La fachada del CEIP Manuel Altolaguirre, en plena Palma-Palmilla, no tiene ni una sola pintada y si a algún valiente se le ocurre dejar su huella, la ‘obra’ no dura ni un día. Es un empeño personal de Miguel Ángel Muñoz, director de este centro, que tiene claro cuál es el mensaje que quiere mandar. «Porque estemos en Palmilla no somos gueto. Las pintadas dan sensación de dejadez y eso te va imbuyendo», afirma. Al contrario, su objetivo es mantener la mayor actividad y productividad posible, incluso en este curso marcado por la pandemia.

El absentismo habitual en un centro de compensatoria como éste se ve acrecentado este año por el miedo de las familias al Covid-19. Si en un curso ‘normal’ la asistencia al Manuel Altolaguirre era de entre el 75 y el 80%, ahora ha bajado hasta el 50-65%.

Una escena a la entrada del colegio ejemplifica el temor de las familias. Por primera vez tienen un aula confinada por un caso positivo y uno de los padres muestra su preocupación al director, que le tranquiliza y le informa de que esta semana podrá llevar de nuevo a su hijo a clase si da negativo porque tienen campamento de Semana Blanca.

El trabajo de los directores en pandemia se ha multiplicado. «Este es el peor año a nivel de estrés, pero para mí es el más motivante porque intentas quitar el miedo a las familias y reinventarte con una serie de proyectos», manifiesta Miguel Ángel. Y se queda corto porque no es que el Manuel Altolaguirre tenga nuevos proyectos este curso, es que tiene más que nunca. Todo un cargamento de nuevas actividades para motivar e ilusionar a padres y niños.

Miguel Ángel Muñoz, director del Manuel Altolaguirre. | L.O.

«La educación es un sumatorio de presentes y cuando lo rompes porque eres absentista ya no puedes volver atrás», advierte.

«Todos los proyectos que salen los cojo», dice en referencia a convocatorias de la Junta de Andalucía como el programa Impulsa, dirigido a motivar al alumnado en riesgo de abandono escolar, o el Innicia, cuyo objetivo es impulsar el espíritu creativo, innovador y emprendedor de los estudiantes.

Los proyectos están orientados, sobre todo, a mostrar salidas profesionales a los alumnos de 5º y 6º de Primaria, a hacerles ver cuáles son sus capacidades y los caminos a seguir. «Un barrio como Palma-Palmilla no lo transforman las fuerzas económicas ni sociales, sino los que viven en él y para eso están los centros educativos», defiende Miguel Ángel Muñoz.

«Hay quien ha decidido pintar el colegio con el dinero que ha llegado este curso. Pero mi experiencia es que cuando pintas, llueve y desaparece. Yo prefiero pintar las almas de mis niños», añade.

Una de las iniciativas puestas en marcha gira en torno a la ciencia, animando a las niñas a acercarse a la investigación, con talleres de robótica o con otro en el que los alumnos han creado su propio perfume, ‘Aromas de la Palma’. Tras estudiar los sectores productivos, sembraron un huerto con flores y ya han obtenido el producto final.

«Es concienciar de que Palmilla puede producir cosas. Un centro de compensatoria puede generar cosas para la comunidad. Enseñamos a los niños que ellos mismos pueden producir su propio beneficio», defiende el director.

Otro de los proyectos más llamativos son las clases de chino que se imparten en los recreos como alternativa a los juegos que han quedado prohibidos por las restricciones anticovid. Con la colaboración de la ONG Animación Malacitana, la profesora Lima María González acude dos veces por semana e imparte clases a las que los alumnos asisten de forma voluntaria.

«La idea del chino también era crear autoestima en una zona como ésta. Los colegios que imparten chino son concertados y las clases cuestan muy caras. Nosotros somos el único centro de compensatoria que las da», indica con cierto orgullo el director.

Además de la ciencia y los idiomas, los nuevos proyectos no se olvidan del arte. En el espacio Leonardo, los alrededor de 70 alumnos de 5º y 6º están trabajando diferentes técnicas pictóricas que exponen en uno de los pasillos del centro. Una galería propia que quieren bautizar como Galería Maestro Eugenio Chicano en recuerdo del pintor, muy vinculado al centro desde que recibió uno de los primeros premios ‘Mirada de Infancia’ que otorga el Manuel Altolaguirre.

Por otra parte, la pandemia no ha impedido que el colegio continúe con su ya famoso Schoolcor Café, un canal educativo en Youtube en el que los alumnos entrevistan a diferentes profesionales. Los programas siguieron grabándose a través de Zoom incluso durante el confinamiento cuando, por ejemplo, entrevistaron a responsables del centro de acogida de Cruz Roja en Marbella para que los niños valoraran la importancia de tener un hogar en vez de lamentarse por tener que estar recluidos.

Este curso han dado un paso más tanto en la forma como en el fondo. Los alumnos preparan las preguntas siguiendo técnicas periodísticas y el objetivo es que sean ellos mismos quienes graben y editen los programas.

Además, a través del Innicia de la Junta, han comenzado un proyecto para intentar sacar un beneficio de cada programa para lo que tienen que llegar a los 1.000 suscriptores en el canal de Youtube. «La idea es que vean que no van a ganar dinero, que es muy complicado. Están con las redes sociales, con TikTok, como si fuera una maravilla, y yo quiero que no las idealicen», explica Miguel Ángel.

Con medio curso transcurrido, ve a los padres más concienciados de que los colegios no son peligrosos, pero insiste en que tienen que enseñar a sus hijos a vivir con esta situación, no sobreprotegerlos, lo que lleva al absentismo.

Si se le pregunta qué le pediría a los responsables políticos en estos momentos, afirma que no le gusta reivindicar y sólo reclama «discernimiento». «Que la gente piense lo que hace, sobre todo los políticos. Si algo tiene que enseñar esta pandemia es que la política no va a ningún sitio sin las personas», afirma.

Con esta filosofía, en el Manuel Altolaguirre los alumnos están en el centro de todo y ni la pandemia ha impedido que se siga enseñando con alegría e ilusión. La «fiesta cortijera» de la educación continúa en la Palmilla.