Si las estatuas hablaran, la de Salomón Ibn Gabirol, de cuyo nacimiento en Málaga conmemoramos los mil años, lanzaría el grito de Munch.

Este filósofo judío que escribía en árabe y que, como recuerda el profesor Andrés Martínez Lorca, junto a otros pensadores andalusíes forjó el primer Renacimiento en Europa, fue homenajeado por su ciudad natal a comienzos de los años 70 del siglo pasado, gracias a una impactante escultura del artista norteamericano Hamilton Reed Armstrong, que por entonces veraneaba en la Costa del Sol.

La estatua, que representa al filósofo y poeta en actitud de recogimiento, absorto en sus pensamientos, fue el elemento central de los jardines de Ben Gabirol de la calle Alcazabilla (por entonces estaba más de moda escribir Ben, en lugar de Ibn, aunque las dos formas son correctas).

La inauguración en 2003 del Museo Picasso Málaga y la remodelación del entorno desbancó al filósofo de su pedestal. La decisión técnica de plantarlo en el suelo fue un despropósito porque la escultura se ensució, recogió el polvo y el barro de las estaciones y como es natural, también los meados de los perros.

Desprovisto el monumento de pedestal y de ‘placa identificativa’, Salomón Ben o Ibn Gabirol era el soldado desconocido, un trato que provocó la indignación de Hamilton Reed Armstrong, quien en este mismo periódico reclamó la restitución del pedestal y de su nombre.

Costó lo suyo. Años de espera y deterioro. Sin aniversarios de por medio que lo sacaran del olvido fueron las asociaciones de vecinos de la Plaza de La Merced y de Ventaja Alta las que más reclamaron que el Ayuntamiento dignificara a un Ben Gabirol sumido en la ‘indigencia’.

El pedestal se restituyó pero coincidió en el tiempo con el boom crucerístico de Málaga, así que este neoplatónico que tanto admiró a Aristóteles se vio parapetado tras barriles de vino y macetones de flores, con lo que regresó al anonimato.

El pasado jueves, la concejala de Cultura, Noelia Losada, comunicaba en Twitter el propósito de cambiar de sitio la escultura, tras las muchas peticiones recibidas por parte de la comunidad judía y de otros ciudadanos.

Cuando a la escultura de Ibn Gabirol sólo le ha faltado que le lanzaran huevos, desde luego lo más inteligente es moverla de sitio. En 2013 el Ayuntamiento barajaba la plaza junto al actual centro de recepción de visitantes Ibn Gabirol, pegada a calle Granada. Allí irá un centro cultural sefardí. ¿Blanco y en botella? El firmante no ejerce de augur romano. Habrá que esperar.