Para tomar la foto que tienen a continuación, el autor de estas líneas tuvo que emular a los contorsionistas del circo, con el fin de que en el objetivo de la cámara cupieran tanto los vecinos como el nombre de la preciosa estación de tren de Los Prados.

Miembros de la asociación de vecinos en la estación de Los Prados. A.V.

Una foto de película expresionista alemana que por suerte no deparó ninguna visita al traumatólogo. Y eso que en la Historia de Málaga hay ejemplos de imprudencias parecidas, como la que durante un largo periodo dejó medio «quebrado» al famoso cartógrafo y vigía del Puerto Joseph Carrión de Mula, a finales del XVIII.

Como contaba en una carta, en las fiestas por la proclamación del infausto monarca Carlos IV nuestro vigía levantó el asta de una bandera y la imprudencia la pagó con la ‘quiebra’ temporal de su persona, porque ya no estaba para esos trotes.

Anécdotas y banderas aparte, la de Los Prados se suma a la larga lista de estaciones que esperan, como agua de mayo, su conversión en algún tipo de equipamiento para los vecinos.

Por suerte, muchas de las pequeñas estaciones de la recordada línea a Vélez albergan hoy locales de diferentes colectivos, aparte de que, en muchos casos, se han convertido en un atractivo turístico más.

En Málaga, esperando las uvas, tenemos dos estaciones tan importantes como las de Campanillas y Los Prados, dos equipamientos ferroviarios que podían hacer mucho bien a los vecinos del entorno si pudieran dedicarse a un fin social. La de Campanillas, por cierto, está en bastante peor estado que la de Los Prados.

En este último barrio, que como saben nació precisamente a raíz de la estación, a la asociación de vecinos le gustaría que la infraestructura se pudiera convertir algún día en biblioteca y consultorio médico, para no tener que ir al Tiro de Pichón.

Como saben, el ‘cuajo administrativo’ es un proceso de decantación que puede prolongarse décadas hasta que se consigue lo que los usuarios esperan. Más dificultad presenta culminar algunas negociaciones entre administraciones españolas que mandar un robot a Marte así que los vecinos están armados de paciencia.

Mientras llega el momento en que la empresa pública Adif se desprenda de estos edificios, la estación de Los Prados sigue teniendo el halo romántico de un trozo de los años 20 del siglo pasado. Preservar el entorno y recuperar la recordada estación es lo que aguardan con tantas ganas los vecinos.