La tendencia al sedentarismo que se inició con el primer confinamiento por el Covid-19 se alarga hasta la actualidad. La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad insta a levantarse del sofá y a realizar toda la actividad física que sea posible ya que la reducción de movimientos desde que empezó el virus puede provocar más infartos e ictus. Máxime si se produce un segundo encierro domiciliario ante el empeoramiento de la situación epidemiológica.

¿Cómo está afectando la pandemia a la actividad física?

La actividad física se ha reducido en los meses de pandemia, lo que tendrá repercusión. A esta situación se suma la saturación de los sistemas públicos de salud, por lo que se está haciendo un seguimiento menos estrecho de las patologías crónicas cardiovasculares, de la diabetes, de la propia obesidad y de otras dolencias.

¿Qué consecuencias puede tener en la salud?

La reducción de la actividad física unida a la falta de seguimiento de algunas patologías crónicas puede provocar efectos colaterales como infartos e ictus. El miedo de los pacientes a acudir a Urgencias por temor a contaminarse también está motivando que muchas personas con una enfermedad grave, como una patología cardiovascular, aplacen su visita al hospital. Muchos de ellos acumulan retrasos de pruebas complementarias y terapéuticas. Todo sumado puede provocar que enfermedades crónicas y graves incrementen su mortalidad y morbilidad. El estilo de vida menos saludable que hubo durante el confinamiento y en este semiconfinamiento que vivimos contribuye al empeoramiento de las patologías graves prevalentes en nuestra sociedad.

¿Qué puede ocurrir con otro confinamiento domiciliario?

Un confinamiento tan intenso como el de marzo puede influir de forma directa en la salud física y la salud mental de la población. Sin duda. Centrándonos en mi especialidad, la endocrinometabólica, si en el primer confinamiento se produjo un incremento de peso, lo previsible es que vuelva a pasar. Todo el mundo piensa en ello y, si hay que hacerlo, habrá que hacerlo para frenar el virus pero no será a coste cero ni en la salud física ni en la psíquica de la población, que se v a a resentir con un segundo encierro, sobre todo si es tan intenso como el primero. Esperamos que sea más corto y que no tenga tanta magnitud.

¿Qué se puede hacer en casa si volvemos a encerrarnos?

La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad dio bastantes recomendaciones durante el confinamiento. Estar en casa no significa no poder estar activos. Hay que hacer ejercicios de fuerza con piernas y brazos. No hace falta tener pesas, una botella de 2 litros de agua puede servir. Los ejercicios de fuerza son muy recomendables en el domicilio, también las sentadillas y las flexiones, cosas que se pueden hacer sin que se requieran grandes espacios.

¿Qué datos arroja el estudio que hizo la Sociedad sobre el peso en tiempo de cuarentena?

Más de la mitad de la población reconoce haber subido de peso entre dos y tres kilos de media, lo que cuadra con el incremento de consumo de harinas, snacks y bebidas azucaradas, y también alcohólicas, que se experimentó pese al cierre de bares y restaurantes. Creció de forma importante el consumo de productos no saludables, en un alto porcentaje ligado a la ansiedad por las circunstancias. Después muchas personas han seguido aumentando de peso porque la actividad física se ha reducido, lo que tiene una repercusión en todos estos meses que llevamos de pandemia.

¿Cuáles son los últimos datos de obesidad en España?

Son muy altos, más de la mitad de la población no tiene un peso saludable. Un 30% sufre sobrepeso, y entre el 20% y el 25% está por encima de su peso.

Ya se ha establecido la relación entre obesidad y casos graves de coronavirus...

Está absolutamente demostrado que los sujetos que tienen obesidad tienen más posibilidades de sufrir formas más graves de infección. Hay una relación muy directa entre el exceso de peso y las necesidades de ingreso, cuidados intensivos, ventilación mecánica y con la mortalidad. El peso es un factor de riesgo de mala evolución para el Covid-19.

¿Cómo se cambian hábitos?

Un discreto incremento de peso debe encender la señal de alerta pero cuando hablamos de obesidades importantes y extremas hacen falta herramientas como medicamentos e incluso cirugía para resolver el cuadro. Lo fundamental es la prevención, poniendo remedio a los kilos de más con medidas muy eficaces. Es fácil estar un mes a dieta reduciendo alimentos hipocalóricos y perder tres o cuatro kilos. Cambiando el estilo de vida cualquier persona puede bajar de peso aunque vivimos en una sociedad obesogénica. Hay que salir a la montaña, andar al menos 10.000 pasos al día, hacer ejercicios de fuerza en casa. Todo eso es garantía de salud.