Los medios de comunicación hemos sido una ‘punta de lanza’ de palabras nunca antes empleadas en Málaga.

El caso más señero es el del entrenador Luis Aragonés, quien en una rueda de prensa se debió de liar con el diccionario e inventó la expresión «hacer la peineta», cuando desde hacía siglos en España lo que se hacía era «la peseta» (con un dedo, mientras que para una peineta se necesitarían al menos tres).

Y en esta ciudad en la que contamos con un par de arroyos de los Pilones, de la noche a la mañana surgieron «las pilonas», de la mano de un antiguo concejal de Urbanismo, aunque su aportación todavía no ha sido admitida por la RAE.

Y por la probable influencia de Sevilla o los madriles en Málaga aparecieron las «corralas», cuando a esta humilde construcción siempre se le llamó corralón por estos andurriales.

Y hablando de corralones, que no de corralas, en lo más crudo del crudo invierno de la anterior crisis, este diario recogió un suceso que para la antigua Oficina del Defensor del Ciudadano era un ejemplo ‘de libro’ de acoso inmobiliario, pues en 2008 se incluyó en un libro sobre esta penosa materia, gracias a las buenas gestiones de Francisco Gutiérrez, Paco Guti.

Se trata de todo lo que padecieron los inquilinos del Corralón de las Dos Puertas de calle Curadero, cuando desde 2001 de esta modesta construcción, datada en 1900, se hizo cargo una empresa que de inmediato solicitó la ruina del edificio. Desde ese momento hasta que fueron desalojados en 2013, los vecinos tuvieron que hacerse cargo de todos los arreglos.

Entre las tropelías denunciadas por los inquilinos de este corralón de La Goleta, la llegada al anochecer de un chatarrero que empezó a desmontar el techo, con los vecinos dentro, algunos de ellos ya mayores y nacidos en el inmueble.

Eran tiempos bravíos. De 2000 a 2012 se demolieron 37 de los 43 corralones tradicionales catalogados en Málaga. Seguro que más de uno se podía haber salvado y rehabilitado, con las comodidades de nuestros días.

Hasta cien profesores de instituto de toda la provincia reclamaron entonces el arreglo urgente del Corralón de las Dos Puertas (una puerta a calle Curadero y la otra a Rosal Blanco).

Finalmente, los vecinos fueron desalojados pero el edificio no cayó. La Junta lo adquirió mientras que el Ayuntamiento le otorgó la máxima protección arquitectónica. Tapiado desde 2013, espera renacer algún día como uno de los pocos corralones supervivientes de unos tiempos bravíos de caspa y billetes.