Como nadie está libre de pecado, los religiosos que en el siglo XVIII cometían algún delito iban a la cárcel como el resto de los mortales, sólo que no ocupaban celdas en la prisión de la Plaza Mayor, hoy de la Constitución, sino que iban directamente a la Cárcel del Obispo o Cárcel Eclesiástica, que se encontraba en la esquina derecha de la calle Tomás de Cózar con la calle Granada, es decir, frente a la iglesia de Santiago.

La cárcel fue demolida pero la calle Tomás de Cózar, cuyo nombre recuerda a un notario del siglo XVII que vivió en esta vía, sigue teniendo cierto aire de condena perpetua.

Esto se debe al abandono de algunos de sus inmuebles y a la volatilización de otros, hoy veteranos solares, sin olvidar la pertinaz labor de los grafiteros más reticentes al civismo.

Cuando hace unos años la calle Granada estuvo en obras, malagueños y turistas se vieron obligados a dar un rodeo y pasar por la calle Tomás de Cózar. Para los guiris, el recorrer este abandonado rincón del Centro pudo ser lo más parecido al tren del terror, sin necesidad de bruja con escoba.

Pese a que luce otro suelo, las casas destartaladas lo están con fruición y el revuelo perpetuo de palomas evidencia que estos roedores con alas tienen especial querencia por los lugares abandonados.

Al cargante batiburrillo de pintadas, que ensucia paredes muy anteriores a la aparición del espray sobre la Tierra, hay que sumarle, en otro orden de cosas, testimonios de los estragos económicos de la pandemia, como una esquela que en una pared da cuenta del final de ‘Las papas del museo’, el popular establecimiento de calle Granada, imán de cruceristas, que nació al calor de la inauguración del Museo Picasso.

Tan pertinaz como quienes perpetran pintadas es el solar que habría ocupado buena parte de la cárcel eclesiástica, al comienzo de Tomás de Cózar, un descampado reverdecido tras las lluvias en el que al fondo asoma un precioso torreón rehabilitado, que recuerda bastante al que hoy ocupa el Centro de Recepción de Visitantes Ben Gabirol.

Y mientras uno avanza por la estrecha calle del notario, algún banderín desvaído por el sol anuncia un futuro proyecto turístico que conllevará la recuperación de una casa con posibles.

Ojalá que la vacunación masiva traiga más proyectos para Tomás de Cózar y así luzca tan digna y hermosa como su continuación, la calle Aventurero, con una preciosa urbanización a medio camino. De momento, cruzar la calle anterior sigue siendo aventurado.