Hace bastantes años –en la década de los años 60 del siglo pasado-, estando en la sede de Radio Nacional de España en la avenida Manuel Agustín Heredia, recibimos una llamada telefónica. La persona que la hacía no se identificó. Pero nos transmitió que a una vecina de un corralón de la Carrera de Capuchinos, no lejos de la calle Alta, se le había aparecido un extraterrestre, que la señora estaba aterrorizada y que un gran gentío se había acumulado en los alrededores del corralón.

Por aquellos años, España estaba inmersa en el fenómeno de los ovnis o platillos volantes. Con cierta frecuencia se publicaban en los periódicos noticias sobre avistamientos de naves extraterrestres, de supuestos encuentros con los visitantes, de abducciones, del aterrizaje de extrañas naves en lugares de América del Sur, de pilotos de líneas aéreas que habían observado extraños objetos volantes…

Estos fenómenos crearon movimientos contrapuestos: unos creían a pie juntillas lo que estaba sucediendo, otros sectores de personas más formadas desechaban toda creencia sobre el origen de los ufos, las librerías se llenaron de libros y revistas con relatos fantásticos de avistamientos, una editorial editó una colección de libros bajo el epígrafe ‘Otros Mundos’…

Pues bien, ante la llamada de un vecino del barrio de Capuchinos informando de la aparición de un extraterrestre, Antonio Carmona, que era locutor y jefe de programas de la emisora, José Márquez, técnico, y quien firma estas líneas nos trasladamos a la zona.

En aquellos años yo alternaba tres actividades dentro de RNE: informador, crítico de cine y autor del programa de humor Tobogán.

La testigo, y única persona que vio o creyó ver al extraño personaje que calificó de extraterrestre, cuando llegamos al corralón estaba todavía bajo los efectos del miedo que le causó el descubrimiento en un rincón del patio, en el que se encontraba tendiendo ropa recién lavada, de un «ser raro, de aspecto seco, mirada fija y que después del grito que pegué desapareció».

He entrecomillado la frase porque pese al tiempo transcurrido la recuerdo creo que con exactitud porque quedó grabada cuando Antonio Carmona le puso el micrófono al preguntarle sobre lo ocurrido.

Fueron pocas las palabras que Antonio Carmona pudo sacar de aquella mujer que temblaba por la visión de un extraño ser. Aunque había pasado una hora aproximadamente entre la aparición y la entrevista, el miedo le impidió ampliar y coordinar un diálogo.

En Radio Nacional emitimos la noticia que me tocó redactar, incluyendo las breves e inconexas declaraciones de la víctima de la todavía inexplicable aparición.

El vampiro de la calle Molinillo

Como he apuntado en líneas anteriores, cuando ocurrió lo que acabo de recordar, yo tenía un programa semanal de humor en Radio Nacional titulado Tobogán. Entre los guiones que escribí y se radiaron hubo algunas parodias de los seriales radiofónicos más populares de aquellos años, con ‘El gran amor de Johann Strauss’, ‘Porque has amado mucho’, ‘Ama Rosa’... Las versiones en clave de humor se presentaban con títulos inspirados en los originales, tales como ‘El gran amor de Juan Pérez’, ‘Porque has andado mucho’, ‘Anda Rosa’...

La historia del personaje que vio o creyó ver la señora del corralón de la Carrera de Capuchinos la titulé ‘El vampiro de la calle Molinillo’. Fueron varios capítulos de unos diez minutos de duración cada uno. El original del serial de marras, y con ello todos los originales de los 1.200 programas de Tobogán, los he conservado hasta el día que decidí el único destino posible: introducir en un contenedor azul las carpetas donde están por orden de radiación los programas emitidos para que el papel se recicle y se fabriquen otros papeles y se limite la tala de árboles para fabricar más papel.

Cuando ya tenía decidido llevar a cabo la idea de destruir los varios miles de folios (cada Tobogán tenía como mínimo diez folios) me tropecé en la Acera de la Marina con Antonio Guadamuro, un gran profesional de la radio, y curiosamente me preguntó qué había hecho con los originales de Tobogán, un programa que había seguido desde niño.

Mi respuesta fue que estaba decidido a destruirlos porque su conservación no merecía la pena. ¿Para qué? Se radiaron durante veinte años, fue uno de los programas más oídos en Málaga, que en la concesión del Premio Ondas se tuvo en cuenta el éxito del programa, que habían pasado no sé cuantos años desde que se emitió el último número y que la mayoría de aquel grupo de seguidores ni se acordaría de las horas que pasaron los jueves oyéndolo.

Ante la posibilidad de que mi idea de depositarlos en un contenedor azul para su reciclaje se hiciera realidad, me hizo prometer que antes de hacerlo se los regalara. Tras un amable y divertido diálogo quedamos en que la cesión se produciría cuando yo falleciera, y mi mujer se los haría llegar. Yo le recomendé a mi mujer que respetara el acuerdo.

Por desgracia, Antonio Guadamuro, un personaje inolvidable, falleció inesperadamente en 2018 y la promesa no la he podido cumplir.

Hace unos meses leí dos referencias a ‘El Vampiro de la calle Molinillo’; no sé si está en relación con lo que escribí en los años sesenta o a la existencia de otro personaje con el mismo atributo. Una alusión aparece en una novela de autor malagueño.

Otro interesado

Hace un par de años, Juan José Benítez, la primera autoridad española en la materia de los ovnis, ufos o platillos volantes, con libros y escritos donde ha recogido testimonios de apariciones y avistamientos de las misteriosas naves y sus tripulantes, tras la aparición en La Opinión de un trabajo mío titulado ‘Los extraterrestres estuvieron en Carratraca’, me visitó para que le contara todo lo que conociera del caso de las apariciones, historia que conté de primera mano porque me la narró Juan Morales, el protagonista, en la década de los 60 o 70.

En la larga charla que sostuvimos en el hotel Larios sobre el caso de Carratraca, surgió el de la Carrera de Capuchinos, del que no tenía conocimiento. Le interesó el caso, anotó lo del vampiro de la calle Molinillo… e ignoro si indagó en el asunto.

En la larga charla recordamos un encuentro que tuvimos hace muchos años, cuando era alcalde de Málaga Cayetano Utrera Ravassa. Cayetano Utrera, hablando de los platillos volantes, me reveló que una noche observó algo muy extraño en el cielo de Málaga. Benítez se interesó porque se había desplazado a Málaga para recopilar datos sobre el asunto que le apasionaba.

Me preguntó si conocía algún caso, y le apunté lo que me había contado el alcalde de Málaga, y por mi cuenta le advertí: si Cayetano Utrera da fe de que ha visto un ovni no se puede dudar porque es notario, y los notarios son los únicos que están autorizados para dar fe. Claro que el ex alcalde, aparte de notario, tenía gran sentido del humor.

Lo del vampiro me lo inventé…, pero, como en muchas películas, con una nota: Inspirada en hechos reales. Los originales de la serie deben estar en los miles de folios que prometí regalárselos a Antonio Guadamuro y que están en lista de espera para su destino: el contenedor azul más cercano a mi casa.