La laguna de La Barrera, en la Colonia de Santa Inés, ha alcanzado su nivel máximo de capacidad de los últimos años, en torno a 0,2 hectómetros cúbicos, según el cálculo de Gemma del Corral, edil de Sostenibilidad Medioambiental, quien achaca esta feliz noticia a las obras que Emasa hizo, vía Inversiones Financieramente Sostenibles (IFS) en julio de 2018. Una actuación que costó 51.486 euros y que permitió aportar agua al caudal de este lago tan querido por los vecinos y residentes de la zona, que han luchado siempre por su mejor conservación.

Del Corral dice que es gracias precisamente a esa obra por lo que luce así la laguna. «Está así porque recogemos y canalizamos hacia ella el agua de lluvia que iba al arroyo Lillo. Hasta esa obra no se hacían aportes de agua y ahí estaba el problema. Calculamos que ahora tendrá en torno a 0,2 hectómetros cúbicos», dice la concejala, quien agrega que el agua de lluvia no llenaba entonces la laguna. «Canalizamos ese agua que acababa en el arroyo Lillo hacia ella, y además podemos aportar desde la ETAP Atabal». Del Corral insiste en que si es necesario, claro, se aporta «agua bruta del canal de entrada» a esta planta, en ningún caso agua potable. Por primera vez en dos años y medio desde que se hizo esa obra, se han detenido las aportaciones de agua al alcanzar la laguna su máximo nivel. Si hiciera falta, volverían a hacerse, y cabe recordar que el lago pasó una etapa mala y estuvo a punto de secarse. «Gracias a esta obra que hicimos se recuperó la laguna que estuvo a punto de secarse y en peligro, justamente dos años y pico después de esas obras no sólo se ha recuperado la laguna, y hemos llegado a su nivel máximo de capacidad, sino que además ahora mismo no necesita ningún aporte más de agua, es una gran noticia, ahora luce precioso, con mucha vida, es un enclave recuperado para la ciudad y creo que fue un dinero excepcionalmente bien invertido», destaca la concejala.

Esta obra se hizo por petición expresa de los vecinos, con el fin de que no se desecara la balsa. En concreto, se trata de una losa de hormigón de 26 metros de largo que conecta el vecino arroyo Lillo con la laguna. De esta forma, una compuerta controla el aporte de agua a la balsa. A su vez, la compuerta cuenta con un tamiz que retiene los sólidos que pueda arrastrar el torrente del arroyo. Por otro lado, esta conexión permite que, de forma excepcional, la laguna pueda recibir parte del exceso de agua de la ETAP del Atabal, tal y como informó este periódico en su época.