Desde el Centro de Recuperación de Especies Marinas Amenazadas (CREMA) siguen cumpliendo su principal función que es la de rescatar a aquellos animales que se encuentren en mal estado. Confiesan que las tortugas y los delfines son los más frecuentes en sus instalaciones. El cuidado de cada uno de ellos depende de los daños que presenten, pero lo más común es la ingesta de plástico. Este producto causa obstrucciones intestinales o enganches por materiales como el nylon en las aletas y en el cuello que ocasionan cortes, amputaciones e incluso hasta la muerte.

Este es el caso de una ‘tortuga caretta caretta’ que se encuentra actualmente en el hospital marino. Ingresó el pasado verano y si todo va bien se devolverá al mar cuando entre la primavera. «Traía la aleta hecha un globo, estaba negra y putrefacta. Cuando íbamos a operarla, se le desprendió el trozo de tejido muerto y se le quedó una parte de hueso con un poco de carne. Esto le ha permitido recuperar una zona de la piel, pero no la estructura ósea. Gracias a ello, la tortuga podrá desenvolverse de forma autónoma ya que compensará sus movimientos con las otras extremidades», describe José Luis Mons, director del CREMA.

Las operaciones normalmente no se suelen programar en el mismo día debido a que los animales que ingresan necesitan estabilizarlos con suero y antibiótico para poder pasar por quirófano. Mientras que antes era más común observar heridas que provenían de la interacción con orzuelos, ahora los elementos retirados de las tortugas son trozos de presillas, papeles de caramelos, tapones de botella, trozos de cuerda, bolas de espuma o etiquetas de botellas. «Los plásticos producen un problema de flotabilidad y esto provoca que si viene una embarcación y la tortuga no puede sumergirse, choque y se dé un golpe en el caparazón. O si en un día de oleaje, las olas la arrastran hasta las rocas, estas le producen un golpe secundario», comenta José Luis Mons.

Restos de plástico encontrados en los animales. MARÍA LUCÍA RODRÍGUEZ

Juan Jesús Martín, biólogo del Museo Alborania - Aula del Mar, alerta de que hay otro residuo de usar y tirar que ya se está empezando a notar en las redes de pesca y que puede tener consecuencias en los animales. «Las mascarillas las debemos desechar de forma adecuada y no dejarlas tiradas por los sitios. El viento las arrastra hasta el mar y estas pueden tener un gran impacto sobre la fauna marina», resalta.

El procedimiento que llevan a cabo desde el CREMA para rescatar animales varados consiste en desplazarse hasta el lugar donde se encuentran y trasladarlos hasta las instalaciones. La policía, particulares, trabajadores del puerto o el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) son los que suelen llamar al 112 para alertar de la presencia de estos. «La mayoría de los crustáceos aparecen muertos y cuando están vivos, es muy difícil la recuperación porque llegan en un estado terminal. Si se da el primer caso, este se retira de la playa y el veterinario toma muestras para contemplar las causas de muerte aparente, pero si no está totalmente claro, se mandan a analizar las muestras al Programa de Vigilancia Epidemiológica», subraya Mons.

Las especies marinas que llegan a atender en el CREMA son diversas, pero el 92% de los casos corresponden a ‘tortugas boba’. Los delfines más frecuentes son el ‘común’ y el ‘listado’, aunque también hay otros que aparecen de vez en cuando como ‘delfín mular’, que es el típico de los delfinarios, o el ‘calderón común’. Además, se dejan ver ejemplares de ballenas, cachalotes, orcas y otro tipo de crustáceos.

El CREMA y el Aula del Mar también se dedican a la educación ambiental acudiendo a centros mediante un proyecto conjunto con el Ayuntamiento de Málaga y con la Diputación.