En un año tan convulso para España como 1869, con un gobierno provisional después de que la revolución del 68 expulsara del trono a Isabel II, como contraste las aguas musicales de Málaga bajaban limpias y tranquilas.

A la una de la tarde del 14 de marzo de 1869, en la fábrica y almacén de pianos de Adolfo Montargón, en el 2 de la calle de los Mártires, se interpretaron obras de Nicolai, Wagner, Beethoven, Gounod, Haydn, Weber, Meyerbeer y del músico malagueño Antonio José Cappa, uno de los intérpretes de la tarde, quien un año antes había promovido una sociedad de conciertos de fugaz vida.

Arropada por estos sones nació la Sociedad Filarmónica de Málaga (SFM) que hoy, recuerda su presidente Pablo Lamothe Moreno, «es la más antigua de la Península».

Pablo Lamothe, que cuenta que la música clásica le apasiona desde niño, cuando acudía con su padre a los conciertos que organizaba la SFM, posa delante de la Sala María Cristina de la Fundación Unicaja, un espacio históricamente vinculado a esta institución musical de 152 años de historia.

Sala de conciertos del Antiguo Conservatorio María Cristina. Arciniega

Porque en 1880 abría sus puertas en el desaparecido Conventico, en la entonces sede de esta entidad musical privada, el Conservatorio de Música, auspiciado por la propia Sociedad Filarmónica de Málaga, con la colaboración del Ayuntamiento y la Diputación, y gracias al tesón del director facultativo de la Sociedad, el conocido compositor Eduardo Ocón. Pocos años más tarde, el 1 de febrero de 1886, el Conservatorio se trasladaba a la que hoy es la Sala María Cristina, donde en la primera planta tendría además su sede la Sociedad Filarmónica.

Por esta veterana vinculación, Pablo Lamothe resalta que a la entidad le gustaría volver a contar con una sede estable, «preferiblemente en la Sala María Cristina».

De hecho, la preciosa sala de conciertos suele estar presidida en nuestros días por un piano Steinway clase C Gran Cola, de 1958, propiedad de la institución. «Es un piano mítico y conocido entre los músicos españoles y extranjeros», destaca el presidente.

Y sin duda, uno de los grandes logros de esta veterana entidad musical es el impresionante plantel de intérpretes y compositores que ha logrado invitar a Málaga para que toque en sus conciertos, una lista que incluye, entre otros, a Pablo Sarasate, Isaac Albéniz, José Iturbi, Arthur Rubinstein, Pablo Casals, Andrés Segovia, Teresa Berganza, Martha Argerich, Alfred Brendel y el 20 de noviembre de 1928, mientras parte del público «desertaba con discreción y cortesía» -escribía una testigo-, Maurice Ravel.

Prospecto de la actuación de Maurice Ravel para la Sociedad Filarmónica de Málaga en 1928

Prospecto de la actuación de Maurice Ravel para la Sociedad Filarmónica de Málaga en 1928

En esta lista no puede faltar Manuel del Campo, compositor pianista, profesor y director facultativo durante muchos años de la Sociedad Filarmónica.

En 2019, un año antes de la pandemia, la SFM pudo celebrar el siglo y medio de vida y dejar para la posteridad un libro sobre su historia, editado por la Fundación Unicaja.

La Sociedad Filarmónica, entidad sin ánimo de lucro, sigue perteneciendo a sus socios, en la actualidad unos 120, cifra más que modesta si se compara con los cerca de 2.000 de Valencia o los 4.000 de Bilbao, argumenta Pablo Lamothe.

«Para una ciudad como Málaga, que tiene cinco conservatorios y una orquesta profesional es realmente triste esta situación», considera el presidente, que lamenta que, pese a toda esta oferta, no exista interés por la música clásica entre los jóvenes, algo que se evidencia en que el 80 por ciento de la SFM supera los 70 años.

Con respecto a su funcionamiento, cada socio paga 200 euros por temporada y tiene derecho a asistir de forma gratuita a todos los conciertos y actos.

Las cuotas de socios, precisa el presidente, cubren el 70 por ciento del presupuesto anual. El resto lo solventan gracias a una subvención anual de la Fundación Unicaja, la colaboración de empresas y la venta de entradas.

La declaración del estado del alarma el 13 de marzo (entraría en vigor al día siguiente) del año pasado puso brusco fin a la temporada, con la salvedad de un concierto de verano cuando las condiciones mejoraron.

El alcalde de Málaga en la Sala María Cristina con la pianista y profesora Paula Coronas; el compositor, pianista y académico de San Telmo Manuel del Campo y el vicepresidente de Unicaja Banco, Victorio Valle.

San Felipe Neri

Con respecto a la temporada actual, la SFM intentó recuperar los conciertos a partir de octubre «pero las condiciones no eran propicias por la pandemia». Finalmente, y gracias al apoyo de la Iglesia de Málaga, «la única institución que ha apoyado a la Sociedad Filarmónica desde la pandemia y que ha puesto todo tipo de facilidades», ha programado dos conciertos que se celebrarán en la iglesia de San Felipe Neri este miércoles 3 de marzo y el segundo, el día de San José, el viernes 19 de marzo. Los dos serán a las 6 de la tarde y sólo para socios hasta completar el aforo reducido. El primero de ellos, un concierto barroco de viola da gamba y clave y el segundo, un concierto de Cuaresma con ‘Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz’ de Haydn.

En unos tiempos en los que lo audiovisual impera y cualquiera puede escuchar a una gran orquesta con un clic, la Sociedad Filarmónica de Málaga sigue ofreciendo, un siglo y medio después de su fundación, la maravillosa e incomparable experiencia de la música en directo.

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