Instalaciones cultural

Los museos se afianzan como un revulsivo para la imagen y la economía de Málaga

El Thyssen ha cumplido una década y el Ruso y el Pompidou llegan a los seis años ayudando a transformar sus entornos, a desestacionalizar la actividad turística al traer un visitante de más poder adquisitivo, mejorando el tejido cultural y logrando la estima del malagueño, que se implica en sus eventos

Imagen de una de las exposiciones organizadas en el museo Carmen Thyssen. | L.O.

Imagen de una de las exposiciones organizadas en el museo Carmen Thyssen. | L.O. / josé antonio sau. málagajosé antonio sau. málaga

José Antonio Sau

José Antonio Sau

El Museo Carmen Thyssen ha cumplido esta semana diez años de vida. Y el Museo Ruso y el Centre Pompidou han llegado a los seis años de edad. Eso, de entrada, significa que se ha consolidado la política museística de la ciudad. Pero, a su vez, estos tres espacios expositivos de primer orden han generado una serie de reacciones en cadena muy positivas para la ciudad: han mejorado sus entornos urbanos (sobre todo el Carmen Thyssen, pero también en mayor o menor medida los otros dos); han contribuido a desestacionalizar el turismo en Málaga capital, tal vez lo más evidente; han mejorado el tejido cultural, logrando impulsar la educación artística del malagueño y su estima, y fomentando las empresas de esta naturaleza, concentradas en determinados barrios; y han contribuido a generar un círculo virtuoso, según los expertos, en la economía local. Eso dicen, al menos, el vicepresidente de la Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (Aehcos) para Málaga, Manuel Camacho, la concejala de Cultura, Noelia Losada, y el director de la Fundación Picasso-Museo Casa Natal, Colección del Museo Ruso y el Centre Pompidou Málaga, José María Luna.

El Carmen Thyssen ha registrado en una década más de 1,5 millones de visitas y sus responsables han calificado esta semana su proyecto como «ambicioso». «Se ve a sí mismo como un referente inexcusable en esta ciudad de museos». El punto de partida es una colección de casi 300 obras de arte español que van desde el romanticismo de principios del siglo XIX hasta la antesala de la vanguardia, en las primeras décadas del siglo XX. Según el director del museo, Javier Ferrer, «el museo ha superado con creces el objetivo inicial, que supuso entonces un revulsivo para la ciudad, por su instalación en una zona hoy convertida ya en eje comercial y cultural». Colabora activamente con los comercios de su barrio. Lourdes Moreno, su directora, ve en su programación expositiva, siempre «bajo la premisa de proyectos originales y propios», una de las razones del éxito. Y el alcalde, Francisco de la Torre, ha recordado no sólo la colección de Carmen Thyssen, sino el papel social jugada con los programas educativos.

Han realizado, además, 36 exposiciones temporales. Entre las muestras más exitosas están: ‘Courbet. Van Gogh, Monet, Léger. Del paisaje Naturalista a las vanguardias en la colección Carmen Thyssen (2013-2014)’ o ‘Días de verano. De Sorolla a Hopper (2015)’. Algunas de ellas recibieron una media de entre 70.000 y 80.000 visitas.

El 80% de los visitantes del Carmen Thyssen pagaron por las exposiciones 

Los datos del Carmen Thyssen revelan que, en una década, 1,2 millones de visitantes a la pinacoteca han pagado por ver las exposiciones organizadas. El número total de visitas es de más de 1,5 millones. Ello quiere decir que el 80% de estos visitantes pagaron la entrada por ver las muestras. Hay ganas de cultura. El 64% de los visitantes son españoles, y un 22% del total, malagueños. 

Explica Noelia Losada, edil de Cultura, que «estos museos han cambiado radicalmente lo que es Málaga como destino turístico. Antes Málaga era pues casi una central de intercambio, la gente venía a Málaga en avión o AVE e iba a sus lugares turísticos de playa. A partir de toda la actividad museística implementada, Málaga se ha convertido en un destino cultural de primer orden, la Málaga de los museos se ha empezado a llamar así pero con razón, los museos se han integrado en la vida de la ciudad y han convertido sus programas expositivos como pertenecientes a los malagueños y fortalecen mucho la idea que Málaga proyecta al exterior».

Dice la edil que el hecho de que haya museos le «viene bien» al colectivo de galerías de arte, al tejido cultural y a las artes plásticas, «se cultiva al público y se le aficiona a los programas expositivos, y eso afianza cada vez más que la gente quiera acudir a exposiciones, y también producir cultura y comprar cultura». Lo cierto es que para Losada la Casa Natal de Picasso y Eugenio Chicano «pusieron una pica en Flandes», luego llegaron el Picasso y el CAC, entre otros, dando inicio al boom de los museos y el Thyssen, el Pompidou y el Museo Ruso supusieron, sin duda, la consolidación de esa política cultural. A ellos hay que unir el Museo de Málaga en la Aduana, aunque hay muchos más.

Recalca Losada que los museos y la oferta cultural en general se añaden al buen clima, a la oferta gastronómica y al menú monumental (La Alcazaba recibió 1,2 millones de visitas en 2019, antes de la pandemia). ¿Es replanteable el modelo? La oposición ha criticado la alta factura que se paga por el mantenimiento de algunas de estas pinacotecas o que se da poca entrada a artistas locales. «Cuando se cumple un aniversario es momento de sentarse, de reflexionar, de ver hacia dónde vamos, trazar las líneas del futuro, yo creo que la implementación de museos ha sido positiva para la ciudad, sin lugar a dudas, está más que consolidada la política museística, ahora yo creo que está tan consolidada que no creo que hagan falta más museos en la ciudad, y yo ahora apostaría de pleno por el patrimonio». Se refiere a las mejoras que necesitan la Alcazaba y Gibralfaro, la exposición de los restos del Cerro del Villar o la villa patricia hallada en el Thyssen.

Por motivos evidentes, la Colección del Museo Ruso celebró más los cinco años que estos seis, aunque también le pilló de lleno el estallido de la pandemia cuando preparaba la fiesta. En cinco años de vida, más de medio millón de personas habían pasado por sus instalaciones. Se ha convertido en uno de los espacios más valorados en la ciudad y en España. Junto con el programa expositivo, que ha llevado hasta las salas expositivas a artistas internacionales como Chagall, Kandinsky o Malèvich, el museo ha desarrollado un gran programa añadido con conferencias, ciclos temáticos en torno a la cultura rusa, sesiones de cine, etcétera. El 48% de los visitantes, por cierto, son malagueños, demostrando la complicidad del vecino con este espacio.

El Centre Pompidou fue inaugurado el 25 de marzo de 2015: en cinco años, es decir, hasta marzo de 2020, había recibido casi 915.000 visitantes. Además de las exposiciones semipermanentes, destacan las muestras temporales dedicadas a la figura de artistas como Joan Miró o Henri Matisse, que sobrepasaron las 60.000 visitas. El 47% de los visitantes proceden del extranjero.

La respuesta a la pandemia ha sido reforzar lo virtual

Todos los museos del mundo, y no sólo los malagueños, han sufrido un fuerte impacto debido a la pandemia del coronavirus. Las caídas de visitantes son espectaculares, pero razonables y comunes si se tiene en cuenta que hubo más de noventa días de confinamiento domiciliario a principios de 2020 y muchas restricciones de movimientos y cierres perimetrales municipales, provinciales y de comunidades autónomas. ¿Qué han hecho los museos malagueños para hacer frente a esta deriva? Seguir con el refuerzo de lo virtual, que fue muy importante en 2020, aunque se sigue creyendo, claro está, en lo presencial. Y la fórmula perfecta es explorar la interacción entre lo físico y lo virtual. Por ejemplo, se va a continuar con el proyecto Más Luz, en el que se han implicado espacios expositivos como el Carmen Thyssen, el Pompidou, Casa Natal y el Ruso y que ha dado a luz interesantes iniciativas en forma de congresos, por ejemplo. Se va a seguir trabajando, claro, con artistas de proximidad en proyectos como el de ‘La Escalera’ o la beca DKV de ‘Vasos comunicantes’. La idea es mantenerlo todo con menos gasto y echarle mucha imaginación a la cosa. Además de agradecer y mantener la colaboración público privada con fundaciones como La Caixa, Unicaja o DKV. «Nos hemos planteado para 2021 mantener la actividad con un presupuesto más ajustado, seguir haciendo refuerzo de lo virtual, que fue enorme en 2020, creemos también en lo presencial, y efectivamente, pues en una interacción entre lo físico y lo virtual. Vamos a continuar, como te digo, con el proyecto ‘Más Luz’, que ha servido para crear iniciativas tan interesantes como el 5x1». Esto significa que comprando una entrada puede el interesado visitar cualquiera de los cinco espacios expositivos antes mencionados. Además, dice Losada, se van a seguir haciendo congresos, va a haber encuentros en los museos, se va a continuar trabajando con artistas de proximidad, «generando mucho contenido con imaginación y apoyándonos en la colaboración público-privada». José María de Luna, por su parte, dice que los museos llevan haciendo frente a retos desde que se crearon como institución. Y ahora el reto era adaptarse a la situación creada por la pandemia reforzando la vertiente virtual. «Es un complemento» a la visita presencial, aunque no pude sustituirla.

A José María Luna, responsable de estos dos espacios expositivos y de la Casa Natal, le gusta pensar que la llegada de estos tres museos, junto a otros, ha marcado un antes y un después en Málaga, en el tejido cultural local. «Me parece que sí ha habido ese antes y después, que en el terreno cultural ha habido una activación del tejido cultural local, que puede mejorarse, y que supone una constatación de que la oferta cultural puede cambiar no sólo el tejido cultural, sino que también puede contribuir al cambio socioeconómico de una ciudad como Málaga, y eso se ha estado viendo hasta este paréntesis de la pandemia». Y eso se va a seguir viendo, dice, cuando pase todo esto. Recuerda, claro, que los museos contribuyen a «una educación formal, visual, sensual» de un público que «a medio y largo plazo contribuirá a una mayor presencia del arte en nuestra ciudad».

Destaca Luna la participación de los locales (Málaga y provincia) en las propuestas culturales de su institución: se refiere a talleres, charlas, ciclos, seminarios, conciertos. También a las visitas a los espacios, claro, pero se ve mejor en estos programas anexos. La mayoría de los participantes, dice, «son malagueños, con un dominio de una mayoría de mujeres». Sobre el modelo de turismo cultural, indica que le parece acertado. «Si vamos a tener que vivir del turismo, prefiero que sea del turismo cultural, tiene muchas ventajas y no sólo la económica, sino que también trae aquí a personas de un alto nivel sociocultural, no sólo personas de un alto poder adquisitivo, con las cuales la interacción es más rica, pero además posicionarse culturalmente la da un empuje a la marca Málaga importante». Para Luna, el turismo cultural, los museos, son la masa crítica que «nos permite trabajar en propuestas para los ciudadanos, nos permite traer acciones, actuaciones y propuestas de calidad internacional para que los malagueños participen y las disfruten y eso tiene, como una piedra en un estanque, una derivada económica importante a través de ondas indirectas, directas e inducidas que son buenas para la ciudad y que hacen que se convierta en un círculo virtuoso la oferta cultural, no sólo de cara al turismo, como se ha utilizado algunas veces con carácter peyorativo, sino que al final redunda en beneficio de la ciudad desde todos los puntos de vista».

El vicepresidente de Aehcos para Málaga capital, Manuel Camacho, dice que hace más de una década venían a la ciudad clientes de negocio, es decir, ligados sobre todo al tema inmobiliario, y de ocio, «pero cuando empezamos a unir la cultura, el museístico, a la oferta de Málaga, empezamos a encontrar que ese cliente se diversifica mucho más durante todo el año, es muy demócrata en su elección de fecha en las vacaciones, no le importa venir en marzo o en noviembre, se sale del verano, al diversificar la tipología diversificamos la temporada y rompemos estacionalidad». Es decir, la ciudad es destino turístico todo el año. Y eso, dice, es siempre positivo, porque los clientes ya no vienen sólo por el sol y la playa. Es, además, un turista que, pese a que hay más camas ahora, ha ayudado a acompasar la oferta con la demanda, «la tarta se ha ampliado pero la demanda que ha venido con esa tarta era mayor, con lo cual todos hemos ganado». Es decir, no sube el porcentaje de pernoctaciones, pero sí el número de camas totales vendidas. En su opinión, «indiscutiblemente hay que mantener los museos, la cultura es transversal a todo, toca todo, el hotel, la agencia de viajes, el transporte, además suele ser un tipo de cliente con un nivel adquisitivo medio alto, interesado por consumir cultura, esa persona la queremos en la ciudad, por supuesto que hay que mantener la oferta cultural de Málaga y la museística». De momento, el camino está marcado.