Ayer, este diario contaba las dificultades por las que atraviesa la Fundación Cementerio Inglés de Málaga, un organismo privado sin ánimo de lucro que desde 2006 hace todo lo que puede por mantener en un estado digno el camposanto protestante más antiguo de la España peninsular, pues el más veterano es el del tinerfeño Puerto de la Cruz, del que ya existe constancia documental en el siglo XVII.

El de Málaga es de 1831, el mismo año en que fusilaron al general José María Torrijos, por eso uno de los primeros huéspedes del cementerio fue el norirlandés Robert Boyd, uno de los hombres del militar madrileño.

Lo cierto es que resulta difícil de entender que los 30.000 euros de gastos fijos al año que, según la Fundación, cuesta mantener el Cementerio Inglés -la mitad de lo que gana al año un concejal ‘raso’ de cualquier partido- sea una cantidad que no la pueda asumir el Ayuntamiento, que ha sido capaz de conseguir con gran éxito la recuperación del Cementerio de San Miguel.

Sin ayudas de ninguna administración o entidad, la fundación hace lo que puede y por eso ahora, en plena pandemia y con un desplome de visitantes, ha tenido que cerrar entre semana.

Pero si el Consistorio no contempla el hacerse cargo del BIC sí que podría prestarle una estupenda ayuda si desbloqueara un asunto urbanístico de fácil solución.

Como el martes recordaba el vicepresidente de la Fundación, Jaime Aguilera, el camposanto protestante podría contar con un mirador excepcional, con vistas hasta ahora no disfrutadas por los visitantes.

El caso es que, hace unos 20 años, cuando construyeron un edificio detrás del cementerio, quedó una calle ciega, cerrada al tráfico y a los peatones, un espacio entre el muro de piedra de la urbanización y el antiguo muro (en mal estado) del Cementerio que suele llenarse de basura.

Como recuerda Jaime Aguilera, el propio alcalde, Francisco de la Torre, manifestó en una visita que no habría ningún problema en ceder esta calle sin uso al camposanto.

De esta manera, el Cementerio Inglés podría crecer unos metros al norte e incorporar un nuevo bancal que, transformado en mirador, regalaría unas vistas magníficas del monumento, con los pisos de Cantó y el mar de fondo.

El vicepresidente explicó que hace un par de años envió una carta a Urbanismo proponiendo esta solución, pero la Fundación no recibió respuesta. Sirvan estas líneas para recordar el visto bueno del alcalde para que el Cementerio Inglés tenga pronto un bello mirador.