Cáritas cuenta ya en la ciudad de Málaga con el Hogar San Carlos, un nuevo centro destinado a la acogida de mujeres en riesgo de exclusión y a sus hijos, que será gestionado con el apoyo de las Hermanas Filipenses, Hijas de María Dolorosa.

Situado en el centro de la capital, está dirigido a mujeres vulnerables que se encuentren solas y tengan entre 19 y 35 años. Ellas, junto a los hijos que estén a su cargo, deberán encontrarse en una situación de exclusión grave, carecer de redes familiares y sociales, y del acceso a una vivienda.

Con capacidad para cuatro mujeres y diez niños, que deben ser menores de 12 años, el centro cuenta con un equipo humano formado por la directora del centro, una trabajadora social y tres religiosas, que velarán por su correcto funcionamiento y la atención de todos los acogidos, "tratando de mantener el ambiente sereno y acogedor que sus destinatarias necesitan para lograr la inserción sociolaboral, objetivo prioritario del proyecto".

Las participantes deberán estar dispuestas a formar parte de un plan de trabajo que les ayude a mejorar su formación y habilidades, además de potenciar su autonomía y responsabilidad, han precisado desde Cáritas en un comunicado.

Desde noviembre del pasado año, la trabajadora social del centro se encarga de recibir y atender las demandas de entrada al hogar, ya sea por iniciativa propia o a través de las distintas Cáritas parroquiales de toda la Diócesis.

Respecto a la estancia, se plantea inicialmente un periodo de entre seis meses y un año, aunque este tiempo podría prorrogarse siempre y cuando se considere necesario.

El obispo de Málaga, monseñor Jesús Catalá, bendijo en la tarde de este pasado lunes el centro, acompañado del delegado episcopal de Cáritas Diocesana de Málaga, Antonio Collado, y de Juan Manuel Ortiz, vicario para la acción caritativa y social. También participaron el director de Cáritas Diocesana, Francisco José Sánchez; la responsable del área de Acción Social, María Rosa Gutiérrez, así como las mujeres y niños recientemente acogidos y el equipo de voluntarias de la casa y la comunidad de religiosas.

Por motivos de seguridad, el aforo fue restringido y solo pudieron participar las personas directamente implicadas en el funcionamiento del centro.

El obispo pidió por las personas acogidas y las que vengan en el futuro: "Para estas personas que están pasándolo mal y necesitan ser acogidas, este será el hogar en que puedan vivir una vida nueva. Todos debemos estar implicados y colaborar para que esto sea posible. Este es solo un pequeño signo, pero hay muchas más personas que no van a poder vivir en esta casa y que necesitan de nuestra ayuda".