En ocasiones, las divisiones administrativas se ejecutan para proporcionar estupendos dolores de cabeza a los administrados.

Recordemos el legendario caso del acceso peatonal al Jardín Botánico-Histórico de La Concepción: Estuvo más de 20 años sin aceras, por el ‘cuajo ministerial’ de Fomento, dueño y señor del Camino de Casabermeja, aunque un propietario al que le traía bastante al pairo sus dominios.

Los continuos intentos del Ayuntamiento de Málaga porque el ministerio moviera un dedo e hiciera posible la llegada de aceras y farolas era contestado año tras año con un metafórico bostezo, hasta que el Consistorio decidió colocar las farolas y las aceras por su cuenta, y no se extrañen si en Fomento -ministerio que hoy luce otro nombre y kilométrico- no se han percatado todavía. El caso es que gracias al gerente del jardín, Luis Medina-Montoya, y al silencio administrativo, los visitantes de La Concepción dejaron ya de jugarse el físico.

En la continuación del Camino de los Prados, la antigua carretera a Intelhorce, nos encontramos con otro problema administrativo que compete a nuestro Ayuntamiento y a la empresa pública Adif, también con la seguridad vial de telón de fondo.

El problema es que la acera que le ha quedado a los peatones es un triste ‘desfiladero’ por el que los viandantes deben avanzar en fila india, mientras sienten el zumbido de los coches a pocos centímetros.

Al otro lado tienen una zona verde vallada que pertenece a Adif y que no siempre está en buen estado de revista, lo que se evidencia en excesos de ramas que también deben evitar los peatones.

Este camino es el que comunica el barrio con la Estación de Los Prados, núcleo fundacional de la barriada y el lugar tradicional de las fiestas vecinales, un sitio muy frecuentado por los vecinos, que antes de llegar deben pasar por el mal trago de esta acera.

La solución para acabar con la inseguridad vial en este tramo, en el que difícilmente cabrían vallas de protección siquiera, sería ocupar una pequeña parte de la zona verde, aunque la dificultad estriba en que hay un pequeño terraplén.

En cualquier caso, será una cuestión que tendrá que barajar el Ayuntamiento, una vez llegue a buen puerto el convenio de cesión de las zonas verdes que Adif mantiene en el barrio.

Si para llegar a La Concepción se consiguieron dignas aceras, aquí también se puede lograr una acera que no cause taquicardia al que camine por ella.