Del 5.000 al 4.500 antes de Cristo, en la provincia de Málaga se habría gestado una de las escrituras más antiguas del Mediterráneo, la Escritura Lineal Megalítica (ELM), cerca de mil años anterior a la famosa escritura cuneiforme. Este hecho adelantaría a finales del Neolítico el nacimiento de la escritura.

Tan sorprendente hipótesis, una noticia arqueológica de alcance mundial, tiene detrás un largo camino de investigación, que comenzó en los años 60 y llega a nuestros días.

El responsable es el arqueólogo malagueño Juan Manuel Muñoz Gambero (1942), uno de los pioneros de la Arqueología en Andalucía y descubridor de la ciudad fenicia del Cerro del Villar, que ha compilado sus conclusiones y pruebas empíricas en ‘El origen de la escritura. La magia de los símbolos’, un trabajo editado por la Fundación Unicaja, a quien el autor quiere agradecer su apoyo. Además, confía en que el libro, escrito para que también llegue al lector no especialista, tenga una difusión internacional.

Como explica, esta apasionante historia comenzó en 1959 en el yacimiento arqueológico de Carteia (San Roque, Cádiz), donde el joven malagueño estaba a cargo de la excavación. Allí localizó una piedra «llena de rayas». «Me quedé muy extrañado porque en el entorno no había árboles ni zona de agricultura. No podía haberlo hecho un arado», subraya.

Juan Manuel Muñoz Gambero en 2015, en una visita al Cerro de la Tortuga.

Decidió entonces mostrar el hallazgo a Julio Martínez Santa-Olalla, comisario general de Excavaciones, quien le informó de que eran grabados prehistóricos. «Yo me quedé francamente impresionado y ahí comienza el afán por descubrir e interpretar estas cosas», confiesa.

Cuando poco después pudo excavar el Cerro de la Tortuga, en Málaga capital, descubrió una piedra muy parecida a la de San Roque. «Ahí tuve un debate largo y profundo para convencer a mis compañeros de que aquellos grabados eran antrópicos, hechos por la mano del hombre», destaca.

Con el paso de los años, fue comprobando que estas piedras aparecían en montes, cuevas, arroyos, lagos y pantanos, con especial incidencia en la provincia de Málaga pero también en el resto de España y muchos puntos del Mediterráneo como Cagliari (Cerdeña) o el Norte de África pero también en el Egeo y Centroeuropa. «Mi hipótesis es que es un tipo de escritura que desde Málaga se difunde a Europa, a través del comercio marítimo, y no al revés», sostiene.

El nombre de Escritura Lineal Megalítica, detalla, hace referencia a que se encuentra en piedras de gran tamaño (megalitos) con algún tipo de significado funerario y relativo al agua, sin descartar «el culto astral, al sol y a la luna».

Todos estos elementos explicarían que estelas con ELM las haya localizado en lugares como el Cerro de la Peluca, los dólmenes de Menga y Viera, la Cueva del Humo, Peñas de Cabrera o el actual pantano de la Viñuela, «que sería un valle impresionante con un río como el río Guaro y que está plagado de tumbas y grafemas con grabados», indica.

El arqueólogo muestra una piedra con signos en 2015.

Estelas de pie

Juan Manuel Muñoz Gambero explica que estas inscripciones en piedras -a veces antropomorfas pero sin tallar- se realizaban en los cantos de las estelas y dejaban una parte sin grabar, «seguramente, el lado del apoyo porque estas estelas estarían de pie».

Y aunque no se conoce un texto bilingüe, un piedra de Rosetta que ayudara a descifrar los textos, ni al arqueólogo malagueño ni a varios especialistas europeos les cabe ya duda de que se trata de un tipo de escritura.

Para llegar a esta conclusión, el descubridor de la ELM ha dividido en dos tablas la secuencia de la escritura y su seriación, con un número para cada signo distinto. «En la secuencia se ve cómo se ha escrito y en la seriación se demuestra que los número se repiten, no son aleatorios», subraya, al tiempo que resalta que se trata de una investigación de campo con muchos años detrás.

Con este sistema ha identificado 652 signos, una cifra que ha logrado reducir a 40, ya que muchos de ellos son variantes de un mismo signo, algo que podría indicar formas distintas de escribirlo, como pasa en la actualidad con la escritura a mano.

Una de las estelas con inscripciones, localizadas por Juan Manuel Muñoz Gambero en el Cerro de la Tortuga de Málaga capital hace más de 60 años

La Escritura Lineal Megalítica (ELM) también aparece a la entrada del Dolmen de Menga (Antequera), en uno de los ortostatos (bloque grande de piedra colocado de forma vertical, según la RAE).

Además, junto a los signos, en ocasiones se alternan grabados con formas humanas y figuras de todo tipo: femeninas con vestidos llamativos, personajes con báculos, pájaros, mujeres que recogen frutas de los árboles...

Por otra parte, el prestigioso arqueólogo está convencido de que de este sistema de escritura serían sus herederos los iberos.

Por todos estos elementos, concluye que ·«todos estos fenómenos lo que te hacen pensar es que estamos ante un mundo maravilloso que empieza a conectar la revolución de la agricultura y la ganadería con la revolución de la escritura. La comunicación entre pueblos».

Todo este trabajo, precisa, ha sido posible gracias a sus compañeros del Instituto de Investigaciones Arqueológicas Malaka, heredero del famoso Grupo de Investigaciones Arqueológicas y Espeleológicas de la OJE de Málaga, que fundó a finales de los 50.

Entre 1960 y 1968, el Grupo de Investigaciones Arqueológicas y Espeleológicas de la OJE de Málaga, fundado por Juan Manuel Muñoz Gambero, excavó el Cerro de la Tortuga, donde localizó las primeras piedras con grabados.

En el instituto, destaca, trabajan de forma altruista 16 personas y el equipo de campo dedicado a los grabados está formado principalmente por Adriano Corrales, José Bermúdez, Roberto Cabrera y Francisco Montiel. El arqueólogo también quiere destacar la ayuda de Manuel Oses, que lleva ligado al hallazgo desde 1995, así como al actual alcalde de Málaga Francisco de la Torre, quien siendo concejal de Urbanismo concedió la única subvención a este proyecto.

«Estamos casi mendigando que se nos ayude y cuando pedimos un dinero es para traer a profesores de talla mundial. Nos cuesta llegar al político, no entendemos cómo no es capaz de entender la importancia que esto tiene para el patrimonio histórico y arqueológico y para el turismo cultural, que tanto dinero deja», argumenta.

Quizás este sorprendente estudio de notoriedad mundial cambie radicalmente el panorama.