En septiembre del año pasado este diario publicó un reportaje amplio sobre la figura del decano de los abogados malagueños Enrique Ramos Marín, con motivo del centenario de su muerte.

De él escribía José Moreno Villa en 1932 que fue el impulsor del Parque de Málaga, en el sentido de que consiguió para la ciudad muchos de los ejemplares que hoy hermosean esta zona verde. «Más que experto en jardinería fue un buscador de ejemplares variados y raros. ‘Hoy ha conseguido tal planta D. Enrique’, se decía a cada paso», recordaba Moreno Villa.

Evidencia de esa búsqueda de plantas exóticas para embellecer el parque es el fastuoso plano del Parque que tenía don Enrique y que todavía conservan sus descendientes.

Otra probable evidencia de esta labor botánica que costeó de su bolsillo es el jardincito interior que todavía se conserva en su antigua casa de Madre de Dios, una de las pocas del Centro con una pequeña zona verde, en este caso de dos alturas y además presidida por una altiva washingtonia.

Fotos del arranque del siglo pasado nos muestran el palacio de la Aduana sin el frontal de palmeras washingtonias. Es probable que muy poco después se plantaran y no es descartable que en esta operación hubiera tenido algo que ver don Enrique Ramos, que por entonces estaba en plena búsqueda de especies exóticas para el vecino Parque y que llegó a plantar una de estas palmeras en su casa. Aunque también pudiera ser que la llegada de estos ejemplares al frontal de la Aduana le animara a adquirir una de estos árboles para Madre de Dios.

Estas reflexiones botánicas vienen a cuento porque ayer, un trabajador en una inmensa grúa podaba las washingtonias del Museo de Málaga, muchas de las cuales desde hace años asoman por encima del tejado.

Las ramas caían con estrépito al suelo tras permanecer en el aire un par de segundos junto al edificio neoclásico, y era como si con cada poda las washingtonias rejuvenecieran un lustro.

En 2016 esta sección dio la fecha aproximada en la que las palmeras de la parte izquierda pasaron a mejor vida, probablemente por una tala ‘gubernativa’.

Según un par de testimonios, o bien el gobernado civil Alberto Insúa ordenó talarlas en el tiempo que ocupó su cargo (1933-35) o bien su sucesor, Valeriano del Castillo, que fue gobernador de Málaga entre diciembre del 35 y febrero del 36. Las dos versiones coinciden en que el motivo de la tala parcial fue despejar la vista para poder apreciar bien las manifestaciones y marchas que en esos tiempos tanto proliferaban.