Febrero también es el mes al que regresan cada año las imágenes en las que un guardia civil con vínculos malagueños, Antonio Tejero, amenaza a una democracia joven. Su vociferado «quieto todo el mundo, al suelo» y el estruendo de los disparos en el Congreso de los Diputados engrosaron para siempre la antología de los sonidos que sobrecogieron a generaciones muy concretas. Quienes estrenaban la libertad como si se tratara de ropa nueva no lo olvidan. Raro es el español que no recuerda dónde estaba o qué hacía cuando tuvo noticia de la intentona golpista. Algunos se encontraban retenidos dentro del propio hemiciclo. Fue el caso, por ejemplo, de los ocho diputados que representaban a la provincia de Málaga. Habían sido elegidos en los comicios generales del 1 de marzo de 1979, los primeros que se celebraron con la Constitución Española ya aprobada. La cita con las urnas fue un jueves. Casi dos años después, cuando el calendario llegó al 23 de febrero de 1981, era lunes.

La semana empezó con un sobresalto peligroso. Un bumerán viajó, por instantes, al pasado. Adolfo Suárez había dimitido y se votaba la investidura como nuevo presidente del también ‘centrista’ Leopoldo Calvo Sotelo, cuando irrumpió el grupo de asaltantes. Allí, en el incierto precipicio de la madrileña Carrera de San Jerónimo, se encontraban tres diputados malagueños elegidos por la UCD (Francisco de la Torre, José García Pérez -ya en el Grupo Mixto- e Ignacio Huelin), otros tres del PSOE (Carlos Sanjuán, Rafael Ballesteros y Ramón Germinal Bernal), uno del Partido Comunista (Tomás García), y otro del Partido Socialista Andaluz (Miguel Ángel Arredonda). Con el paso de las décadas, Ignacio Huelin, Ramón Bernal y Tomás García fallecieron. Los cinco restantes reconstruyen -40 años después del 23F- muchos de los detalles que destilaron aquellas 18 horas en las que estuvo secuestrada la Cámara Baja.

"Estaba por resolver cómo íbamos a salir de allí, pero como pasaban las horas y no se producían novedades sobre los golpistas, no aparecía ninguna autoridad militar como ellos habían dicho, yo iba estando cada vez más tranquilo"

Francisco de la Torre

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, supo en cuanto vio al hombre que irrumpió con una pistola que «no se trataba de un miembro de ETA disfrazado de guardia civil». «Al verlo supe que era él, ya conocía a Tejero; en su etapa como coronel en Málaga tuvo actitudes contrarias al cambio democrático», puntualiza. De la Torre tenía como vecino en su escaño de la UCD al malagueño Ignacio Huelin y allí se acordó de que un diputado vasco de su grupo, Julen Guimón, solía llevar un transistor que podría darles más información sobre lo que realmente pasaba. Tras unos primeros momentos en los que no dejaba de pensar en su mujer y sus hijos, De la Torre se fue tranquilizando «gracias al discurso del Rey y a las informaciones de la radio que decían que solo quedaban el Congreso y Valencia». «Estaba por resolver cómo íbamos a salir de allí, pero como pasaban las horas y no se producían novedades sobre los golpistas, no aparecía ninguna autoridad militar como ellos habían dicho, yo iba estando cada vez más tranquilo», evoca De la Torre.

El histórico socialista Carlos Sanjuán destaca que no se tuvieran que lamentar víctimas mortales dada «la violencia extrema» que emplearon los asaltantes: «Si algo recuerdo fundamentalmente es la extrema violencia con la que, en un primer momento, actuaron Tejero y quienes también entraron en el Congreso bajo sus órdenes; enseguida se enfrentaron con Gutiérrez Mellado y trataron con muy poco respeto a un teniente general mayor como él, lo tiraron al suelo».

"Si algo recuerdo fundamentalmente es la extrema violencia con la que, en un primer momento, actuaron Tejero y quienes también entraron en el Congreso bajo sus órdenes"

Carlos Sanjuán

Sanjuán sostiene que los golpistas «no mataron a nadie de puro milagro». «Afortunadamente los disparos pasaron por encima de nuestras cabezas pero muchas de las balas fueron a parar a la tribuna; aquella sensación de violencia nos hacía temer lo peor, ahí está la frase de Tejero en la que dijo si quitan la luz, disparen al que se mueva», afirma.

Precisamente, a la posibilidad de un apagón eléctrico también se remite el andalucista Miguel Ángel Arredonda para recordar que los golpistas «apilaron trozos de madera en el suelo para prenderlos y poder ver en caso de no tener luz».

«Si lo hacen, aquello hubiera ardido por completo con nosotros dentro; otro disparate del que se habló aquella noche fue que iban a meter los tanques allí», comenta Arredonda antes de aludir a ciertos personajes que le llamaron la atención. «Había una mujer vestida de blanco que resultó ser una médico y terminó moviéndose por allí como Pedro por su casa; además, un guardia cilvil muy joven, era un niño, se puso con la metralleta a nuestro lado y luego terminó contándonos que estaba deseando volver a su casa, no sabía lo que había ido a hacer allí realmente», expresa el andalucista.

El entonces diputado José García Pérez -que había abandonado la UCD y votó en contra de la investidura de Calvo Sotelo- diferencia entre «recuerdos serios y jocosos». Respecto a los primeros, señala que les preocupaba especialmente la falta de comunicación con el exterior: «Uno no sabía lo que estaba pasando en la calle, en Málaga o en su casa; aquello empezó a recordarme a lo que mi padre me contaba de la Guerra Civil, pensaba en mis libros, mi hija y mi mujer».

"Cuando vi que era Tejero, le dije a (Manuel) Clavero que estábamos salvados, que lo conocía, no porque hubiese estado de coronel en Málaga sino porque habíamos estado en el mismo colegio de Lasalle en Melilla"

José García Pérez

Su versión jocosa lo sitúa sentado en el Grupo Mixto -cerca de Manuel Clavero o de Blas Piñar- «cuando entra Tejero y todos nos tiramos al suelo, a buscar la vida debajo». «Caí encima de Clavero y cuando levanté a los tres o cuatro minutos la vista y vi que era Tejero, le dije a Clavero que estábamos salvados, que lo conocía, no porque hubiese estado de coronel en Málaga sino porque habíamos estado en el mismo colegio de Lasalle en Melilla, que siempre podría cantarle el himno del colegio si la cosa se ponía muy fea». García Pérez se recuerda acompañado por un libro de Oriana Falaci y un paquete de Habanos, «que se acabó en seguida». «Luego, terminé hablando de madrugada con un número de la Guardia Civil que no sabía bien a lo que había ido y, aunque era bético y yo sevillista, me consiguió un par de paquetes de tabaco que duraron cinco minutos porque otros diputados empezaron a pedirme cigarros y yo los repartí», evoca el articulista de La Opinión de Málaga antes de viajar a otro momento en el que intentaba orinar «pero no podía» porque lo vigilaba uno de los golpistas armado.

Otro integrante malagueño de la bancada del PSOE, Rafael Ballesteros, prefiere explorar «algunas situaciones positivas» entre «las cosas horribles» que habitaron aquel episodio. Su relato parte de la alegría que sintieron el día que pudieron salir de allí y se ciñe al momento en el que subió al primer avión que partía para Málaga. «Era un vuelo de Aviaco y, cuando pasó la azafata, un señor que iba sentado a mi izquierda, al que yo no conocía de nada, le dijo a ella que yo era uno de los diputados que acababa de salir del Congreso y que a un hombre que había pasado por aquello había que cuidarlo», rememora Ballesteros antes de entregarse a otros pasajes alegres en los que la azafata regresa con una copa de champán y le pide que la acompañe a la cabina porque los pilotos quieren conocerlo. «Estuve un buen rato charlando con ellos y, cuando nos acercábamos a Málaga, me propusieron quedarme allí, aquel aterrizaje en la cabina es una de las cosas más impresionantes que he podido vivir; prefiero recordar alegrías, aunque podía haber contado cuarenta tristezas», concluye Ballesteros con uno de esos requiebros sabios que cocina la experiencia.

Francisco de la Torre: En ayunas a la espera de la libertad

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, tenía como vecino en su escaño de la UCD al malagueño Ignacio Huelin y allí se acordó de que un diputado vasco de su grupo, Julen Guimón, solía llevar un transistor que podría darles más información sobre lo que realmente pasaba. Tampoco ha olvidado que estaban «a palo seco», que no pudieron comer ni beber nada. Y, cuando a la mañana del día siguiente, se habló de unos posibles desayunos que ofrecía la Cruz Roja tuvo la siguiente reacción: «Grité ‘desayuno no, libertad sí’ y no desayuné».  

Carlos Sanjuán: Nuevas claves para entender el episodio

Mientras recuerda la violencia que alentó Tejero, el histórico socialista Carlos Sanjuán reivindica el papel previo de la Unión Militar Democrática (UMD), con Julio Busquets al frente: «El rey emérito ha elogiado al general Juste, y Juste no hubiera dirigido la División Acorazada Brunete si la UMD no avisa a Felipe González de que su anterior responsable, el general Torres Rojas, era afín a una intentona golpista; luego Busquets habló con el ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún, quien nombra a Juste y manda a Torres Rojas a Galicia».   

Rafael Ballesteros: Agradecido a los guardias que ayudaron

Al llegar de vuelta al Aeropuerto de Málaga, cuando un periodista que se había enterado de su regreso le pregunta si iba a tener un mal recuerdo de la Guardia Civil, el socialista Rafael Ballesteros le respondió que no, con la certeza de que «al Congreso entró solo un grupo concreto de guardias civiles y fuera había una mayoría que trabajaba para que todo saliese bien». «Lo comprobé ese mismo día porque fueron otros muchos guardias civiles los que me defendieron y me posibilitaron la salida del Congreso», concluye Ballesteros. 

Miguel A. Arredonda: Una iniciativa para ‘conservar’ los tiros

Entre las anécdotas que encadena Miguel Ángel Arredonda, llama la atención la iniciativa andalucista para conservar en el techo del Congreso de los Diputados la marca de los tiros que pegaron los golpistas. Al rememorar todo aquello, tiene presente a compañeros de bancada ya fallecidos como Juan Carlos Aguilar y no escatima detalles. Por ejemplo, el de que cuando registraron la proposición para mantener los tiros allí Alfonso Guerra dijo «estas son las cosas de los andalucistas». «Ahora, es lo primero por lo que la gente pregunta cuando va al Congreso», reivindica.

José García Pérez: Un libro sobre sus 18 horas con Tejero

Lo que vivió aquel día desde su escaño del Grupo Mixto le dio material a José García Pérez para un libro en el que se aprecia el mismo tono tragicómico que destilan sus recuerdos: «Dejé constancia de aquel suceso en un librito de poca monta, titulado ‘18 horas con Tejero’, en el que, medio en broma y medio en serio, intenté plasmar mis vivencias personales en dieciocho capítulos de fácil lectura», expone con la promesa añadida de que le regalará un ejemplar a todo aquel que desee bucear por lo que cuenta en sus páginas.