Tras la aceptación de la RAE de incorporar al diccionario de la lengua española la palabra ‘arboricida’, inventada por el malagueño Antonio Canca Guerra para calificar a los maltratadores de árboles, y comprobar que todo el valioso archivo del que fuera rastreador de la historia y personajes de la vida malagueña fue depositado en su día en Tolox, me vinieron a la memoria otros archivos privados cuyos destinos desconozco.

De algunos tengo referencias de su conservación y la confianza de que están en buenas manos. Recuerdo los legados de Juan Temboury (en la Diputación Provincial), los documentos de Díaz de Escovar (en el Museo de Artes Populares), los de Rafael Pérez Estrada (en la fundación que lleva su nombre), el de Manolo Alcántara (otro tanto de lo mismo), el de Julián Sesmero (una fundación con su nombre en Alhaurín de la Torre), el de Pérez Triano (creo que en el mismo Puerto de Málaga donde fotografió cientos o miles de barcos contando sus orígenes, cambios de nombre y bandera), el fotográfico de Bienvenido-Arenas (Universidad)…

Entre los archivos más valiosos, que afortunadamente no se ha perdido, destaca el de Alfonso Canales, que acumuló y conservó con una delicadeza exquisita, libros muy valiosos. Estaba considerada su biblioteca como la mejor de Andalucía y entre las más importantes de España por el valor de muchos de sus libros. Canales, en vida, la donó o legó la Universidad malacitana.

De los que no sé nada, por ejemplo, están el de Manuel Blasco Alarcón, pintor y escritor que debió de dejar obras terminadas y otras a medio terminar porque como tantos otros artistas trabajaba al mismo tiempo en varios cuadros y posiblemente novelas porque llegó a publicar tres, aparte de unos lujosísimos álbumes con reproducción de sus obras y deliciosos comentarios de cada rincón de Málaga.

Pienso también en la biblioteca privada del farmacéutico Modesto Laza Palacios, con libros sobre la flora malacitana y los propios de su profesión.

Don Modesto era un gran conversador y de una vasta cultura. Charlar con él era una delicia. Por ejemplo, del Parque de Málaga lo sabía todo e incluso fue el primero que rotuló muchas de las especies exóticas que solo valoran expertos y que otorgan a nuestro parque el calificativo de Jardín Botánico. Creo recordar que el propio Modesto legó parte de su rica biblioteca a nuestra Universidad.

Rafael Gómez Marín

Desconozco el destino de una posible biblioteca del sacerdote malagueño Rafael Gómez Marín fallecido no hace mucho. Digo posible porque no estoy seguro de su existencia. Al ser sacerdote no sé ni de su existencia ni de su destino. Era un investigador nato y de sus trabajos sobre la historia de Málaga conservo un librito que publicó hace unos años en el que recogía las historias de las tabernas y tablaos flamencos que hubo en Málaga en siglos pasados. El librito en cuestión lleva por título ‘Corralones, Tabernas y Librerías Malagueñas a finales del siglo XVIII’. Curiosamente, la última vez que le vi fue entrando en la biblioteca del Museo de Artes Populares, lugar que frecuentaba en busca de documentos para sus libros o apuntes.

En algún lugar estarán esos trabajos creo que inéditos. Quizá lo conserve algún familiar

Julio Diamante

El que fuera durante muchos años director de la Semana de Cine de Autor de Benalmádena, Julio Diamante, fallecido no hace mucho, donó en vida toda su biblioteca cinematográfica a la Universidad de Málaga, que es riquísima porque dedicó su vida al cine. Solo el material de los años que dirigió la Semana de Benalmádena debe de ser único.

El autor de estas líneas hizo hace unos años – en 2017- una donación de libros y revistas cinematográficas a la biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga. El fondo bibliográfico consta de varios miles de revistas y creo recordar más de cuatrocientos libros.

Otros de interés

Hay otros archivos de menor rango y menos conocidos, pero que tienen valor y son dignos de conservar o rescatar. Por ejemplo, los de los hermanos Juan y Francisco Cortés Jaén (Juancor y Pacurrón para los amigos), el primero autor de numerosos trabajos periodísticos en la prensa local. La historia del Málaga CF y de sus antecesores Malacitano y C.D. Málaga la contó, pero seguramente dejó muchos trabajos inéditos; y lo mismo, pero referido al mundo de los toros, su hermano Pacurrón, que debió de dejar documentos e historias de los toreros, ganaderías, plazas de toros españolas y extranjeras… imprescindibles para los investigadores.

José Negrete, que tenía una librería en la calle Granada, fue un coleccionista de noticias de Málaga, y algunos periodistas (me lo contaron algunos colegas) acudían a él para recabar detalles de las historias de Málaga y sus personajes. Acumuló muchos papeles cuyo destino desconozco.

Otro personaje que compartía su trabajo como cuchillero en el Pasaje de Chinitas con su devoción a Málaga y los malagueños, Manuel Ocón –todos lo conocíamos por el Cuchillero- debió de dejar un buen número de libros sobre Málaga.

Casi a diario, antes de abrir su pequeño taller decorado con fotografías de malagueños vivos y muertos, iba a la Librería Ibérica para saber si se había publicado algún nuevo libro relacionado con Málaga. Los adquiría e imagino se los leería de un tirón. Su miopía no le impedía leer todo lo que se relacionaba con Málaga y los malagueños.

La noticia que tengo es que se perdió todo ese pequeño tesoro. Compañeros de la prensa acudían a él algunas veces para que les diera datos de algo relacionado con Málaga. Al mismo tiempo que amolaba en la afiladora tijeras, cuchillos, navajas y otros objetos cortantes, El Cuchillero respondía a las preguntas sobre Arturo Reyes, González Anaya, Martínez Virel o Emilio Lehmberg Ruiz.

El destino de las bibliotecas privadas no debe ser un contenedor azul, de esos que están diseminados por las calles de Málaga para ser reciclados; hay otros destinos, como bibliotecas públicas, colegios, residencias de mayores…