La vida le cambió radicalmente a José Sánchez Gutiérrez en agosto de 2019, cuando una mielitis transversa (una inflamación de la médula espinal) le llevó casi de un día para otro a la UCI del Hospital Clínico, donde estuvo varias semanas en coma, y posteriormente, a ser ingresado en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, en el que lleva más de un año. Residente en el barrio de La Luz y conocido por todos sus amigos y allegados como «Pipo», este malagueño de 50 años está trabajando duramente para tratar de culminar una rehabilitación que le permita volver a su casa de Málaga, aunque sabe que su cotidianidad será ya muy distinta porque la paraplejia lo ha dejado sin movilidad alguna en el 75% de su cuerpo, de pecho para abajo.

José ha puesto también en marcha hace unas semanas una campaña en una plataforma de crowdfunding con la que trata de recaudar 10.000 euros, que sería la cantidad necesaria para acometer las obras de readaptación de su domicilio a sus nuevas necesidades y para adquirir una silla de ruedas ligera.

«Llevo 18 meses en hospitales, y todavía sigo en rehabilitación para fortalecer los brazos y poder prepararme para llevar una vida lo más normal posible cuando vuelva a Málaga, algo que podría suceder a inicios de marzo si todo va bien», comenta José, que no ha perdido su buen ánimo a pesar de las adversidades vividas.

De los días previos a su ingreso en el Clínico, recuerda sensaciones extrañas en su cuerpo que ya le avisaban de que algo raro pasaba, como los dedos del pie y parte de las piernas dormidos sin causa aparente. Pero lo que parecía una parestesia por la que fue ingresado en observación dio paso a un empeoramiento súbito de su salud, con una neumonía y una infección en sangre que le paró el hígado y el riñón y lo dejó, casi asfixiado, en la UCI. Allí permaneció en coma inducido durante varios días, y luego fue sedado para recibir tratamiento.

Al principio se consideró que podía sufrir una rara enfermedad denominada síndrome de Guillain-Barré pero con el paso de las semanas se detectó que era una mielitis transversal, que se produce cuanto el sistema nervioso es atacado por el propio sistema inmunológico. «Quizá fue una bacteria cogida en algún proceso infeccioso o algo derivado de la diabetes que padezco», rememora. El nefasto resultado fue una lesión en la vértebra D4 de la columna que afectó a la médula.

Una dura rehabilitación

A finales de enero de 2020, José era trasladado al famoso Hospital de Toledo para iniciar una rehabilitación que determinara su grado de movilidad, aunque diversas dolencias añadidas, entre ellas una úlcera del sacro, y el estallido de la pandemia de coronavirus, fueron retrasando sus trabajos.

En los últimos meses, por fin, ha comenzado a realizar sesiones de hand-bike y fitness para recuperar la musculatura, sobre todo en los brazos, y poder manejarse con la silla de ruedas que desde ahora lo acompañará siempre. «Pipo», que durante estos meses ha recibido periódicamente la visita de su esposa Eli y de familiares y amigos, afirma que tiene ya muchas ganas de volver a Málaga.

«Estoy perfectamente atendido por todo el personal, que te ayudan mucho cuando te ven triste y de bajón. La vida normal ya es dura así que imagina en silla de ruedas, pero hay que sacar siempre fuerzas y tirar hacia adelante», comenta José, con muchas ganas también de reincorporarse a la parroquia de San Patricio, de la que es un activo feligrés. De momento, ya está en contacto con la asociación Aspaym de Málaga, situada en El Cónsul, y que asesora a las personas en esta situación.

De la convivencia de estos meses en el Hospital Toledo con tantas personas que han quedado tetrapléjicas, en muchos casos por accidentes en piscinas, camas elásticas o derrumbes de muros, se trae además un tesoro de experiencias. Fue también allí, entre charlas con los compañeros de rehabilitación, donde le sugirieron la posibilidad de recabar fondos a través del crowdfunding.

Así, el objetivo de «Pipo» (pipo18092010 en Instagram), que tiene una pensión por invalidez y cuya esposa no trabaja, es conseguir lo necesario para, por un lado, adaptar la cocina, el baño y el dormitorio de su casa (vive en un bajo) a las necesidades de la tetraplejia y, por otro, comprar una silla de ruedas de unos ocho kilos, valorada entre 4.000 y 5.000 euros, ya que las facilitadas por la Seguridad Social suelen pesar mucho más y son menos manejables.

Mientras tanto, ya ha recibido una grata noticia por parte de la comunidad de vecinos de su bloque, que ha pedido un crédito para instalar un ascensor con el que José pueda vadear los seis escalones que hay en el portal cuando vuelva a casa. «Se están portando fenomenal conmigo», comenta agradecido José, que aguarda con ilusión el retorno.