«La Cosa chupaba no sólo la luz del sol, sino también la atención de quien estuviera cerca de ella. Su capacidad para abolir el mundo circundante, incluida la extraña belleza del estuario, era un último triunfo del artefacto».

Estas líneas, pertenecientes a la brillante novela ‘El Sistema’, de Ricardo Menéndez Salmón, permitan que el firmante las aplique al rascacielos del puerto, que pese a que recibe los parabienes de algunos políticos locales cada día gana más oponentes en toda España por su dislocado emplazamiento.

Y lo cierto es que sus defensores tienen todo el derecho del mundo a apoyarlo pero parece claro que algunos de ellos desconocen el impacto real que tendrá en nuestro paisaje.

La prueba más evidente la tenemos en el presidente de la Autoridad Portuaria, Carlos Rubio, que manifestó hace poco que las simulaciones fotográficas del rascacielos empleadas por la plataforma opuesta al hotel eran falsas, y eso que fueron realizadas por un equipo de profesores de la Universidad de Málaga en 2017, cuando el edificio medía 135 metros (si prosperara la rebaja anunciada por los promotores mediría en total 130,6 metros sobre el nivel del mar).

Cierto que el rascacielos aparece en ellas sin tomas aéreas, grandes angulares y sin la vecindad de los cruceros más grandes del mundo pero a cambio se refleja su tamaño real apoyado en cálculos matemáticos y en las leyes de la perspectiva.

Las manifestaciones de Carlos Rubio son preocupantes por el desconocimiento que destilan. Si el máximo responsable del puerto cree que las simulaciones de la UMA son falsas es que ignora por completo las proporciones reales del edificio que defiende.

En un reciente artículo en La Opinión, el jefe del equipo de la UMA, el profesor Matías Mérida, detallaba que en una de las imágenes de los promotores el rascacielos aparecía un 37 por ciento más pequeño de su tamaño real.

Y este es el quid de la cuestión. Como aseguraba a esta sección un conocido arquitecto -partidario por cierto del rascacielos- todos los malagueños nos merecemos conocer sin artimañas el impacto visual real que tendrá.

La UMA ya lo ha mostrado, el Colegio de Arquitectos de Málaga ha criticado que la obra responda «a intereses económicos a corto plazo en detrimento de los valores medioambientales y culturales del entorno» e Icomos el que su construcción degrade nuestro paisaje.

Por eso, lo mínimo que hay que exigir a los cargos públicos que defienden este cuestionado proyecto es que se informen bien para que nos ahorren el bochorno de verlos difundiendo bulos.