Hace unos años fueron hallados en el subsuelo del museo Carmen Thyssen restos romanos de gran valor: una villa romana, un ninfeo (monumento consagrado a las ninfas) y zonas industriales, así como también pinturas murales. Urbanismo, como ya informó este periódico, estaba ultimando y consensuando con el espacio expositivo la redacción de un proyecto para hacer visitables estos hallazgos e, incluso, encargó un estudio al CSIC sobre la mejor conservación de las pinturas y la cadencia de las visitas. Pero hay que proteger este patrimonio del agua y las inundaciones: para ello, desde hace años y hasta ahora, en que han concluido actuaciones de protección hidrológica, la Gerencia ha invertido casi 500.000 euros en diversos trabajos.

Así, recuerda Urbanismo que, tras la localización de restos romanos en el sótano, a cuatro metros de profundidad, se iniciaron actuaciones de restauración y consolidación para que recibieran visitas, pero el subsuelo sufre episodios naturales «de inundación de aguas freáticas». «Además, existe la pieza fundamental del ninfeo con condiciones ambientales estables durante 2.000 años y, tras la ejecución del edificio, quedó expuesto a cambios de iluminación, temperatura». Todo ello asociado a las características hidrogeológicas de la cuenca del Guadalmedina y del clima actual, con precipitaciones excepcionales.

Hay más problemas: la pantalla perimetral de micropilotes es parcialmente permeable, su ubicación en el Centro y con edificios próximos y existen arenas «aluviales cuaternarias bastante permeables». Asimismo, el museo podría estar sobre uno de los arroyos que, en su momento, drenaban el casco antiguo. Había varias alternativas y, finalmente, se optó por hacer actuaciones de drenaje que, pese a no impedir todos los episodios de inundabilidad, sí redujeran los periodos.

Se hicieron, incluso, ensayos: drenajes mediante achique y dos ensayos de bombeo (2011, 2015 y 2016), así como tres proyectos de obras. Queda claro, entre otras conclusiones, que los caudales que acceden al recinto en los eventos de inundación han crecido en los últimos años, y hay filtraciones laterales a través de las paredes del recinto, no sólo del subsuelo. Así, se optó por hacer nuevas obras que han terminado recientemente: optimizar el sistema de drenaje mediante sondas proporcionales, variadores de frecuencia, automatizando el sistema e integrándolo en el sistema de control general del museo. «Sin lugar a dudas, las condiciones constructivas del recinto, el entorno urbano con edificios patrimoniales, el espacio angosto y el acceso complicado, así como un edificio en uso han condicionado negativamente la ejecución de las obras. Incidir en la complejidad del sistema a plantear que requiere una observación continua del sistema y auscultación del ninfeo, al tratarse de un yacimiento con alto valor patrimonial y un imponderable climático», dice el informe.

Las últimas obras han costado 36.300 euros y han finalizado estos días, pero antes se han instalado sensores de CSIC (47.795), se han hecho limpiezas y restauraciones y obras de bombeo y drenaje, lo que suma todo ello 483.339,60 euros.