Como detallaba hace dos décadas en un trabajo sobre pintura mural José Ángel Palomares, la calle Cobertizo del Conde hacía referencia a la casa palacio que el conde de Puertollano y duque del Arco, de la familia Lasso de la Vega, tenía en esta calle próxima a Lagunillas.

En el plano de Carrión de Mula de 1791 se puede apreciar el terreno que ocupaba esta mansión que contaba con cocheras, caballerizas y con un jardín, asomado a la calle Vara, que en el siglo siguiente, cambió su nombre por la Huerta del Conde (su jardín huerto).

También en el XIX, la casa palacio pasó a mejor vida, precisamente por un pleito con el Ayuntamiento, porque la mansión de este noble estaba partida en dos inmuebles separados por la calle y unidos por un pasadizo cubierto -valga la redundancia- por un cobertizo, a la altura del piso principal o primer piso.

El cobertizo era bastante lúgubre, el pasadizo bloqueaba el aire y convertía la vía en insalubre, así que el Consistorio logró echarlo abajo. En 1841 acaba el pleito y los propietarios deciden a su vez demoler los dos inmuebles, que llevaban muchos años vacíos.

Llama la atención que, 180 años después de la desaparición de este pasadizo cubierto, el aspecto lúgubre e insalubre persista en esta calle, que cuenta nada menos que con seis parcelas en el Registro Municipal de Solares y Edificaciones Ruinosas, pese a que es muchísimo más corta que la avenida de Andalucía. Bien es cierto, en honor a la verdad, que los seis se encuentran en tramitación de licencia de obra o expediente de planeamiento. En una palabra, que algo se mueve.

Y en mitad de la calle Cobertizo del Conde, la que posiblemente sea la vía más cochambrosa de la ciudad, la dedicada al poeta Vicente Luque Gutiérrez, cuya posteridad queda bastante en entredicho por estas circunstancias.

La ironía de esta calle es que su nombre anterior, ya recogido en el plano de finales del XVIII, era calle Paraíso, cuando el panorama actual, como mínimo, transporta al viandante al Purgatorio.

El suelo está literalmente desecho, las paredes atiborradas de pintadas y lo único que aminora la tétrica sensación de estar purgando alguna falta son los árboles que asoman tras una tapia, y que se corresponden con los de la plaza de Miguel de los Reyes, con la que originalmente comunicaba.

El día en que los solares de este entorno abandonen el registro municipal y se construyan, resurgirá este histórico rincón de Málaga, incluido su olvidado ‘paraíso’.