Con serio riesgo de enfadar a los expertos en heráldica, el firmante propone incorporar un nuevo lema a nuestro escudo, de tal forma que Málaga sea, a mucha honra, ‘La primera en el peligro de una demolición’.

La afirmación no pretende engrosar guión alguno de ‘El Club de la Comedia’ sino, con toda modestia, hacer reflexionar a nuestros cargos públicos acerca del raquítico catálogo de edificios protegidos del que disfrutamos en nuestro PGOU, de tal manera que uno no sabe si contempla la lista de Málaga o la de Biafra.

La situación ha llegado a tales extremos de delgadez que cuando un inmueble notable está falto de protección no es porque no haya hecho méritos arquitectónicos o históricos, sencillamente es porque el catálogo de edificios protegidos no da para más, aunque debiera.

De hecho, algunos expertos en Patrimonio calculan que sólo un dos por ciento de los edificios de nuestra ciudad cuenta con algún tipo de protección, lo que no significa que en todos los casos se salven de morder el polvo. Así que, ya me dirán dónde queda esa frase que se escucha de higos a brevas de que el exceso de protección patrimonial frena el desarrollo económico de Málaga (en efecto la frase queda, esta sí, para el Club de la Comedia).

Por eso, también tendría que mover a reflexión el que sea un grupo de vecinos sensibilizados con el Patrimonio de Málaga el que ahora reclame a la Delegación de Cultura de la Junta la protección de una villa más que notable construida hace un siglo en el Camino Nuevo, ‘sobre la que pende’ el cartel de una promoción inmobiliaria de imprecisas consecuencias.

Hablando en plata, estos vecinos no quieren que se repita otra demolición como la de Villa Maya, un suceso luctuoso fundamentado en un desconocimiento municipal pasmoso de la Historia de Málaga.

Urbanismo y el Colegio de Arquitectos deberían desbloquear la situación para sacar del ‘raquitismo’ nuestro catálogo de edificios protegidos. O eso o presumir de demoliciones borricas en nuestro escudo.

Eficacia municipal

Al César lo que es del César. El pasado martes esta sección informaba del inestable futuro de una artística farola que desde hace unos 60 años acompaña a la iglesia de San Lázaro, en La Victoria y que lucía el pie carcomido por los meados de los perros (en principio, perros).

Pues bien, el mismo martes el Ayuntamiento la estabilizó y adecentó. Felicidades por el arreglo y por la rapidez.