Guadalhorce, frontera natural entre Málaga y Alhaurín de la Torre, retrocedió y la vega quedó tras el río y pegada a Alhaurín.

Desde el pasado verano, sobre este mar de frutales planea la sombra de una nueva Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) que, pese a ser terreno inundable, ocupará 29 hectáreas de la vega, y eso sin contar los colectores. La obra, ya licitada por la Junta de Andalucía, con un presupuesto inicial de 131 millones de euros, cuenta con el visto bueno de los alcaldes de Málaga, Cártama, Alhaurín de la Torre y Alhaurín el Grande, municipios a los que dará servicio la futura EDAR Málaga-Norte.

«Esta vega es una joya para Málaga capital, mire usted todo el oxígeno que da a Málaga. Desde niña he alineado los naranjos con mi padre. Aquí tenía que venir Antonio Banderas a ayudarnos», pide Mari Carmen Mestanza, profesora jubilada, que señala que unas 300 familias, muchas de ellas descendientes de los primeros Mestanza de hace un siglo, viven de lo que produce la vega. Ahora, su futuro quedará en entredicho, cuando la depuradora suponga arrancar más de 10.000 árboles.

«Cuando el alcalde de Málaga vino aquí dijo que había que cambiar de sitio la depuradora», recuerda Mari Carmen Mestanza. A este respecto, los vecinos consideran que la solución ideal sería ampliar la actual depuradora del Guadalhorce y preservar así la última vega de Málaga.

Además, como muestra a La Opinión de Málaga el ingeniero agrónomo José Pérez, las lluvias del pasado 8 de enero provocaron el desbordamiento del pequeño arroyo junto a la vega, cuyas aguas ocuparon el cauce viejo del Guadalhorce y rebozaron por el terreno. «El agua llegó a 1,50 o 1,60 metros de altura, y estamos junto al camino que en teoría tienen que usar para construir la depuradora», destaca, al tiempo que recuerda que en las inundaciones del 89, «de los árboles sólo se veían los cogollos».

En otro rincón de la plantación, muestra cómo la fuerza de las aguas ha arramblado con una escollera de protección. «Y se trata de un arroyo, por suerte el río Guadalhorce no iba lleno», destaca.

Pero los vecinos de Mestanza ya han pasado a la acción. El pasado viernes su abogado y experto en temas medioambientales, Marcelino Abraira, presentó un recurso contencioso administrativo ante el TSJA en el que como medida cautelar, por la indefensión de los vecinos, reclama la anulación del proceso. «Para consultar el expediente del proyecto, la Junta remitía a una web y no se veía nada y después de un mes, nos mandó un disco que no estaba completo», detalla el abogado.

Marcelino Abraira sostiene que «de las cinco alternativas para poner la depuradora, han elegido la peor y la más cara medioambientalmente hablando» y destaca que al ser la zona de Mestanza inundable, la depuradora deberá ir sobre una isla artificial, «habrá que subir cinco metros, y cuando haya una riada como la que hubo hace unos días, el agua va a inundar las viviendas».

A su juicio y tras sus propios informes periciales, el proyecto es «una aberración técnica y jurídica». Por eso anuncia: «No vamos a cejar hasta llegar al tribunal que sea. Si los españoles no nos dan la razón, y creo que nos la darán, llegaremos hasta el final».

La concejala de Medio Ambiente, Gemma del Corral, que recordó que este proyecto se gestó durante la etapa socialista de la Junta, subrayó el viernes a este periódico los intentos que ha hecho el Ayuntamiento de Málaga, con el alcalde Francisco de la Torre a la cabeza, por buscar otra alternativa. «En este Ayuntamiento hemos empatizado mucho con estas familias y estamos muy cercanos a su problema. Hemos hecho todo lo posible para estudiar cualquier alternativa. Si surgieran las pondríamos encima de la mesa pero no existen», lamentó. La edil explicó que la parcela anexa a la estación del Guadalhorce se desechó hace años y ya no hay los mismos metros cuadrados.

Por su parte una portavoz de la Junta de Andalucía declaró a este periódico que la decisión del emplazamiento «se tomó en 2017 por unanimidad de todos los alcaldes implicados, con informes técnicos de la Consejería y sin alegaciones de nadie. No hay motivos técnicos, ni legales, para objetar a su ubicación tras varios años de tramitación», añadió. El futuro de la Vega de Mestanza se verá en los tribunales.