Mirando atrás

Paco Viñolo, un hostelero ejemplar

El capuchinero Paco Viñolo (1948) tiene una de las hojas de servicio más impresionantes de la hostelería malagueña pues ha pasado por establecimientos como La Cosmopolita, La Alegría, Casa Curro, Itaugua, La Cepa o el Mesón Antonio, que hoy lleva uno de sus hijos

El hostelero malagueño, en la semana de su 73 años cumpleaños, en un rincón del Mesón Antonio, junto a la calle Nueva.

El hostelero malagueño, en la semana de su 73 años cumpleaños, en un rincón del Mesón Antonio, junto a la calle Nueva. / Álex Zea

Alfonso Vázquez

Alfonso Vázquez

Su hoja de servicios es la historia de la hostelería en Málaga de los últimos 60 años. En la semana de su cumpleaños (el miércoles cumplió 73), Paco Viñolo rememora toda una vida de servicio y trabajo que comenzó con solo 13 años, lo que a cambio le ha convertido en uno de los malagueños más conocidos.

Hijo de un encargado de La Campana que también era puntillero de la plaza de toros, Paco nació el 24 de marzo de 1948. Criado en el barrio de Capuchinos -llegó a jugar tres años en La Capuchinera de extremo derecha- de pequeño ya se buscaba la vida para ahorrar y poder comprarse una bicicleta, que consiguió con 11 años. «De pequeño hacía de todo: vender trompos, bolas, carrillos de cojinetes, caramelos y gaseosas en el cine...», recuerda.

Estudió en el colegio del Cuartel de Caballería, «donde nos daban la leche en polvo, el café americano y había que cantar el ‘Cara al sol’». Y con sólo 13 años, en diciembre del 61, entró a trabajar de ‘fregachín’ en La Cosmopolita, antes de la edad autorizada (14), por eso, cuenta con gracia que se hizo el remolón unos meses, hasta que entregó la documentación que le exigían para trabajar «el 24 de marzo del 62, el mismo día que cumplía 14 años». Por cierto, que para llegar al fregadero tenía que subirse a una caja de coca cola.

Tras año y medio en La Cosmopolita pasó a ayudante de barra en el restaurante La Alegría, en la plancha, a cargo de los famosos sandwich de la casa. «Los sábados por la mañana había que preparar 300», calcula. Como subraya, «La Alegría era una escuela de hostelería, había muy buenos profesionales».

Paco Viñolo, un  hostelero ejemplar | ARCHIVO FAMILIAR

Un joven Paco Viñolo de unos 15 años, en el recordado restaurante La Alegría. / Archivo familiar

Ante la falta de perspectivas para ascender, en 1967, por recomendación de director del Banco Coca, Mariano Vergara, entró a trabajar en el Hotel Los Monteros como ayudante de rango. Allí aprendió coctelería pero cada vez que podía se escapaba a Málaga a ver su novia, Reme Linares, con quien este año ha cumplido las bodas de oro. Por su novia cambió Marbella por el Hotel Casa Curro, otro establecimiento histórico, del que recuerda con afecto al propio Curro, «a don Francisco, exigente al cien por cien pero yo me lo camelaba», bromea.

De su paso por Casa Curro, donde estuvo hasta el 73, no se le olvida cuando vio por televisión la actuación ‘en diferido’ de un joven Julio Iglesias en el Festival de Benidorm con ‘La vida sigue igual’. Y fue en diferido porque Julio Iglesias estaba a su lado, alojado en Casa Curro.

El malagueño le comentó al artista que la canción con la que había ganado no podía ser suya, «porque llevo siete años bailándola con mi mujer en Borsalino y es de Manolo Galván de ‘Los Gritos’». El cantante se lo reconoció y cuando cerró el restaurante del hotel, Paco lo acompañó en su moto a tomarse una copa por Málaga, una anécdota que le recordó a Julio Iglesias más de 20 años después, «porque ese día aparecí a las 5 de la mañana y mi mujer no se lo creía», ríe.

Itaugua y La Espuela

Del 73 al 76 estuvo en otro establecimiento histórico, Itaugua, frente al Hotel Miramar, del exjugador paraguayo del Málaga Pedro Cabral. «Era un salón de té y a las dos de la tarde no había un alma. Le dijimos a Pedro que pusiera canapés, cervezas de importación... yo empecé a servir mis dry martinis y mis cositas y empezó a funcionar», cuenta.

Fue precisamente allí donde tres clientes le ofrecieron hacerse cargo de un mesón que querían montar en Trinidad Grund, en un antiguo almacén de pasas y al que le pusieron ‘La Espuela’. Con el capuchinero al frente, el negocio funcionó: «Tenía una barra con 60 tapas calientes, aparte de las frías. Me rodeé de un equipo muy bueno de compañeros antiguos míos de Casa Curro, La Alegría...».

Y La Espuela pudo empezar a descansar algo, porque cerraba los domingos. Como destaca, «desde 1961 a 1976 no descansaba ni un sábado, ni un domingo, ni unas navidades, ni una feria..». De hecho, explica que prefería que le pagaran las vacaciones en vez de disfrutarlas, para que a su mujer y a sus cuatro hijos no les faltara de nada.

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De izquierda a derecha, Juan Luna, Juanma Quintana, Paco Viñolo y Mariano Martín, en 1982 en El Refectorium de la calle Fernando de Lesseps, futuro Mesón Antonio. / Archivo familiar

En 1980, Paco Ramírez le ofrece entrar en El Refectorium de la calle Fernando de Lesseps, junto a la calle Nueva - el futuro Mesón Antonio- un local que conocía muy bien: «Era el hall del antiguo hotel Vasconia. Aquí venía yo con 8 ó 9 años porque mi padre era el mozo de espadas de Manolo Segura. Allí se cambiaban y se vestían de luces», recuerda.

Estando de encargado en El Refectorium animó a su antiguo compañero Mariano Martín, otro histórico de la restauración, a trabajar con él. Y Paco Viñolo no para de trabajar: El Refectorium de la calle Granados; le vuelven a ofrecer La Espuela de Trinidad Grund, a la que le cambia el nombre por ‘El Estribo’; participa en los primeros años de la exitosa Feria del Centro y de la Luna Mora de Guaro... y más tarde abre La Espuela en la avenida de Herrera Oria, un negocio boyante de carnes y pescados que unas obras en la avenida de cuatro largos años le obligaron a cerrar.

También estuvo en el catering de Doña Francisquita, montó el mesón La Taberna del Alambique en la avenida de Moliere y por entonces empezó ayudar a su amigo Antonio Agüera en el Mesón La Cepa, hasta que en 2004 cogió el traspaso del Mesón Antonio-el antiguo Refectorium- que pudo comprar hace siete años «y ya la sociedad son mis hijos», cuenta.

Pese a la pandemia, no se queja: «Gracias a dios tenemos una clientela fija. Aquí funciona el boca a boca, además de los precios más baratitos que los demás con la misma calidad, y los fines de semana podemos decir que hay que reservar para poder comer».

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En un crucero por el Mediterráneo en 2019, acompañado por toda su familia. / Archivo familiar

Jubilado a los 65, tras más de medio siglo de trabajo, su hijo Francis triunfa como director escénico y está casado con Pastora Soler; su hijo Raúl dirige el Mesón Antonio y sus hijos Ana y Juan Miguel, el Asador Viñolo de Churriana. La saga continúa.