Si en la asignatura de Química se experimenta en el laboratorio o se utilizan los ordenadores en Informática, ¿dónde se lleva a la práctica la asignatura de Religión? Esta es la pregunta que se hizo hace veinte años el hermano Ramón Rodríguez Mayor en el colegio Nuestra Señora de la Victoria-Maristas de Málaga. Ese fue el germen del Plan de Educación Social que ha permitido iniciar en el voluntariado a unos 2.000 alumnos en estas dos décadas con la colaboración de una treintena de instituciones y ONG dedicadas a ayudar a los demás.

«Lo que pretendemos es que el alumno tenga un conocimiento de unas realidades que la mayoría de las veces le son ajenas», explica Federico Fernández Basurte, director de Maristas Málaga y responsable del Plan de Educación Social durante al menos una década.

Por ello, la parte más innovadora de este plan, que también incluye una formación teórica, es la dedicación de una hora y media o dos a la semana -fuera del horario lectivo- a acciones y experiencias de iniciación al voluntariado en instituciones malagueñas. Una formación que forma parte del currículum de 1º de Bachillerato, es decir, es obligatoria, y que se enmarca en la asignatura de Religión. Además de estar incluida en el Proyecto Educativo del Centro.

El Hospital Materno Infantil acoge uno de los talleres del Plan de Educación Social. | L.O.

Los alumnos van en grupo y siempre junto a un acompañante adulto, una figura fundamental en esta iniciativa cuya labor llevan a cabo hermanos de la comunidad Marista, profesores, padres y madres de la promoción o de antiguas promociones o incluso exalumnos.

«Algunos llevan casi 20 años acompañando. Se crea una red en torno al Plan de Educación Social muy buena. Tiene el valor de implicar a toda la comunidad educativa»

Federico Fernández Basurte - Director del colegio Maristas Málaga

«Algunos llevan casi 20 años acompañando. Se crea una red en torno al Plan de Educación Social muy buena. Tiene el valor de implicar a toda la comunidad educativa», destaca Federico Fernández.

Tras una formación previa en el aula y con los acompañantes o con personal de la propia asociación, los alumnos toman contacto con distintas realidades. Así, en estos años han participado en experiencias con niños hospitalizados en el Materno, con personas mayores en residencias, en asociaciones como Síndrome de Down Málaga o Aspromanis o en la propia Obra Social Suman2+ de la Fundación Marcelino Champagnat.

Son experiencias muy variadas que, como destaca el director de Maristas, suponen para los alumnos un «aprendizaje para la vida y les dejan huella», aunque algunas sean complicadas como cuando una persona mayor de las que conocen en las residencias fallece o los talleres de salud mental como el de las Hermanas Hospitalarias o el de San Juan de Dios.

Cada alumno elige el taller que quiere y crea un vínculo y un compromiso durante todo el curso, aunque en el caso de que no se adapten pueden cambiar. Algo que no ocurre con frecuencia. De hecho, el Plan de Educación Social tiene tan buena acogida que los alumnos aspiran a participar en él desde que son pequeños.

«Somos conscientes de que estamos sembrando la semilla del voluntariado, de la solidaridad. No todos los estudiantes van a adquirir un compromiso solidario, pero muchos de ellos sí. Hay antiguos alumnos que se quedan enganchados», destaca Fernández.

Es el caso de Alba Rojas, antigua alumna que ahora ejerce de acompañante en un grupo de la Obra Social de la Fundación Marcelino Champagnat. «El Plan Social de Voluntariado del cole es una parte muy importante en mi vida porque fue un punto de inflexión donde empecé a ver que existían diferentes realidades en mi vida, pero que estaban muy cerca mía, que no tenía que irme lejos para ser consciente de ellas», cuenta.

«El voluntariado es como una señal de STOP gigante que te dice: espera, que aquí está lo importante, que aquí es donde realmente vas a crecer como persona; déjate de agobios, déjate de notas, déjate de exámenes, que durante dos horas pueden esperar, y tú disfruta de esto», afirma.

Por su parte, Jorge Peinado, alumno de 2º de Bachillerato que vivió la experiencia en el primer trimestre del pasado curso en el Hospital Materno Infantil, lo describe como algo único. «Me ha hecho ver las cosas de manera distinta. Sobre todo, el hecho de poder sacar una sonrisa a los niños».

Susana Martín Gallego, también de 2º de Bachillerato, estuvo con personas con discapacidad tanto intelectual como física en un taller de manualidades de la Obra Social de la Fundación de Maristas. «Pienso que es algo que todo el mundo debería vivir porque te hace darte cuenta de lo que realmente tenemos», asegura.

Diario Reflexivo

Todas esas vivencias quedan escritas en el Diario Reflexivo, el ‘producto final’ de ese Aprendizaje de Servicio que realizan y en el que, como resalta Federico Fernández, hacen «un trabajo de interiorización, de reflexión que comparten sólo con el profesor y en el que se refleja cómo van impactando estas experiencias en el alumno.

Entre sus muchos recuerdos, el profesor y director de Maristas rememora cómo se emocionó con un alumno que ayudaba a niños autistas y que, tras semanas complicadas por los problemas de estos menores para comunicarse, escribió en su diario: «Hoy me ha acariciado el brazo».

Este curso y parte del anterior, las restricciones por el coronavirus han impedido que el Plan de Educación Social de Maristas se realice en las mismas condiciones. Aunque los alumnos no pueden ir a los talleres en las organizaciones, están teniendo la experiencia a través de videollamadas o visitas en el propio colegio de personas que les transmiten sus vivencias con migrantes o refugiados, por ejemplo.

El deseo para el futuro todos lo tienen claro: volver a la acción para que la cantera del voluntariado siga creciendo.