Durante su estancia en Hollywood, Edgar Neville ideó la historia de un foco de cine que se enamoraba de una gran actriz y la perseguía a todas partes.

Pese a que su buen amigo Charlie Chaplin le animó a materializar la idea, no salió adelante. Con los estudios Pixar habría sido otra cosa.

La metáfora del foco que cobra vida y alumbra en la oscuridad también sirve para los medios de comunicación. Donde está el foco se encuentra la noticia y nuestros cargos públicos reaccionan al haz de luz.

En este periódico lo hemos visto recientemente con las estrecheces económicas de la Fundación que gestiona el Cementerio Inglés y con el Aula del Mar. Lo que ya resulta más llamativo es cuando ese foco alumbra a una sola persona, a un particular que denuncia una situación y su crítica logra que la administración reaccione y tome medidas.

Es lo que pasó este miércoles, cuando el mal estado de la Alcazaba de Málaga llegó al Parlamento de Andalucía de la mano de una proposición no de ley de Vox.

La consejera de Cultura, Patricia del Pozo, mostró la total colaboración de la Junta con el Ayuntamiento para enmendar la situación de la fortaleza árabe, monumento histórico artístico desde hace 90 años.

La llegada de la Alcazaba al Parlamento andaluz se la debemos al malagueño Miguel Ángel Pérez, un guía turístico que se ofreció el año pasado a mostrar el monumento a parlamentarios y concejales de todos los grupos políticos (siguiendo una tradición secular de la política española, sólo acudieron los de la oposición). De estas visitas también nació una moción municipal del PSOE en la Comisión de Cultura.

Este ejemplar ciudadano que confiesa que ama su tierra y que no se la valora como se merece, se tomó el trabajo de redactar y enviar un informe sobre las deficiencias de la Alcazaba a la Consejería de Cultura.

Además, proponía abrir al público nuevos espacios, dado que en la actualidad sólo se puede visitar cerca de un 50 por ciento, recordaba.

Pero aquí no queda la cosa, porque también fue quien presentó un elaborado informe al obispo de Málaga sobre el estado del Santuario de la Victoria, y en particular de la alicaída cripta de los Condes de Buenavista. También gracias a su denuncia se está poniendo remedio a la situación.

En suma, Miguel Ángel es un malagueño ejemplar y sin adscripción política, tan sólo partidario de que el Patrimonio de su ciudad levante el vuelo. Hoy merecía que el foco le apuntara.