Un año después del estallido de la pandemia, la economía malagueña sigue sufriendo los estragos derivados de la crisis sanitaria, en particular sectores como el comercio o la hostelería, que han sufrido la merma generalizada del consumo, unas restricciones horarias y de movilidad que minimizan la afluencia de clientes y, ahora de nuevo, el cierre forzoso decretado para la actividad no esencial en buena parte de la provincia al haber sobrepasado muchas localidades la tasa de mil contagios por cada 100.000 habitantes. La drástica caída de ingresos no impide, sin embargo, que los propietarios de estos negocios sigan estando obligados a afrontar multitud de gastos, ya sean tasas e impuestos, alquileres o seguros sociales, lo que los coloca al límite de la supervivencia.

De hecho, tanto la Asociación de Hosteleros de Málaga (Mahos) como el colectivo Málaga Comercio estiman que cerca de un 20% de los negocios de su sector ha podido echar el cierre debido a esta durísima situación y advierten de que, si no hay ayudas decididas de las administraciones y la evolución sanitaria continúa siendo negativa, se podrían alcanzar en sus sectores a medio plazo porcentajes de clausuras del 30% e incluso del 40% del total. La estampa de abandonos empieza a ser visible en zonas como el Centro de Málaga, donde hay bastantes locales hasta hace meses ocupados en cuyos escaparates aparece ahora el cartel de «Se alquila».

De momento, la estadística de empresas de la Seguridad Social indica oficialmente que el número de negocios del sector servicios en Málaga ha caído un 6% desde el inicio de la pandemia (se han perdido unas 2.650 empresas), bajando de 43.700 a poco más de 41.000. Es dentro de este sector terciario donde se encuentran segmentos como la hostelería y el comercio, especialmente afectados por el impacto de la pandemia. Se calcula que en la provincia, por ejemplo, podría haber cerca de 18.000 locales de hostelería y unos 13.000 comercios .

El otro indicador que refleja el descenso de actividad es el del empleo. Si en febrero de 2020 había más de 81.000 trabajadores asalariados en el comercio y 62.000 en la hostelería, las cifras en este arranque de 2021 son de 77.400 y 46.600 respectivamente, con una bajada global del 14% (la hostelería, con un 25% en su caso, es la más perjudicada). Y todo esto sin contar que muchos negocios tienen a parte de su plantilla o a toda ella en ERTE, aunque sigan contabilizados como ocupados. La última cifra de personas incluidas en estos expedientes en Málaga es de 34.000 y, sin duda, buena parte son de hostelería y el comercio.

Una situación «dramática»

El presidente de Mahos, Javier Frutos, estima a este periódico que, aunque no cuenta con cifras concretas, su impresión es que un 20% de los negocios de hostelería ha podido haber echado ya el cierre, ahogado por la falta de ingresos y las obligaciones de pago. Según comenta, las ventas han descendido hasta un 70% en este tiempo pero los propietarios siguen atendiendo gastos fijos.

«Hay que pagar alquiler, agua y luz, impuestos y seguros sociales sin que tengamos prácticamente ningún tipo de ayuda. Y cuando haya que empezar a devolver los préstamos ICO la situación será todavía más complicada», apuntó. A su juicio, el proceso de vacunación, si se revela exitoso, es el único elemento de optimismo al que agarrarse.

«Desgraciadamente, las administraciones nos tienen al margen de cualquier decisión de parada de actividad, así que, o lo de la vacuna sale bien o el problema económico va a ser muy gordo. La cuestión es que podamos salir de esta crisis como empresas solventes, porque la recuperación una vez pase esto tampoco será de golpe», añade Frutos, que teme que la pandemia, si la situación no mejora, pueda llevarse por delante hasta un 40% de los negocios.

«Tanto este año como 2022 van a ser ejercicios donde se van a ver muchas quiebras de empresas. Y más allá de la dramática situación que viven los empresarios hablamos también de un daño de imagen para Málaga», apunta en referencia a los locales cerrados que empiezan a proliferar.

En relación a los alquileres, Frutos dice que en algunos ocasiones se está llegando a acuerdos con los arrendadores para rebajar la renta. «Hay caseros que sí son más receptivos a la situación y otros no. Depende de cada caso», dice. Igual pasa en el comercio.

La hostelería pierde en España 70.000 millones y 85.000 locales

La hostelería española concluyó 2020 con pérdidas de 70.000 millones de euros en la facturación, alrededor del 50% de sus ventas, y con el cierre definitivo de 85.000 bares y restaurantes por el impacto de la crisis sanitaria. «El sector está en un momento crítico. Es dramático y lamentablemente aún no se ha tocado fondo», avanzó el secretario general de Hostelería de España, Emilio Gallego.

En concreto, el sector destaca que actualmente hay 360.000 trabajadores en ERTE, mientras que calculan que se han perdido 300.000 de manera completa. Gallego lamenta que bares y restaurantes sean los señalados en esta crisis «de forma injusta». Las administraciones no han hecho lo que tenían que haber hecho y ahora lo estamos viendo con las vacunas», denunció. También pidió ayudas directas que permitan sobrevivir a las empresas y, con la vuelta a la actividad, medidas de reactivación de la demanda.

Por parte de este sector, la asociación Málaga Comercio calcula también que un 20% de negocios puede haber cerrado ya y pronostica que, si la mala situación se prolonga en el tiempo, la tasa podría moverse entre el 25% y el 30%. Su presidente, Salvador Pérez, ha manifestado que el cierre de la actividad no esencial es un «palo más» que puede amenazar con «el hundimiento» de muchos negocios. El sector, dice, está extenuado tras un año de «agonía» y ese «desánimo» puede provocar que haya comerciantes que se planteen el cierre definitivo.

«Esto es un drama. No hay para pagar seguros sociales, alquileres ni nóminas, y este nuevo cierre nos va a llevar a la ruina completa. Lo que tenga que pasar, que pase ya. Es una losa definitiva», dijo. Los descensos en las ventas se mueven entre el 30% y el 60%.

Por otro lado, Málaga Comercio está elaborando un decálogo de propuestas que piensan trasladar a las administraciones. Entre esos puntos figurará que durante el cierre de la actividad no esencial se permita a los comercios servir pedidos en tienda que se recojan con cita previa, y no sólo la venta online a domicilio. «Así ahorramos un coste», apuntan. También quieren que las ayudas no excluyan en sus requisitos a aquellos que abrieron justo antes de la pandemia o durante la misma. «Hay algunos que no están teniendo posibilidad de acceder a nada», se quejan.